Las mujeres se masturban, los hombres lloran, y nada es lo que parece

Bendito el momento en que romper con tabúes y roles de género entró en la agenda de la sociedad.

Era de noche, eran las 11 p.m aproximadamente, y yo me había quedado dormida con el televisor encendido. Lo último que mis ojos habían visto, había sido la película del Titanic, pero al abrir mis ojos parecía tratarse de una escena no incluida en la cinta, un detrás de cámaras, o más bien, una escena detrás de las puertas de aquella carroza en donde los dos jóvenes amantes se besan apasionadamente.

Recuerdo haber abierto los ojos como platos, y es que, el ver dos cuerpos completamente desnudos, fusionándose, era algo que no me habían ilustrado para nada en la primaria. El canal era “Golden”, lo recuerdo bien, y yo tenía unos 12 años tal vez. Después de esa noche me cuestione muchísimas cosas, cosas tan sencillas como qué era realmente lo que tenía entre mis piernas y cómo funcionaba.

El libro de Ciencias Naturales de la Secretaría de Educación de México no es tan bueno como la Enciclopedia humana de Larousse, así que la tomé de la pila de libros que mi mamá tenía. Comencé a leer cosas que parecían realmente reveladoras, cuando tenía dicho libro entre mis manos me sentía como si poseyera un secreto de Estado; algo tan obvio y a la vez tan peligroso en una sociedad conservadora.

Palabras como “clítoris” causaron un gran impacto en mí. Mi propio cuerpo resultó ser mi más grande hallazgo. ¿Qué pasaba si ponía mis manos por aquí o por allá? ¿Cómo me gustaba que me tocaran? ¿Por qué en la escena erótica de Golden la mujer gritaba? Y así comenzó todo realmente; una niña mentalmente adelantada a sus compañeros de clase que creía saberlo todo sobre la biología humana.

Crecí en una ciudad donde era normal decirle a los hombres que no lloraran porque eso era para “mariquitas”, en la ciudad donde las esposas eran golpeadas y maltratadas desde psicológica hasta físicamente y ellas con tal de no perder un “estatus” socioeconómico, lo toleraban. Era, bueno, es la ciudad del machismo andante y egos inflados por el hecho de tener dinero (pero poca gente tiene clase). También recuerdo haber escuchado al niño lento recibir comentarios sexistas como “Corres como niña”, por parte de los profesores glotones de educación física.

Era evidente que tarde o temprano el escribir fuera para denunciar mi inconformidad hacia la mentalidad retrógrada. Y yo les digo:

Las mujeres también nos masturbamos. Los hombres también lloran. Las mujeres pueden ser deportistas, empresarias, ingenieras. Los hombres también sufren presión social por verse bien (aunque la mitad de su vida lo nieguen ante el espejo). Los hombres no tienen que ser el sostén de nadie. Los hombres también son vulnerables. Ah, y los hombres también cocinan, y como mi papá hay muchos que cocinan delicioso.

Tal vez habían sido los libros, pero yo antes, ya había descubierto cosas que los demás ignoraban. Cuando crecía recibía comentarios como “Tienes que conseguirte un marido que te mantenga”, y yo muy decepcionada pensaba: “Que sepa en donde está el clítoris exactamente, más que nada.” Realmente pensar en el futuro jamás requirió de sentarme a imaginarme cómo sería mi boda, yo quería ser una escritora exitosa y viajar por el mundo.

También quería placer, alguien que me volviera loca, alguien que más que darme las buenas noches, me diera noches buenas. Alguien para desatarme, para explorarme y explorarlo. Y creo yo que cuando llegamos a la adolescencia y las hormonas están al tope, vemos el sexo como algo malo o negativo, restándole importancia a la propia naturaleza humana. Con esto no busco promover la promiscuidad, sino que la educación sexual deje de ser un tabú. Enseñarnos que la conexión de las emociones con el cuerpo realmente es un lazo importante.

Cuando hablo de la educación sexual, no solo abarca llamarle a los genitales por su nombre, sino también respetar la manera de ser, vestir, así como las preferencias sexuales de cada persona. Dejar atrás el rol de “machito” y que los hombres también se vean a ellos mismos como seres humanos, no como máquinas, ni robots; que no hay responsabilidades con el otro sexo, solo respetarse.

Dejemos de vernos como polos opuestos, porque al final lo que nos divide, es lo mismo que al final nos une… Y si no me creen vean la perfección de la fisonomía humana.

Texto de Arte Jiménez

Instagram: @artejimenez

Facebook: Arte Jiménez

Fotografía de portada por Theo Gosselin

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Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

2 thoughts

  1. Así es. No existen diferencias, más que las que creamos nosotros. Todos somos iguales y comparyimos miedos, inquietudes, metas.
    Me encantó leerte.

  2. Muy buen texto te felicito, asì es deberiamos dejar de preocuparnos del que dirán y hacer lo que nos hace felices, pero con responsabilidad y respeto de nuestros principios y valores, me encantó leerte ♡

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