No tienes porque responder a la pregunta: –¿En dónde te ves dentro de 5 o 10 años?– tienes que aprender a entender lo que vives, sientes y atender lo único que sostienes en este preciso momento: Tu presente.
De acuerdo a la RAE, el éxito se define como:
1. m. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.
2. m. Buena aceptación que tiene alguien o algo.
3. m. p. us. Fin o terminación de un negocio o asunto.
Si tuviéramos que trazar los rastros de la historia humana hasta el punto en donde el éxito se nos vendió como el objetivo de vivir felices y como lo único a lo que deberíamos aspirar, tal vez encontraríamos que no sólo sucedió, por ejemplo, con la llegada del capitalismo, sino que incluso en las artes se fueron definiendo instituciones encargadas de decir qué sí era arte y que no, o que sí era estético y qué no. A lo largo de nuestra existencia, con las diferentes etapas, corrientes, movimientos que han existido, hemos definido y redefinido muchas cosas; es parte de nuestra naturaleza esa incesante búsqueda de lo que cada quien definimos como felicidad y éxito.
En lo que yo creo que nos hemos equivocado al definir el éxito, es que quitamos de cualquiera de las definiciones, una alternativa para quienes no entran en ese molde de persona de negocios y fortuna.
Recientemente me encontraba en una comida en la que cada quien compartió a lo que se dedicaba, –a mí en lo personal me gusta hablar de mi trabajo, mi escritura siempre me ha parecido punto y aparte, porque es mi lugar seguro–. Al final una de las personas presentes me animó a hablar de Mujereología y recibí la pregunta, –¿y ya facturas?–, pregunta que después me hizo analizar la relación que tenemos con las cosas que disfrutamos y la necesidad de monetizar absolutamente todo lo que hacemos; olvidamos el placer, lo terapéutico; que las actividades que elegimos o nos eligen, también tienen el fin de ser sólo un hobby, algo que nos aporta relajación o diversión. Para mí, la presión de crear contenido, generar sin parar, en ocasiones le ha quitado la magia que para mí es escribir, porque para mí, más que sólo una plataforma, ha sido la herramienta que más me ha ayudado a sanar y sobrellevar las épocas más tristes de mi vida.
Cuando tuve que elegir entre querer tener la presión de volver Mujereología una plataforma que hablara de temas sociales o enfocarme a lo personal, emocional y privado, sabía muy bien que estaba renunciando a mucha de mi audiencia, a una monetización más accesible; al final era hacer un cambio que la gente que había llegado por proclamarme feminista o hablar abiertamente sobre temas tabú, a ser sólo una mujer compartiendo sus pensares y sentires, podría no entenderlo o simplemente, no gustarle. Pero también era definir, bajo mis propios términos, lo que yo llamo éxito. No me había dado cuenta que desde hacía un tiempo ya, yo había comenzado a desmantelar ciertas creencias para poder crear las propias, sobre todo en lo que yo creía que debía estar haciendo con mi vida.
Yo siempre he sido muy cercana a mi familia, siempre he disfrutado esta sensación de proximidad y calidez que existe entre mis seres queridos. Cuando estaba en la universidad tenía diferentes voces diciéndome que me fuera del país, que buscara una beca, un trabajo, algo que me permitiera formar un camino lejano del lugar que me vio crecer. Durante 4 años y medio, esa fue mi visión, poder titularme y después buscar una oportunidad allá afuera. Cuando me titulé, nada resultó ser como lo esperaba o como lo había planeado, de hecho, el desempleo me hizo voltear a ver ciertos aspectos de mi vida que no había considerado dentro de este plan que más que elegido, había absorbido del mundo. Durante ese tiempo pude convivir mucho con mi mamá, con mi tía abuela, mi abuelo; observé todo desde una perspectiva que me daba un poco de vergüenza porque aceptar lo que comenzaba a crecer en mi interior, implicaría renunciar a ese molde creado para quienes se van de su pueblito, llegan a otro país y triunfan, porque el simple hecho de irte, te hace mejor que quien se queda, ¿cierto? O al menos eso creemos.
