Es hora: te tengo que olvidar, y tengo que volver a empezar

Qué extraño pensar en ti a medianoche mientras tomo un shot de tequila preguntándome si alguna vez has pensado en mí, en si me has extrañado, en si al igual que yo, cuando sientes un mareo severo y ganas de vomitar verbalmente, has querido tenerme de frente para dejar escapar un “te quiero mucho”. Pero sucede que estoy en una sala rodeada de gente y tú nunca atraviesas la puerta, así que sigo con lo habitual: bailo, enloquezco, y antes de quedarme dormida recuerdo la primera noche que bailaste conmigo, cuando todavía te parecía divertida, interesante, y perfecta. Qué raro querer contarte tantas cosas y que ahora seas un completo extraño. No puedo seguir así.

Quien quiere estar, está. Qué realidad tan dura, se atora en mi garganta provocando un nudo, y sé que es momento de romper el nudo y dejar que duela, porque después de todo, quererte mucho no fue ningún error, fue un gusto. Si elegiste no estar e ir detrás de otras posibilidades, algún motivo debió existir, y creo que ahora lo sé: tú y yo fuimos una lección mutua de que no todo tiene que doler al punto de desgarrarnos el corazón, sino que tal vez solo tenemos que madurar con cada beso, cada abrazo, cada persona.

Quiero que seas feliz. No he conocido a otro que lo merezca como tú.

Los parámetros están establecidos, así que espero no aceptes menos; espero no vayas detrás de personas que no se encanten con tu magia a la primera. Espero decidas compartir tu vida con alguien que no te haga dudar ni sentirte inseguro, realmente espero que encuentres con quien reírte de las cosas más insignificantes y su compañía sea tan cálida como sentir el sol después de pasar días helados de invierno. Alguien con quien cantar en el camino hacia la Enramada. Alguien que entienda cuando te alejas, cuando te enfrías, cuando te cuestionas, cuando temes.

Quien quiera que esté contigo, es afortunada.

A mí ya me llegó la hora. Tengo que dejar de compararlos contigo, dejar de esperar que se sientan como tú, que huelan como tú, que hagan las mismas bromas que tú, porque ya está bien aprendido que ninguno va a ser como tú, pero en una de esas tal vez vuelvo a sonreír; tengo que apostarle a un nuevo comienzo y liberarme de un amor pasado que, aunque fue el que me hizo creer que el amor existe, tiene meses que no está.

Pero siempre tendremos la noche en la que con un abrazo juntaste todos los pedazos rotos que cargaba desde años pasados; aquella noche que desató la locura, la fiebre de poder descubrirnos después de tanto tiempo de habernos estado esperando. Siempre tendremos Mercado La Roma y los juegos mecánicos que te ponen a temblar con su altura. El concierto donde nos tomaron fotografías que jamás me enviaste y seguramente ya eliminaste.

Si de algo puedes estar seguro es que sí, alguien te quiso mucho, y ese alguien fui yo. No lo dudé, nunca me dejé llevar tan fácilmente y felizmente, hasta que te vi. Pero ahora viene el desenlace, el inesperado, el no tan anhelado momento de colocar punto final en donde siempre hubo un punto y coma con la esperanza de que te dieras cuenta de que yo estaba dispuesta a hacerlo funcionar. No más comas, no más pausas; más historias concretas, más puntos finales para poder escribir nuevas historias. Último post para ti.

Mi corazón y mi cerebro lo han deliberado por meses, por fin están de acuerdo: es momento de olvidarte.

Es momento de volver a empezar y de aceptar que tú no eres para mí, que tú ya has decidido compartir tu tiempo y tus secretos con alguien más y probablemente sea momento de darle la oportunidad al destino para poner en mi camino a alguien nuevo, alguien que me recuerde como se siente querer y aventurarme a volver a experimentar la adrenalina de una primera cita, un primer beso, un roce de manos. Te dejo ir, mis brazos te sueltan, mi corazón se despide. Esto es todo.

Que seas feliz es mi deseo más grande mientras te recuerdo por última vez. Por esos momentos en los que tu sonrisa me hipnotizó y tu compañía me hizo sentir que había ganado la lotería. Por cada vez que me hiciste reír y sentirme aceptada. Por cada vez que me viste como si yo fuera un deseo hecho realidad. Por cada vez que hablaste de mí como si yo mereciera cada pequeño rincón de tu corazón. Por cada vez que despertamos juntos sin saber que habría una última vez. Por cada instante de inmensa felicidad que me regalaste, yo deseo que tú te encuentres bien.

Adiós, persona favorita.

Que tu estés bien, tu corazón también, y que tu camino esté lleno de eventos inesperados de gran trascendencia que te lleven a ser mejor ser humano de lo que ya eres.

Texto por Arte Jiménez

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

4 thoughts

  1. Muy buen post, me identifique totalmente ya que, hace más de un año tuve una bonita y única relación con un joven menor que yo; cuando lo conocí realmente no podía imaginar que marcaría mi vida para siempre, aunque que sé que él es el amor de mi vida, él eligió por mí dejando atrás tan linda e intensa relación. Hoy en su cama duerme otra persona y tristemente yo aún recojo los pedazos de mi corazón, una herida que parece que nunca sanara me recuerda que aunque yo lo ame ya él no está para mí.
    No hubo un adiós, no hubo despedida ya que, siempre guarde una esperanza de que él despertaria y se daría cuenta que lo nuestro es una amor para la historia.
    Pero no es justo que yo siga atada a un sentimiento y para él ya ni siquiera existo.
    Buenas tardes.

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