Los filtros de “belleza” de Instagram: Un racismo que no causa ruido.

Texto de Camila Ferreiro Basurto

Dentro del canon de belleza actual tiene poca —o nula— cabida la población no blanca. A medida que nos alejamos de ese ideal que enaltece lo caucásico, lo europeo, nos alejamos también de lo que hegemónicamente se considera atractivo. Los estragos del colonialismo, la presencia de un marcado imperialismo cultural, y todas aquellas narrativas dañinas que giran en torno a la percepción de la belleza y que han logrado difundirse a través de un efectivo proceso de globalización, nos han enseñado a despreciar los cuerpos que no cumplen con determinadas características. Elsa Muñiz (2014), en su ensayo Pensar el cuerpo de las mujeres: cuerpo, belleza y feminidad. Una necesaria mirada feminista, enlista algunas de ellas: piel blanca, cabello rubio, ojos claros, nariz respingada y delgadez extrema. Este estándar prestablecido, que muchas no logramos alcanzar, produce un malestar que, en ocasiones, solo puede ser mitigado a través de ciertas prácticas. El uso de herramientas tecnológicas para modificar nuestro aspecto es quizá la menos severa, aunque no por ello deja de ser problemática.

Pensemos, por ejemplo, en Instagram, una red social que cuenta con más de mil millones de usuarios y que, a partir del 2011 introdujo por primera vez filtros a su plataforma. En un principio se trataba de un intento inofensivo de mejorar la calidad de las fotos o de jugar con diferentes luces y marcos. Actualmente, nos ofrece la opción de alterar nuestros rasgos étnicos en pro de acercarnos a un ideal de belleza que valora lo eurocentrista por encima de todo. Estos filtros, denominados de ‘belleza’, no hacen más que perpetuar un arquetipo sustentado en bases racistas. 

Al respecto, Patricia Moreno (2020) expresa:

Si un filtro que se llama beauty filter le pone los ojos claros, la piel clara y los rasgos eurocéntricos a una adolescente negra, ¿eso qué le dice de la equivalencia entre la percepción de la belleza y la percepción de la raza? […] ¿Si los filtros graciosos de ‘fealdad’ le ponen la nariz ancha y la boca grande, eso qué le dice?

Pareciera tratarse de una minucia, de un tema trivial, pero valdría la pena reparar en el impacto que esto ha tenido principalmente en jóvenes de color —no blancos—. Claro que aquellos con el suficiente poder adquisitivo pueden someterse a cirugías costosas para alcanzar la tan ansiada instagram face. De hecho, no han sido pocas las personas que han llegado con el médico y le han mostrado una foto filtrada cuando este les pregunta cómo quieren lucir. Incluso si esto no fuera una opción, siempre puede recurrirse a los inyectables. Lara Devgan (2020), destacada cirujana plástica estadounidense, se refirió a ellos como “cirugías no invasivas que representan el deseo de las personas de parecerse más a sus propias fotos filtradas” (Citado en Plana, 2020). 

Si nos guiamos de los datos del International Society of Aesthetic Plastic Surgery, tan solo en el 2018 se realizaron más de 10 millones de operaciones estéticas y 12 millones de procedimientos no quirúrgicos. Las cifras resultan alarmantes, pero tal vez lo más terrorífico es que nos presenten esto como un acto de empoderamiento y de decisión concienzuda sobre el propio cuerpo. Como si creerse y propagar este discurso no se tratara únicamente de un síntoma del racismo y las normas estéticas imperantes en la sociedad contemporánea. En esencia, “esto les dice a los adolescentes que tienen que invertir miles de dólares para erradicar su singularidad y ajustarse a un único estándar de belleza para lograr la apariencia que sugiere Instagram” (Miller, 2020).

Pese a lo dicho anteriormente, es necesario aclarar que la aplicación no es la verdadera causa de estos eventos, pero sí el reflejo de una problemática sociocultural que es preciso nombrar y tratar de erradicar. Si bien este racismo no agrede directamente y es, en lo aparente, poco discriminatorio —cualquiera con un smartphone puede acceder a los filtros de Instagram—, supone un estancamiento en términos de inclusión. Digámoslo claro: quieren borrarnos, ¿y qué mejor medio para difundir este discurso que uno en el que puede pasar desapercibido?  Nos encontramos, por tanto, frente a un racismo que no causa ruido, un racismo que pareciera esconderse y que, desde su lugar, pretende que interioricemos sus ideales.

Ahora, hablar de posibles soluciones no es tan sencillo. La plataforma lleva años diciendo que eliminará los filtros que promuevan directa o indirectamente las cirugías estéticas extremas por el bien de sus usuarios. Por otro lado, es cada vez mayor el número de personas que la utilizan. ¿Qué podemos hacer entonces? Sugiero: repensar nuestros cuerpos, tratar de desaprender lo que las redes nos han inculcado, cuestionar nuestras propias prácticas racistas e idear —siempre— nuevas formas de resistir.

Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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