Acepté, después de muchos rodeos, que no quería irme, al menos no de inmediato. No sólo eso, sino que, yo juraba que jamás me casaría ni tendría un perro, ¿en dónde estoy ahora? En mi cama, un domingo, con Uchepo, nuestro perro, acostado a mi lado, mientras mi esposo me prepara un café y no, no me he ido de México y no planeo hacerlo próximamente. Todo lo que pensé que quería, resultó ser que no era más que ideas ajenas de lo que era mejor para mí, cuando la única capaz de definirlo, era yo; darme cuenta que existen otras posibilidades, que el éxito no se resumía a irme, a tener el puesto más alto de la pirámide empresarial, o a tener grandes lujos, sino a poder crear una vida en la cual yo no me olvidara que estoy, justo aquí, para apropiarme de mi camino.
A veces simplemente tenemos que elegir el camino que nos da paz, alegría, y que nos permite disfrutar de nuestra entereza humana, porque lejos de facturar y recolectar bienes materiales, nos debemos experimentar una vida que nos permita detenernos de vez en cuando a saborear lo más simple. ¡¿Qué puedo decir?! Me encantan las comidas familiares, me encanta tener amistades cerca, me encanta haber estado cerca cuando mi abuelo se fue.
Tal vez mientras tú lees esto te das cuenta que tú quieres justamente lo opuesto, ¡Y está bien! Porque generalmente lo subestimamos, pero el poder de decir, –Esto no es para mí–, es de los más importantes. Pensamos que los superpoderes como ser invisible, leer mentes o viajar en el tiempo y espacio, nos hace infalibles, y sí, tal vez, pero el superpoder que tenemos de elegir de manera constante y sobre todo, consciente, no debemos darlo por sentado. Así como yo me di cuenta que irme a vivir a otro país, quedarme soltera, no sentar cabeza, buscar inalcanzablemente ganar dinero de cada cosa que hago que no sea mi trabajo, no era para mí, tú puedes definir lo que no es para ti sin temor, sin vergüenza, con convicción y desde el amor que te tienes y le tienes a las cosas que son esenciales para que estés bien.
Ninguna definición sobre lo que es el éxito o cómo se ve, debería detenerte de elegir activamente crear la propia. La felicidad es distinta para todas las personas. Tal vez para ti sí es irte a otro país, decidir estar soltera, que el mundo y sus ciudades sean tu hogar; quizás lo tuyo es comprar una casa, echar raíces, tener hijos; también puede ser que lo tuyo sea hacer una escalada corporativa, amar trabajar, tener una agenda llena. Hay muchas posibilidades y yo sólo deseo que sea cual sea, te cuestiones, adviertas lo que implica cada una, y que si quieres un poco de todo, que te sea posible encontrar ese equilibrio y que tu vida esté llena de ti, de tu esencia, porque eres importante y tu experiencia en esta Tierra, lo es. Piénsalo así: En realidad, no sabemos qué hubo antes ni que habrá después de esta vida que estamos viviendo, así que es la única oportunidad que tenemos de gozar su brillantez y su opacidad.
No tengas miedo a decir, –Esto no es para mí–, o darte cuenta que lo que querías no resultó ser lo que esperabas; una de las cosas más maravillosas de la vida es poder empezar de nuevo con cada día. ¡Vas a estar bien! Probablemente no sea sencillo en ocasiones entender lo que queremos y acomodar toda nuestra estructura para caber en otra que jamás habíamos contemplado, pero te garantizo que conocerás mucho de ti y aprenderás que no estamos hechas para limitarnos a ser o existir dentro de los moldes que ya existen; es posible ver, sentir y vivir desde una perspectiva propia.
¿Cuál es la tuya?
Post inspirado en historias de @annica_mendoza
Deja un comentario