¿Y si me voy?

¿Qué va a ser de mí?

¿De mi familia?

¿De mis amigas?

¿De mi novio? 

¿De mis alumnos?

Pero sobre todo… 

¿Qué va a ser de mi persona, de mi alma y mi esencia?

¿Qué tan lejos voy a llegar?

¿Será un acto egoísta o de valentía?

¿Me van a extrañar?, seguro sí, pero pasará el duelo y se olvidaran. 

¿Hablaran de mí?, la mayoría dirá que soy una egoísta y que no luché lo suficiente, pero la otra parte será empática y aclarará que intenté hasta el último minuto. 

Pero… ¿Y mi alma?, ¿A dónde va a llegar?, ¿Estaré contenta con lo que hice?, ¿Sentiré paz? o ¿Me arrepentiré?

¿Y si me arrepiento?, ¿Cómo le digo a Dios que quiero regresar?, ¿Cómo le explico a mis papás que mi intención jamás fue hacerlos sufrir?, ¿Cómo empiezo una nueva vida después de haber perdido todo lo aprendido?

Pero ¿Y si no lo hago?, ¿En algún momento dejaré de sufrir?, ¿Llegará el día en que me vea al espejo y no me critique?, ¿Será posible vivir sin pensar en el pasado? 

Este es un mínimo ejemplo de todas las preguntas que pasan por mi mente cuando decido que es tiempo de partir, cuando siento que el aire se me termina y mi corazón se acelera tanto que siento las palpitaciones en mis dedos de las manos y se baja hasta los dedos de mis pies. 

Y ¿Cuál fue mi conclusión?

No lo voy a hacer, nada es demasiado fuerte para terminar conmigo, las situaciones pasan y dejan enseñanzas, el tiempo cura las heridas, el pasado pisado y el presente de frente. 

Pero ¿Y si me vuelvo a sentir así mañana?, sólo recuerdo una y otra vez, que si me voy ya no hay vuelta atrás, el reloj avanza y el tiempo pasa, si logré no irme el día de ayer, no tengo porque irme el día de hoy. 

Y si ese sentimiento sigue presente, así que tómame de la mano y enséñame que el mundo es un laberinto, que en ocasiones nos vamos a perder, pero siempre nos vamos a encontrar. Dame esa fuerza, y permíteme apoyarme en tu espalda para no dejarme caer. 

¿Y si me voy? 

No, creo que en este momento no es lo quiero porque me espera un laberinto para perderme y encontrarme un millón de veces más, me persiguen sueños y me retacan las ilusiones. 

Entonces si te digo que me quiero ir, no me dejes, solo tómame de la mano y enséñame que puedo seguir.

Texto: anónimo

Fotos por: Luisa Möhle Photography

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