El efecto Kendall Jenner: La obsesión de querer ser lo que no somos.

Este artículo no es para señalar a una figura pública, sino, para poder analizar el comportamiento alrededor de su existencia en plena era digital, cuando la dismorfia hacia nuestros cuerpos ha surgido a causa de lo que vemos, escuchamos, y a quienes seguimos en redes sociales. Una vez hecha esa aclaración, prosigo:

Me causa una gran incomodidad, en parte dolorosa, ver que Kendall Jenner es tendencia por subir fotografías en ropa interior, primero, por los comentarios que surgen a raíz de dicha publicación, y segundo, porque después de tan solo 2 minutos en Twitter, tengo que enfrentar una reflexión que llevo peleando internamente toda mi vida: La glorificación de cuerpos delgados. Y no solo delgados, vamos, sino con una cierta silueta, anotaciones hacia la forma de su vulva que no es prominente como la de muchas, y los estándares de belleza que no nos cansamos de querer romper. Para mí, ella no es un problema, sino lo que justamente, nos ha llevado como sociedad, considerarla a ella bella por encima de nosotras mismas. 

Miento, tal vez sí quiero hablar un poco de ella, y porque en la cultura pop es tan peligroso que cualquiera haga publicidad en redes… No hace mucho la actriz Jameela Jamil confrontó a una de sus hermanas, Kloe, por promocionar un té “detox”, cosa que despertó el interés de muchas personas de comenzar a cuestionar la veracidad de publicidad pagada. Me hizo feliz. Kendall, por su parte, ha hecho lo mismo; en diversas ocasiones ha hablado de sus dietas, las cuales, básicamente consisten en líquidos “detox”, y ejercitarse, pero, ¿alguien cuestiona su salud? No, porque es delgada. Bien podría tener algún TCA, pero la gente no cuestiona sus dietas, sus hábitos, ni su comportamiento, ¿por qué? Porque además de todo les parece guapísima, y sí, es un ser realmente bello, pero eso no quiere decir que sea la única forma de belleza, ni tampoco, la óptima, ni un parámetro bajo el cual deberíamos regirnos todas.

¿Qué es bello? Para mí, la sabiduría, por ejemplo. Aunque el feminismo ha avanzado para poder indicarnos un camino basado en el autoconocimiento, autoafirmación, sacarnos de la cosificación, de lo superficial, de los constructos sociales, de los roles de género, hoy en día, esto pareciera dar diez pasos hacia atrás reafirmando que la feminidad existe únicamente siendo “sensual”, usando tacones, siendo delgadas, operándonos, obsesionándonos con mil productos de skin care, entristecernos por cumplir años, dejar de sentirnos escuchadas conforme el tiempo pasa. Es decir, mientras cumplas con los estándares estéticos de la belleza occidental, colonizadora, y homogénica, estás dentro, las demás quedamos fuera. 

No sé cuantos artículos más tenga que escribir sobre la cultura de las dietas, ni cuantas veces más tenga que escuchar a una influencer decir que hay comida para gordos, lo que sé es que, esta es una lucha que estoy dispuesta a enfrentar porque yo crecí con toda esta idea de lo que era tener aprobación – sobre todo la masculina – , y querer obtenerla a costa de todo. Tal vez mi pregunta es: ¿por qué nos está costando entender que la palabra belleza abarca muchísimas cosas? He conocido gente que ante los ojos occidentales es una persona guapísima, pero una vez que abre la boca, he dejado la habitación deseando no haber entablado conversación con esa persona. ¿Por qué basamos tanto nuestro valor en lo exterior y, no en lo interno? Tal vez porque eso no vende, porque eso no obtiene likes, porque eso es aplaudido, porque nos hicieron creer que eso es altamente deseado, ¿por quién? Por la persona que te gusta, por tus amigos, y por la sociedad en general, ¿esto es cierto?

Los filtros de Instagram, por ejemplo, han empezado a crear dismorfia en gente joven al grado de querer operarse la nariz, y muchas personas me van a decir: “Arte, pero si esa cirugía hace sentir mejor a la persona, ¿cuál es el problema?”, bueno, que no es la solución al rechazo hacia su cuerpo; para poder romper con él tendríamos que desmantelar todo el sistema de inseguridades que el capitalismo ha colocado ante nosotras. La cirugía plástica es un negocio multimillonario, el de skin care también. ¿Esto quiere decir que no use productos como serums? ¡Los amo! Pero estoy consciente de que a) no van a impedir que las arrugas aparezcan b) cuido mi cuerpo porque lo amo, pero no hago de eso el centro de mi universo. Si mañana, por ejemplo, me dijeran que hay desabasto de serums, o cremas hidratantes, me daría lo mismo. A lo que voy es que, si no vamos a atacar el problema de manera radical, vamos a pasar toda nuestra vida creyendo que una cirugía subirá nuestra autoestima, cuando no es así. 

