Sexperiencias: No sabía lo que me gustaba en el sexo, así fue cómo lo descubrí.

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Nunca es demasiado tarde para empezar a tener buen sexo. Eso leí, y eso quiero creer. 

Hace unos 6 años mi interés por la sexualidad explotó, realmente quería saber sobre ese universo que había permanecido como prohibido, o más bien, del cual me daba vergüenza hablar; crecí con una carga de información negativa sobre el sexo por placer, era de esas que solía creer que para hacerlo, había que casarse, y no sabía con exactitud cómo era, ni lo que debía hacer, ni cómo se debía sentir, es más, en aquel entonces el tema del consentimiento aún era borroso. Se puede decir que sí, mi educación sexual había sido limitada, y las consecuencias de ello eran evidentes. 

Comencé a leer muchísimo sobre la disconformidad que sentían muchas mujeres en relaciones heterosexuales, y sí, yo también la sentía. Cada vez que un hombre quería tener contacto conmigo, intuía que no tenía idea de nada, y que yo, a la vez, tampoco tenía nada de información. En aquel camino me di cuenta que no era la única, y que de hecho, es lo más común en América Latina. Realmente pasamos años y años de nuestras vidas ignorando a nuestro cuerpo, postergando nuestros deseos, acallando nuestra naturaleza en nombre de una moralidad que no va, que no es, y no tiene porque seguir. 

Una amiga mía de la universidad un día se me acercó para hablar de sexo, (cabe mencionar que ella es lesbiana, por lo tanto, había cosas que no comprendíamos en las prácticas sexuales de la otra), recuerdo muy bien cuando me dijo: “Vas a saber cuando tengas un orgasmo”, después de haber escuchado mi fatídica historia sobre cómo sentía que los hombres eran bruscos en el tacto, además de que no mostraban interés en lo que me gustaba. Me di cuenta, ahí mismo, que no sabía lo que me gustaba, en todo caso, tenía ideas por películas, series, conversaciones con amistades, por la literatura, pero, ¿quién era yo en ese momento íntimo? No tenía ni la menor idea. Había dado al clavo, por eso pensaba que el sexo era sobrevalorado, que solo yo sabía cómo tocarme, y que tener una pareja era aburrido. 

Esa misma amiga me dijo: “El sexo entre mujeres es lo mejor, sabemos exactamente lo que nos gusta, nos escuchamos, nos cuidamos”, de regreso a casa en el transporte escolar le di cientos de vueltas: ¡Claro! Podía entender porque el sexo entre mujeres era una dinámica de comprensión, mientras que para mí era una patada en el trasero. Tenía que llegar al fondo de todo, tenía que averiguar con exactitud cómo mejorar mi vida sexual para la Arte del futuro, porque la del pasado, definitivamente había perdido algo de tiempo. Comencé mi investigación. 

Yo ya sabía en donde estaba mi clítoris, los movimientos, velocidad que debía tener para poder alcanzar mi punto máximo y explotar, ¿eso era todo? No, el sexo es mucho más que eso. ¿Qué me gustaba? Esa era la cuestión. Llegué a la conclusión de que necesitaba hacer una lista: Si el sexo es mucho más que el orgasmo, ¿qué me hacía falta? Nada más y nada menos que el fabuloso preámbulo; ese jugueteo previo cuyo fin es estimular nuestro cuerpo para poder tener sensaciones más placenteras. Ejemplo: las zonas erógenas. ¿Te gusta que te respiren en el cuello o que lo besen? Ahí una zona erógena, ¿Te gusta que jugueteen con tus pezones? Otra zona erógena, ¿Te gusta que te toquen la espalda, o la masajeen? Una zona erógena más. La única forma de descubrir lo que nos gusta es, sí, explorando, y para ello no necesariamente necesitas una pareja. 

Haz el siguiente ejercicio: Desnúdate y mira tu reflejo en el espejo, pasa tus manos por cada rincón, varía la presión; pon tu atención en aquellas zonas que resultan llamativas, en esas características físicas que a ti misma te resultan irresistibles. Conoce tu vulva, tus pezones, tus piernas, hasta los pies. 

Con este ejercicio entra una cuestión que también es humana, válida, y poco admitida: Las fantasías sexuales. ¿Qué pensamientos te excitan? Hay personas que tal vez piensan en un encuentro en el jardín, en un lugar público, en un trío, un intercambio, o en una persona en específico. Para mí esto no solo tiene efecto en nuestra vida sexual, sino en la estimulación de nuestra imaginación, en probar nuestra capacidad para salir de nuestra realidad y crear otra. 

Hay factores externos como los lubricantes o vibradores que pueden ser de mucha ayuda. Cuando me preguntan qué pienso de los juguetes sexuales solo puedo decir una cosa: Toda experiencia individual es única, no puedo hablar en nombre de todas. Lo que sí sé es que a lo largo de la historia la libertad sexual se nos ha prohibido y castigado a las mujeres, hoy nos toca romper con ello, y una forma en la que sentí que estaba dando un paso, fue cuando probé un vibrador por primera vez.

Los juguetes de inserción buscan, por ejemplo, estimular la próstata femenina, algunos también tienen una extensión para estimular el clítoris de forma simultánea; existe gran variedad en textura, temperatura, y movimientos, los vibradores se concentran en todo lo externo, no solo tu clítoris, sino tu vulva, labios, y zonas erógenas como los pezones. Considero que son los indicados para comenzar a experimentar, no solo porque estén de moda, sino porque están pensados en nuestra anatomía. ¿Durante cuánto tiempo viviste bajo la sombra de aquel cuento que solían contarnos sobre que la penetración era la gran cosa? Yo viví un chorro de tiempo ahí, una vez que salí a ver la luz, nada fue igual. 

De alguna forma la carga social y cultural me habían hecho creer que reproducirse era el fin, pero que también el pene era lo único que era capaz de hacernos ver estrellas. Giro de la película: No, no lo es. Para las mujeres cuyas relaciones son heterosexuales puede representar un verdadero reto comunicarnos en lo sexual sin todos los antecedentes dañinos que llevamos en la cabeza, como aquello que la pornografía nos ilustró como placentero. Considero sumamente importante la comunicación asertiva, como decir “me gusta mucho cuando haces esto, pero me gustaría probar esto otro, ¿te late?”, y así juntos crear una dinámica. Sucede igual para mujeres o personas bisexuales, hablar es clave. 

Tenemos que estar abiertas al diálogo, y también desde un principio evaluar que tan abierta es nuestra pareja para tocar estos temas (además de que es una importante característica en una relación). Si no podemos entendernos, no puede haber éxito en nada. Experimentar es parte del proceso, y tenemos que hacerlo para poder seguir evolucionando, de otra forma, ¿cómo mantenemos esa chispa y deseo encendidos? La complicidad, picardía, y apertura son solo algunas pautas para lograrlo. 

Así que, si hoy quieres saber qué te gusta en el sexo, yo digo que:

  • Hoy te toques, no solo entre las piernas, sino todo el cuerpo.
  • Indagues en tu mente todo lo que te gustaría explorar.
  • Te aventures a probar texturas como algunas telas, plumas, cuero.
  • Pongas en práctica tu olfato, ¿qué olores te prenden?
  • Pruebes un vibrador.

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