Consultorio del amor: Lo que nadie te dice sobre durar más de un año con tu pareja.

Cuando iba en la preparatoria solía decir que yo era esa figura; la «forever alone»; la solterona, la que iba a un bar y terminaba cuidando las bolsas de sus amigas porque ellas estaban ligando; que sería la tía millonaria que le llevaría regalos a sus sobrinas o sobrinos, y anda siempre con una agenda apretadísima. Lo cierto es que, hoy en día estoy en una relación de 2 años con 1 mes (casi), no soy millonaria, aún no soy tía, y la agenda la tengo apretadísima principalmente porque suelo dejar todo al último. La vida es increíble, quita, pero da; no soy millonaria en la cuenta bancaria, pero sí en el amor. Vaya giro.

De las tantas cosas que me hubiera gustado saber, lo que te diré son solo algunas de ellas; quiero ser realista y cruda contigo porque siento que eso nos hace falta. Crecimos con idealizaciones sobre el amor, sobre cómo tenemos que ser dentro de una relación, de las cosas que se dicen o se hacen, ¿lo cierto? A veces puede ser una patada en la cabeza, porque la vida real no se puede comparar, en absoluto, a esas películas que vemos basadas en los libros de Nicolas Sparks, tenemos que basarnos en situaciones incómodas como cuando surgen peleas familiares, las pláticas sobre sexo, y la inevitable confrontación a que tal vez, no siempre seamos del agrado de la familia de nuestra pareja por mucho esfuerzo que pongamos.

Una de mis mejores amigas tuvo una relación de 3 años con un tipo que era demasiado apegado a su familia, no tenía criterio ni voz propia, lo que desencadenó que cuando su familia dijera cosas negativas sobre mi amiga, él solo lograra guardar silencio. Yo tenía claro que no quería una relación así, que siempre he querido a alguien que me dé mi lugar, y más cuando se lleva tanto tiempo, y de pronto surgen conversaciones que incluyen las palabras «boda», y la oración «hay que vivir juntos»; aunque también sé lo difícil que es deshacerse de creencias o pensamientos que nos han acompañado en nuestro crecimiento. Resulta más complicado de lo que parece.

  • Si te casas con alguien, te casas con su familia:

Esto yo lo escuché desde muy chica porque mi papá ya había tenido un matrimonio y un hijo antes de casarse con mi mamá. A mi mamá no le hacían mucha gracia ciertas actitudes de la familia de mi papá y su hijo (lo corroboro), era un hígado (si lees esto, lo siento, así eras). Ante la desesperación de mi mamá por la situación, mi abuela materna le respondió: «Es un compromiso que asumes, si te casas con él, te casas con su familia», hoy lo entiendo más que nunca.

Me llevo bien con la familia de mi pareja, no puedo hablar de que me hagan la vida de cuadritos, pero sí de esos momentos en los que me he sentido fuera de cuadro, porque pasa, y te pasarán. Esos momentos en donde se enciende una discusión, se dicen cosas que podrían ser dichas a puerta cerrada y en tono bajo, y tú solo permaneces ahí, sentada, como un lindo peluche. Por mucho que en mi casa nos enseñaron sobre la prudencia, es normal que en todas las familias surjan comentarios imprudentes o fuera de lugar, estoy segura que mi pareja se ha sentido así en más de una ocasión. ¿Eso? Algo que no había contemplado para nada cuando comencé la relación. No todo será miel sobre hojuelas con su familia, y ahora lo sé.

  • La fase «luna de miel» se pasa.

Mi ex es uno de mis amigos más cercanos, con él de repente tengo conversaciones en donde me ha dicho que yo quiero una relación en donde no haya complicaciones, puede que sí, porque realmente aprecio mi paz mental, pero también sé que cuando tienes una relación cedes tu tiempo y espacio a otra persona, y todo lo que ella conlleva. Una de las cosas que he tenido que asumir es que, por mucha pasión, amor, deseo, locura, «bésame debajo de la lluvia», que yo quiera, el amor y las relaciones evolucionan. Nada permanece igual.