Demi Moore es el ejemplo más reciente. ¿Qué la orilló a operarse? La cultura en la que se desarrolla, ¿ella es el problema? No, es el sistema de inseguridades que el capitalismo a construido para nosotras. Las actrices mayores pierden mucho trabajo por cumplir años, de hecho, la serie Grace and Frankie nació porque Jane Fonda y Lily Tomlin se dieron cuenta de esto, y de lo poco que la gente realmente quiere escuchar historias sobre mujeres mayores, incluso cuando son divertidas. Las mujeres van siendo olvidadas por los medios, y de ahí el miedo a que eso nos pase a nosotras; nos aterra un poco la idea de envejecer porque nos han hecho creer que es malo, pero, es inevitable. ¿Comprarme crema, gastar mi fortuna en el mejor cirujano, hacerme mil tratamientos, impedirá que aparezcan manchas, canas, o que mi cuerpo deje de lucir como cuando tenía 20? No, e incluso, si lo lograran, tu mente seguiría obsesionada con ello, con no dejar que esto suceda. Cuando abrazas la realidad, ¿qué sucede? Que tienes tiempo y dinero para invertir en otras cosas, como un viaje a solas, tu paz mental, y estar PRESENTE.

Nunca vas a ser Kendall Jenner, siempre vas a ser tú, entonces, ¿qué estás haciendo con ello? 

Leí algunos tweets que decían que iban a dejar de comer después de haber visto sus fotos, o que iban a comer pura lechuga, o que qué bajón saber que no eran así de bonitas, o que pedían disculpas a cualquiera que hubiera visto su cuerpo. Casi lloro. Yo padecí anorexia (como he dicho antes), y sé lo que es pasar horas sin querer comer nada, tomar pura agua, obsesionarme con contar calorías, dejar de disfrutar la comida, tener que llevar cajas de comida rellenas de coliflor para no comer papas, dejar de tomar cerveza (amo la cerveza), y aun así, verme delgada, y seguir completamente insegura. La pérdida de peso no es ni la respuesta, ni la solución, es parte del problema. Veámoslo así:

  • Alguien instala una inseguridad respecto a tu cuerpo.
  • Te obsesionas.
  • Buscas las soluciones más rápidas (que irónicamente son las menos saludables)
  • Compras productos “detox”, y te inscribes al reto fit que se basa en el discurso de quemar calorías, lo cual se traduce en dinero para esas personas. Dinerito, dinerito.
  • Odias tu cara, te la operas. Dinerito, dinerito.
  • Odias tu cuerpo, te lo operas. Dinerito, dinerito.
  • Compras tratamientos para tu cara. Dinerito, dinerito.

¿Para qué? Para que termines en una tumba, o en un frasco hecha polvo, sin haber vivido y disfrutado; sin haberte aprovechado, ni aplaudido; sin haberte dado cuenta que el valor siempre, siempre, está en quien eres, y no, no es un discurso motivacional, es la realidad. 

Hace un par de meses, cuando mi tía abuela murió, pensé muchísimo en lo que ella había vivido, en lo mucho que disfrutaba el tequila, la comida, la compañía, y pensé: “Al final, pasamos persiguiendo tantas estupideces, que, cuando nos llega el día, a lo mejor ni enteradas estábamos de lo valiosas que éramos”, y me propuse todavía de manera más rigurosa, cambiar mi chip. Quiero ser una anciana feliz, con cordura porque vivió llena de locura, porque se arriesgó, amó, trabajó, cumplió sus sueños, apostó por ella, con cientos de anécdotas, riendo, llorando, quiero vivir. No quiero parecerme a Kendall Jenner, quiero ser yo, aprovechar el camino que se me ha dado.

Kendall vive de su imagen, ella no tiene que preocuparse por pagar deudas, por ahorrar para comprar una casa, por tener una pensión, por nada de ello, ¡y qué bueno! Pero el hecho de que ese sea su camino, no tiene porque cegarte de lo que tienes enfrente. Te tienes, y eso es más que suficiente. 

Te dejo cuentas de mujeres que admiro un montón por estar cambiando el discurso sobre la cultura de la dieta, y que a la vez, me han inspirado en hacer cambios en vida, ¡Y ojo! Ellas sí son profesionales de la salud, no cualquier hijo de vecina que lanza comentarios desde la ignorancia y gordofobia:

@nutritionisthenewblack

@stefyactiva

@raquelobaton

@a_psiconutricion

Y también de algunas activistas anti cultura de dieta:

@croquetamente_

@foodfreedommx

@alexlight_ldn

@danaemercer

Texto escrito por Arte Jiménez

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