Cuando esté vieja y, esté apunto de morir

La vida es un regalo sorpresa, la vivimos todos los días y, aún así nunca sabemos lo que nos aguarda a la vuelta de la esquina. De pronto todo el mundo va tan deprisa que, nos olvidamos del magnífico cielo nocturno estrellado, de los amaneceres dorados, del canto de los pájaros, de las pequeñas conversaciones que se acumulan en un café, del sabor de la comida, la vista de la gran Ciudad desde la ventana; nos olvidamos de las pequeñas cosas que hacen de la vida, la más grande aventura.

Sin más, he decidido que, aunque no esté en mi punto más estable voy a disfrutar, incluso de la gran confusión e incertidumbre que siento al no saber hacia donde voy concretamente; quiero vivir, pero no solo hacerlo porque mi cuerpo me demanda levantarme de la cama, sino, hacerlo porque estoy enamorada de mi vida; enamorada de los sitios que han visto mis ojos, de las personas que he amado, de los obstáculos que he superado y, de todo el porvenir.
Cuando sea vieja y, esté por morir, quiero ser recordada como una mujer que sonrío a la vida mientras me quería ver llorar, y que cuando llegué a llorar, fue para regar las semillas que había sembrado; quiero ser un recuerdo de optimismo para algunos, de amor para otros, de alegría, y de amistad también.

No importa lo que suceda, cuando esté vieja quiero cerrar mis ojos y, recordar estos momentos como fuego en mi corazón: el primer beso, el primer amor, la primera caída, el primer error, el primer premio, las noches con amigos entre botellas de vino, los días de lucha interna, las noches de baile, risas, encuentros con extraños y, sentir mi resplandeciente sonrisa dibujarse sobre mi rostro.

No quiero que el miedo viva al pie de mi cama, quiero todo lo contrario, quiero saber que, aunque cometí errores, pude marcar la vida de la gente que me rodeó, que lo hice por amarlos, por cuidarlos, por equivocarme, pero también por saber pedir perdón. Quiero haber probado todo lo que me da miedo, curiosidad, lo que me intriga, lo que alimenta mi alma, todo aquello que se convierte en combustible. No quiero dar por sentado nada, quiero apreciar cada cosa, a cada persona, cada mañana, cada tarde, cada noche de escritura; gozar de los libros, de la buena compañía en un bar, de las coincidencias que me llevan a caminos inesperados.
Cuando esté vieja y, escuché toda mi música quiero cerrar los ojos y sentirme de vuelta en aquella noche en la que descubrí que los mejores pasos de baile son aquellos que inventas después de beber gin, recordar los desayunos en casa con mis padres, sentir como se me eriza la piel al recordar cuando él me tocó y, yo le sugerí poner música de fondo. O cuando vuelva a probar aquel platillo que comía en la cafetería de la universidad, cuando la vida parecía ser un túnel sin salida. Quiero mirar hacia atrás, no para llorar y que la nostalgia se adueñe de mi vida, sino para sonreír y, saber que hice lo mejor que pude, que amé y fui amada.

No quiero llenarme de arrugas sin antes haberme llenado de recuerdos grandiosos que enaltezcan la belleza de la vida. No quiero vivir amargada ni rencorosa, quiero ser una persona de perdón, de reconciliaciones y, de nuevos comienzos.

Cuando mire las fotos viejas quiero llenarme de vida de nuevo, inyectarme una dosis de juventud para recordar lo mucho que amo ver los atardeceres y, que mis citas favoritas son aquellas en las que solía hablar de mil cosas.

Cuando sea vieja y, esté apunto de morir, voy a preferir reírme de mí misma, que arrepentirme por las cosas que nunca dije como un simple: “Te quiero”; por no dar un abrazo cuando debí hacerlo, o por no tomar una oportunidad que me aterraba. Quiero sentir todo, menos un gran arrepentimiento.

Quiero terminar en un lugar en donde pueda sentir la paz de haberlo dado todo, porque al final, se trata de lo que damos, de la felicidad que sentimos al saber que podemos hacer felices a quienes nos rodean: familia, amigos, amantes, compañeros de trabajo, cualquiera que se encuentre en el camino. Quiero sonreírle al lunes, sentirme plena los domingos, para que cuando la hora me llegue, yo lo sepa: no pude haber vivido mejor vida y todo lo que yo hago es de suma importancia, porque nadie más vive mi vida y, yo no voy a volver a vivir esta misma vida. Más vale hacerlo lo mejor que pueda.

Texto y fotografía por Arte Jiménez

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

12 thoughts

  1. Me encantan todas y cada una de las ideas que se exponen…

    Y la idea es vivir, vivir al máximo, vivir cada día como si fuera el ultimo y no desaprovechar cada una de las oportunidades que se presenten.

    El día de mañana cuando sea vieja cada una de las arrugas de mi rostro habrán sido de todas las carcajadas que he tenido así como cada lagrima que he derramado.

    Abrazos.

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  2. La vida tiene sentido cuando encontamos su propósito, un propósito que define nuestra eternidad. Tenemos que encontrar un balance en las personas que nos hacen sacar la mejor versión de nosotros mismos, sin olvidarnos de nuestro propósito eterno. Cuando sea vieja quiero cerrar mis ojos y recordar todas las cosas que hice, las buenas, no tan buenas, mis errores… quiero sonreír al recordar que jamás renuncié a mi libertad de equivocarme. Ser feliz porque encontré a mi compañero de vida correcto, sonreír porque Dios me dio en vida un compañero que me ama, consciente y me cuida con todas sus fuerzas. Cuando sea vieja quiero contar a mis nietos que se puede vivir una vida tan divertida sin necesidad de destruir mi buena eternidad.

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