Te voy a confesar una cosa.

Probablemente no estés pensando en mí, tal vez ya arrumbaste mi nombre en el cajón de tu buró y esperes la ocasión para mencionarme en alguna conversación incómoda cuando te pregunten quién fue la última persona que quisiste lo suficiente como para mostrar tus fotos viejas y dormirte hasta las 4 de la mañana hablando sobre la gran enredadera que resulta ser la vida. Tal vez estés sentado en el sillón enfrente de la televisión navegando por mundos inexistentes, y muy probablemente tu colección de Pearl Jam siga en el mismo sitio; pareciera que nada cambió, pero al recordar marzo me doy cuenta lo mucho que todo cambió; tal vez la vida siguió su camino, tal vez los dos decidimos tomar uno distinto, tal vez lo que te quise dio lo mismo, o tal vez no, tal vez de repente cuando el silencio sucumbe la noche, quizá en ese breve instante yo aparezca entre tus pensamientos, y si tengo suerte, me recuerdes sin remordimiento.

Aquí estoy yo dialogando con la realidad, mi corazón y la razón están presentes y debaten tu existencia en mi universo; la razón alega que somos distintos, el corazón señala que el amor todo lo puede, que querer a alguien es tener paciencia, y yo… Yo solo sé que desde que te conocí no pude mirar hacia otro lado. En una mano tengo el libro que me diste aquella vez como símbolo de mi incapacidad de soltarte, y en la otra mano tengo el corazón quejándose: “maldita sea, no puede ser”. Trato de discernir los puntos de flexión en los que nuestra historia evolucionó y en el que de pronto se desvaneció, y es que, no se desvaneció por falta de amor, creo que, pasó lo contrario: ¿Qué se hace con esta clase de amor del que no escapas ni cerrando los ojos? Bien, trato de tomar aire y pensar en el porvenir, en lo mucho que me queda por vivir, pero espera, yo te lo dije una vez…

Uno conoce a todo tipo de personas, pero nunca se conoce a la misma persona dos veces, y ninguna historia va a ser como la nuestra.

Recuerdo la primera vez que estuve a solas contigo, sonaba una de tus tantas playlists, compartimos audífonos y desde ahí yo ya compartía gran parte de mi vida sin saberlo: “Me gusta tu playlist”, te dije, “A mí me gustas tú”, respondiste de inmediato. Mientras recuerdo eso dejo sonar a Fleetwood Mac, y me viene otro recuerdo: tu mano sosteniendo la mía mientras conducías y recuerdo muy bien voltear a verte y pensar: “¿Cómo es que tuve tanta suerte?”. Y aquí, sin excepción, voy a ser exclusivamente emocional, porque nunca lo he sido, pero esto más que ser una carta, parece una catarsis, así que…

Te voy a confesar una cosa…

Yo no te quise como sucede en las películas, te quise con la realidad.

La anatomía de tu alma es tal vez, una de las cosas que jamás podré comprender, y seguramente por lo mismo me fascina. Sé que amas las historias de suspenso, y resulta irónico, porque resultaste ser un acertijo viviente que pocas personas logran descifrar; nunca fue mi intención descifrarte, y aunque lo hubiera querido resulta imposible. Debajo de esa fachada que cuenta chistes y se ríe de manera escandalosa existe un ser humano que pone la felicidad de los demás antes que la suya; que no lo parece, pero eres sensible, eres vulnerable, y aunque hayas dicho que eres tóxico, yo creo que no, yo creo que lo que necesitas es verte a través de mis ojos, tal vez así entenderías que tu destino no es y no debería ser creer que no tienes nada que ofrecer.

Yo no sabía querer, yo solo sabía querer tener. No había entendido que querer a alguien es la libertad de elegir ser lo que quieras y que alguien te presuma orgulloso, aunque escribas poemas que parecen canciones de Taylor Swift; alguien que te dé un beso en la mejilla cuando te quedas dormida, (sí, lo sentí esa noche); alguien que despierte a tu lado y no quiera irse a otro lado; alguien que revolucione tus esquemas y te haga sentir protegida entre la multitud.

Tienes que entender que yo nunca había sido querida así, siempre fui un relleno para vacíos emocionales y el alimento para el ego de otros; me acostumbré a lo convencional, a lo rutinario, a ir y venir, a subir y bajar, a llegar e irme, a superar en días lo que había tenido con ellos en meses. Más que amor eran caprichos. Acostumbrada a lo fugaz y a lo hiriente yo decidí que solo había espacio para mí en mi itinerario, y entonces llegaste tú…

Llegaste y aunque no estés, te quedaste clavado en un sitio reservado para ti en mi corazón.