Siento que yo y mi pareja aún estamos ahí, pero también porque hemos tenido conversaciones sobre el tema. Considero que para tener la edad que tenemos, hemos aprendido a dialogar sobre nuestras problemas o diferencias, ha sido un camino largo, pero que hemos conquistado poco a poco. Eso, por una parte es un gran, gran alivio. Sin embargo, mantener el equilibrio entre lograr cosas en pareja y, mantener la chispa encendida, es un tema del diario. La fase de luna de miel es cuando ves todo bien, cuando dices «quiero despertar a tu lado todos los días», cuando existe esta burbuja que los mantiene viéndose mutuamente, y no hacia el futuro. Qué importante romper con eso desde el principio.

¿Puedes sentir amor con locura hacia alguien al mismo tiempo que no idealizas la relación? Complicado, pero posible. En mi caso, tuve que romper con esas idealizaciones por circunstancias de la vida; tuve que aceptar que ninguna persona está realmente hecha a mi medida, que siempre habrá un pero, que yo no soy perfecta, y no tengo porque fingirlo. Desde el principio hay que amar con la realidad, no con expectativas.

  • Las expectativas matan el amor.

Hablando de amar con la realidad, hay algo que siempre digo y es que dos personas que se juntan, seguramente no van a hablar el mismo lenguaje del amor. Lo que es romántico para una, puede ser ridículo para la otra persona, o viceversa. Muchas veces me han escrito contándome sus problemas amorosos, y tienen un común denominador: Existen muchas expectativas detrás. Esperamos que nuestra pareja lea nuestros pensamientos, que actúe como lo haríamos nosotras, que haga lo que haríamos, pero no siempre será así.

Al conjugarse dos mundos, se conjugan cosas como las costumbres, hábitos, tradiciones, que pueden ir de acuerdo o no a lo que nosotros acostumbramos o con lo que nos enseñaron que era correcto, es aquí en donde nos corresponde llegar a un punto medio, ¿cómo? Hablando (de manera asertiva, por supuesto). No podemos esperar que la otra persona sea un reflejo idéntico de quienes somos, aunque indirectamente estamos eligiendo el amor que creemos merecer, las personas no nacieron para llenar nuestras expectativas.

Hay algunas que son innegociables, como el respeto, la empatía, la honestidad. Hay otras que pueden tratarse de cuestiones personales, como por ejemplo, los famosos regalos. Yo nunca he sido de dar regalos, ni de hacer cosas espectaculares, tal vez sea porque antes de esta relación no tuve el tiempo suficiente con alguien para explorar esa posibilidad. No sé en donde ni cómo se estableció que dar regalos es equivalente al amor que podemos sentir hacia una persona, o que es LA manera de demostrar nuestro afecto; no voy a decir que no disfruto cuando mi pareja me da un libro nuevo, o unos chocolates, porque lo hago, a lo que yo voy es que para mí, demostrar amor viene de otra forma, como cuando escribo un poema. Lo que sé es que el amor es algo que se demuestra más allá de regalos, es algo que se demuestra en los peores días, cuando estás pasando un mal momento, cuando enfrentas el duelo; el apoyo, acompañamiento, o cariño son, para mí, la parte más importante del lenguaje del amor.

  • Ninguna persona volverá a gustarle a tu pareja.

Uuuuh, esto puede sonar polémico, pero te explico… Algo que es simplemente irreal, es que tú y tu pareja no vuelvan a sentir atracción por otras personas. Yo sé, la verdad duele, sobre todo cuando tenemos series como Bridgerton que existe una persona que hace que no vuelvas a mirar hacia otra dirección. De algo estoy segura, y es que cuanta más comunicación, honestidad, y límites claros hayan, mejor.

El amor y la atracción son dos cosas enteramente diferentes, no se pueden equiparar. En el amor se busca construcción, crecimiento, expansión, explorar, y la atracción es solo eso, creer que alguien tiene algo que te llama la atención, puede ser físicamente o por su personalidad, pero dentro de tu rango, existe la ligera posibilidad de decir «Caray, me pongo nerviosa», ¿eso significa algo? No. En una ocasión mi pareja me acompañó a un evento, y quien nos recibió era una mujer realmente guapa (se vale reconocerlo), no solo porque tuviera una cara que llama la atención, sino porque su personalidad era agradable, cálida, y noté que a mi pareja le surgieron los nervios, cuando íbamos en el automóvil le pregunté: «¿Se te hizo guapa o, por qué te pusiste nervioso?», a lo que él me respondió: «Sí, se me hizo muy guapa, y linda», si esto yo lo hubiera escuchado hace 6 años probablemente me hubiera dado un paro, pero en mi interior surgió el pensamiento de que, probablemente si yo me topara con Justin Hartley de frente, o algún hombre de mi agrado, sería igual.

