Que exista todo tipo de carencia, menos la de amor

Ésta no es otra historia de amor, es tal vez la razón por la cual creo ciegamente en la existencia de almas gemelas, de historias escritas en las constelaciones, de las pequeñas decisiones que nos orillan a encontrarnos con nuestro parteaguas, quien revoluciona nuestro mundo y, en poco tiempo se convierten en todo aquello que no logramos encontrar en años…

Él era pobre, tenía un solo par de zapatos, que estaban agujerados, por cierto. Ella era hija de un militar y había perdido a su madre cuando era niña. Él vivía en una habitación con toda su familia y, había una sola cama. Ella tenía hermanas con las cuales compartir una vida confusa, a su corta edad tuvo que madurar, renunciar a su niñez porque su madre no estuvo para decirle qué hacer. Él era alegre, le gustaba bailar, conocer gente y, aunque nació en un barrio popular de la gran ciudad, siempre sintió que su sitio era fuera de esas paredes llenas de mediocridad. Ella, quien vivió una parte de su vida con un vacío, pasaba gran parte de su tiempo cuestionándose el porvenir, porque todo siempre le pareció demasiado frágil.

Dos vidas opuestas totalmente; cualquiera hubiera podido apostar a que esos caminos jamás se cruzarían, pero el planeta Tierra es redondo, tenía que existir un punto de encuentro. Así que alguien tiró los dados sobre el tablero, alguien juntó los caminos y, en vez de hacerlos paralelos, viviendo bajo el mismo cielo sin encontrarse, decidió hacerlos perpendiculares, para que así se encontraran aquel día…

Fue algo así como familiaridad, como decir: “Ah, eres tú a quien había estado esperando”. Ella tropezó, se lastimó el tobillo y, un hombre joven se acercó a ayudarle: era él. Ahí se encontraron.

Cuando se trata de amor solemos exigir, pero pocas veces estamos dispuestos a dar o, cambiar; el amor no es fácil, de hecho, considero que es para valientes… Dejar que alguien se clave en lo más sensible de tu corazón, que conozca tus transparencias y, tus partes ocultas no es sencillo, toma tiempo, toma paciencia. Aún así tomaron el riesgo, porque pocas veces uno se encuentra con esa clase de persona que no importa como seas, está dispuesto a escucharte y, a caminar contigo de la mano.
Él temía no poder darle lo mejor, no ser suficiente, que su pobreza le impidiera estar con ella; lo que él no sabía es que cuando todo sentimiento es verdadero no existen excusas o, contextos demasiado complicados, existen las ganas de mejorar, juntos. Así que la llevo a cenar a su casa, aquella habitación, en donde comieron en una mesa pequeña:
– Esto es lo único que tengo para ofrecerte, ¿Quieres seguir conmigo? – le preguntó él nervioso.
– Sí, quiero estar contigo – respondió ella de inmediato, sin titubear.
Y así comenzó, una vida llena de grandes heridas que solo el tiempo supo curar; los grandes retos que tuvieron enfrentar pudo haberlos alejado…. Él tenía que trabajar y, estudiar al mismo tiempo, a veces el dinero no alcanzaba para la renta, por lo que tenía que ir a apostar dinero para pagar las deudas. Ella se embarazó, él enfermo, permaneció encerrado en el hospital sin poderla ver. Ella difícilmente dormía, él la extrañaba.

Aquí es donde lo sabemos: el amor es una especie de columna que, si está bien cimentada, no importan los ciclones ni los huracanes, no se rompe, no se quiebra. Todos pensarían que terminarían mal, en ruinas, pero no…

Él decidió que ningún esfuerzo había sido en vano, que su familia lo era todo y, que el amor de su vida al haberlo elegido entre montones y montones de hombres, era afortunado, demasiado. Se tituló a los 40 años y, consiguió un empleo importante,  sus hijas crecieron sin tener que andar por las calles trabajando, crecieron seguras, con el amor de una mamá incondicional. No cesaron. ¿Creen que fue fácil? Por supuesto que no.

Ella murió de cáncer, él no deja de hablar de ella 21 años después de su partida; ella no está, pero él habla de ella con tal magia que pareciera que en cualquier instante va a volver a aparecer al pie de la puerta. Ella lo amó a pesar de los días malos, él se mantuvo a su lado incluso cuando parecía que nada tenía sentido: en esas noches en las que ni ella ni él podían dormir; hubo peleas, hubo tropiezos, existieron errores, pero eso es el amor verdadero… Permanecer, no desechar.

Se trata de tener un mejor amigo en quien confiar tus problemas cuando tu jefe sea altanero o, tener un apoyo que aplauda las pequeñas cosas que logras a lo largo de los años; el amor es tener espacios, tener tiempos y, lo cierto es que no todos pueden, no todos firman un papel por temor al compromiso lo cual es absurdo, cuando el amor se trata de enfrentar la vida y, que por primera vez alguien se quede.

Ésta no es otra historia de amor, es tal vez la razón por la cual crecí sabiendo el significado del amor, porque el amor no son rosas, música romántica o, cenas lujosas; el amor es tenderle la mano a alguien cuando cae, ser compañía en la oscuridad, ser medicina en el dolor, ser sacrificio en tiempos difíciles, ser lo suficientemente inteligente como para valorar sin tener que perder nada.

Él es mi abuelo, ella es mi “abe”. Ellos dos se amaron. Y después de todo, ¿Quién es el mundo para decirme que el amor no existe? Que alguien me explique la luz que iluminan los ojos de mi abuelo cada vez que habla de ella, que alguien me explique cómo fue que hace décadas existían cientos de razones para deshacer lo suyo, pero siempre existía una razón para quedarse.

Así que, puede existir todo tipo de carencia menos la de amor: solo el amor hace que un niño de la calle se transforme en lo que siempre quiso. Porque a él le parecía que Paris era imposible, pero ahora es su destino favorito en verano. Porque sin quien reír y quien llorar, el camino no llama tanto la atención. Que falte dinero, que falten riquezas materiales, pero que no nos falte amor, porque el amor es una poción, la única existente, que nos transforma en maravilla.

Texto por Arte Jiménez

Fotografía de archivo.

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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