Llegaste con tus videojuegos, tus correcciones a mi vocabulario, tu mirada color marrón que con la luz del sol se ve de color miel; llegaste con la textura de tu piel que las yemas de mis manos recuerdan bien, y los incontables lunares en tus brazos; llegaste con tu -pelo- rizado que me encantaba tocar; llegaste con tu olor, tu sonrisa, y la mujer que yo era antes desapareció.

Tú me enseñaste que la intimidad no es tocarse la piel, sino el corazón.

Que querer a alguien a veces es soltarse porque el amor no es suficiente sentirlo, que a veces el tiempo marca las reglas y uno no tiene opción más que ceder ante las circunstancias. Aquí estoy, escribiéndote, aunque probablemente no me leas, recordándote, aunque probablemente tú no lo hagas, pero así es el amor, ¿cierto? A veces rosa y a veces injusto. Sin esfuerzo realizo mi ejercicio de memoria, hoy por ejemplo, te recordé cuando vi que en la tienda cerca de mi casa venden las gomitas ácidas que te encantan; también recordé lo mucho que disfrutas las comidas con tus amigos; en la noche escuché aquella canción que nos gustaba aunque lo nuestro nunca fue el reggaetón, y me divertí al recordar aquél día que fuimos a un concierto y todos se divertían con botellas de alcohol en la mano, pero nosotros solo teníamos que tomarnos de la mano para embriagarnos de la felicidad por habernos encontrado en aquél sitio, aquél día, en el momento justo para coincidir.

Así que espero que mis ex amores me perdonen por considerarte a ti como el primero. Porque en cuestiones del corazón no se trata del orden de aparición, sino del nivel de trascendencia…

Que no recuerdo los nombres ni los rostros, no por ignorancia, sino que las cicatrices desaparecieron y a ese remedio que desapareció los fantasmas de mi pasado le llamo por tu nombre; que donde yo solo veía paredes interiores grises llegaste a pintarlas de colores; que a veces el amor no es fácil, de hecho, resulta ser una montaña rusa con paisajes claroscuros, y aunque sé cuánto le temes a las alturas, ahí estuviste. Apostamos a lo desconocido porque a veces es mejor vivir con las lecciones que nos deja lo vivido, a vivir con las dudas que siembra el miedo de no habernos arriesgado.

Una vez más me siento a pensarte, pero esta vez prometo soltar ese libro que me diste, prometo soltarte a ti, prometo soltar lo que no fue; esta vez prometo que es la última ocasión que mis labios pronuncian tu nombre como si fuera hechizo, es la última vez que dejo correr tu recuerdo provocando en mí la misma magia con la que te mire a los ojos aquella noche debajo del cielo estrellado. Esta es mi despedida, es mi carta de renuncia a este amor que conservé por ti durante este tiempo con la esperanza de ser todo aquello que habías anhelado sin resultado alguno. Te dedico estas líneas del mismo modo en que al principio te dediqué desvelos y sonrisas, del mismo modo en que te dediqué tiempo porque nunca nadie me pareció lo suficientemente bueno como para llegar a la conclusión de que tal vez, solo tal vez, tenga potencial para ser algo más que una simple mujer en un simple bar.

Gracias por ver a través de mí, gracias por dejarme ver a través de ti. Te llevaste un gran pedazo de mí, y yo encontré un pedazo de mí en ti, acá lo tengo. Gracias por hacerme infinitamente feliz en los momentos finitos que tuvimos, de noche y de día, entre la multitud, entre tus amigos, entre tus brazos, entre quedarnos y decidir irnos, entre el principio y el final, entre la primera mirada y el último abrazo, entre el primer “hola” y un “nos estamos hablando”, entre dormir juntos y tomar caminos separados en direcciones opuestas, entre quererte y ahora, aquí, en este momento en el que te dejo libre de mí.

Eso sí, ni un montón de días de ausencia podrían impedirme decirte que te quiero, porque sin importar que no estemos juntos, yo lo hago, y siempre te querré ver feliz.

Así que ve, vive tu vida, haz las cosas que siempre quisiste, y quien sea que termine contigo va a ganarse una vida llena de alegría. No tengo duda.

Por último, me alegra saber que, en un mundo saturado de gente que además está repartida por cinco continentes diferentes, en donde las posibilidades de encontrarme con alguien como tú parecían pocas, Dios, el universo, o el destino, tuvieron piedad, y me alegra haber coincidido contigo; una breve coincidencia que se volverá infinita cuando me pregunten en quien estaba pensando mientras escribía esto…Tú, tú, tú.

Me despido pues ya son las tres de la mañana y probablemente no estés pensando en mí, tal vez ya arrumbaste mi nombre en el cajón de tu buró y esperes la ocasión para mencionarme en alguna conversación incómoda cuando te pregunten quién fue la última persona que quisiste lo suficiente como para mostrar tus fotos viejas y dormirte hasta las 4 de la mañana hablando sobre la gran enredadera que resulta ser la vida…

Texto de: Arte Jiménez

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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