¿Esto perjudica la relación? No, en absoluto. De hecho, a mi modo de ver las cosas, es una forma de rectificar la confianza que tenemos entre parejas. Mucha gente me ha preguntado si eso no afecta de alguna forma mi autoestima, la respuesta es que no realmente, ¿y por qué? Porque para llegar a este punto y a esta relación tuve que aprender a estar conmigo, a amarme, a respetarme, antes que cualquier otra persona, es por ello que amo mi relación, pero también sé de que está hecho y sobre que cimientos está construida, tengo seguridad en quien soy; llegar a este punto fue sumamente difícil, y mentiría si a veces no me echo viajes mentales pensando en que tal vez alguien guapísima puede llegar a la vida de mi novio, pero, eso sería algo que sé que él me contaría.

  • ¿El dinero compra la felicidad? No, pero sí una casa.

Hace poco mi novio y yo fuimos a ver casas (nada más por curiosidad, no se me sorprendan), queríamos medir precios de provincia en provincia; esto trajo como consecuencia una conversación sobre el dinero, porque pues, sí, estar en pareja y más cuando tienen deseos de construir una vida, se vuelve un tema. Sinceramente me hubiera gustado haber creado un fondo muchísimo antes, no para mi boda, sino para la vida precaria de freelancer, y que por consecuente, una boda fuera la última de mis preocupaciones.

¿Cómo vamos a manejar el dinero? Qué tema, ¿no? Justo cuando pensaste que no podía ser más complicado, aparece de por medio. Una buena administración, aunque no lo pienses, es también importante; olvida el tema de los regalos, cuando quieres vivir con alguien en la casa de tus sueños el trabajo tiene que ser duro, arduo, constante, y además, saber cómo distribuir el dinero entre gastos esenciales, salidas, lujos o antojos. Además de ser super claros de cómo lo harán; mi mamá siempre ha llevado la administración de los bienes, es buena en eso, recuerdo muchas veces desde chica verla con sus libretas contables, y también de su explicación sobre destape de pozos, para tapar pozos y así sucesivamente. Es decir, ¿cómo se harán cargo?

Si tú y tu pareja aun no piensan en esto, salta este punto. Pero tómalo en cuenta para cuando planees estar con alguien.

El punto de todo esto es que, a lo largo de las relaciones surgen cambios, en este momento no eres quien eras hace un año, y eso se replica en tu pareja; habrá cambios que tal vez no sepas enfrentar de primera instancia o que te resulte complicado; puede ser que su vida sexual deje de ser taaaan activa, que la comunicación se apague, que tengan diferencias por sus hábitos; el punto de todo esto es comunicar, estar conscientes de que todo mundo tenemos antecedentes y que no siempre va a ser cómodo tener que lidiar con los retos que traen los años en pareja.

Hazte las siguientes preguntas:

  • ¿Qué clase de relación te gustaría?
  • ¿Crees estar deseando la idea del amor, o de una persona real?
  • ¿Qué tan bien estás contigo?
  • ¿Estás lista/o para dar lo que demandas?
  • ¿Estás dispuesta/o a ceder espacios, y tiempos que son, por ahora, solo tuyos?

Responderlas tal vez te dé más seguridad sobre lo que realmente estás deseando y algo muy distinto: Lo que necesitas. No te desesperes si aun no llega, créeme que hoy más que nunca entiendo porque yo nunca tuve nada serio con otra persona, y la razón era que yo no estaba lista para nada, y en ese momento no lo sabía. Si ya estás en una relación, seguramente me entendiste en algunos puntos, o quizá te vino a la mente algún recuerdo como ese en donde tu pareja deja la ropa tirada por toda la habitación y tú te traumas.

Estar en una relación es como estar viendo una película por primera vez… Tienes una idea de lo que es, pero jamás sabes los giros que vaya a tener. Conclusión: Rompe con toda idea de lo que puede ser o no amor, y acepta la única verdad: El amor no es una novela romántica, es duro.

Texto de Arte Jiménez

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