YouTube México: La cuna y casa de violad*res.

Ver el vídeo de Natalia Campos hablando sobre lo que vivió no solo me hizo querer llorar de coraje, sino cuestionarme durante días diferentes situaciones que yo misma atravesé: Fiestas, tocamientos, forcejeos, acciones que hace 10 años no tenían nombre porque en América Latina las mujeres hablamos de sexo en código o entre susurros para no sufrir escarmiento público, o incluso, de nuestra familia y amistades. Ahora lo sé, años después pero por fin lo sé, todo ese tiempo muchas callábamos porque no teníamos lo que hoy tenemos. Gracias feminismo, gracias evolución, gracias internet, gracias plataformas, gracias mujeres; la verdad ha tardado en salir a la luz, pero bien dicen que siempre sale. 

Cuando iba en la preparatoria recuerdo perfectamente bien haber visto el ascenso de sujetos como Werevertumorro, Alex Strecci, o Yayo Gutiérrez, de hecho, la primera vez que consumí algo de ellos fue un vídeo titulado “Cursindejadas” en donde el Werever hacía burla a las parejas románticas; mi amiga y yo reímos muchísimo, “¡Qué agradable sujeto!”, pensé, y por consecuente comencé a adentrarme más en el universo de YouTube, nunca lo suficiente como para seguirles en redes, pero sí como para ver de vez en mes alguno de sus vídeos. De pronto empezaron a colaborar, a cruzarse unos en los canales de otros, a tener entrevistas, a tener parejas, a crecer, y junto con ellos, la plataforma que les había dado espacio, atención y micrófonos, YouTube. Al principio me parecía contenido inofensivo, a veces tonto, o superficial, pero conforme pasó el tiempo comencé a ver (en el poco contenido que consumía), que las cosas empezaban a verse y oler mal.

Recuerdo una sección de Alex Strecci en donde invitaba a alguien más para hablar de mujeres, expresándose (siempre) de manera vulgar, también recuerdo que en varios de ellos estaba un tal “Pepe Problemas”. Hace dos meses, Alejandro decidió subir un vídeo diciendo que había borrado todo su contenido porque se había dado cuenta de los errores que había cometido en el pasado, y que en ese entonces él solo tenía el afán de entretener. Primero, que triste que la cosificación de las mujeres le haya parecido entretenido. Segundo, la responsabilidad que tienen los creadores de contenido es enorme, por lo tanto, el daño que causen es irreversible. Tercero, somos lo que consumimos. 

Hace 10 años no existía la consciencia que comienza a haber hoy en países de América Latina respecto a temas como la sexualidad, derechos de las mujeres, y feminismo; tampoco existían grandes redes como hoy día; estábamos – aunque juntas las unas con las otras -, separadas, creyendo que aquellos problemas vivían en nuestra cabeza. Hace 10 años millones de hombres y personas veían canales como el de Alejandro, en el cual se perpetuaban conductas misóginas y sexistas; ¿qué pasa cuando alguien que admiras habla sobre cosas importantes? Aprendes, creces, ¿qué pasa cuando a quien sigues es un tipo que no tiene respeto alguno? Lo normalizas. Si ya de por sí en familias y en la sociedad el sexismo es pan de cada día, el hecho de que figuras públicas no hagan que la gente modifique conductas que afectan los derechos de alguien más, lo refuerza. En su vídeo Alejandro dijo: “No quiero ser parte de esta ola de violencia hacia las mujeres”, bueno pues, ya lo era desde hace mucho. Con esto no quiero minimizar sus esfuerzos de desaprendizaje o desestimar su evolución como persona, ¿lo curioso? Que el pacto patriarcal permanece intacto. 

Ixpanea, una youtuber mexicana salió a contar la historia de como Yayo Gutiérrez – gran amigo de Alex Strecci -, había obtenido material íntimo de ella sin su consentimiento y lo había almacenado en una computadora. No vamos a negar lo innegable, los amigos saben bien lo que los amigos hacen mal y entre ellos se encubren para no enfrentar consecuencias. Hace 10 años, por supuesto, no existía ni una Ley para proteger la integridad digital de las mujeres, y aunque hoy exista, el hecho de que apenas estemos poniendo nombre a agresiones que sufrimos en el pasado, solo demuestra el atraso que tenemos, y lo poco que hemos avanzado para lograr la equidad, y respeto hacia las mujeres. 

Los años, la fama, el dinero, no sé si esos factores combinados cambian a las personas, o si en realidad siempre fueron una basura y no lo sabíamos. Luisito Comunica, por ejemplo, al principio me parecía que hablaba de cosas interesantes, pero la misoginia estuvo ahí varias veces, solo que, no sabíamos cómo llamarle a ese trato denigrante hacia la mujer. ¿Recuerdan la polémica con Lizbeth Rodríguez, Debryanshow, y Luis, cuando Lizbeth cachó mensajes entre Ryan y Luis respecto a haber tenido relaciones con una mujer en estado de ebriedad, lo cual desencadenó en la ruptura entre Cinthya y Luis? Hace un par de días Cinthya dijo en sus historias que ella siempre había sabido que Rix (porque estaba hablando de Natalia Campos) era así, y que varios eran así. A mi parecer no fue accidental decirlo, después de todo ella estuvo en ese núcleo. 

Rix, como Juan Pablo Zurita, o Juca pertenecen a la generación de Vine. Era 2013 cuando la aplicación tuvo su mejor momento, y esto sería la puerta para que ascendieran a otras cosas, como ser caras de marcas, tener una marca propia, empresas propias, proyectos propios. En una ocasión fui a un evento (el cual no mencionaré), pero fue la primera vez que vi de cerca a algunas de estas personalidades del internet de cerca, a comediantes también, y la lección fue que las redes mienten, y mucho. No siempre son buenas personas, ni las más amables, ni las más sencillas. Esa noche aprendí sobre todas las cosas que justamente, nunca quería ser. ¿Pero un abuso sexual? Eso jamás cruzó mi cabeza, y ahora sé porque, porque es en donde menos imaginas, que más cosas suceden. 

Caeli, una youtuber de la generación de Werevertumorro, denunció en su momento a Yao Cabrera, y jamás pensé que recibiría la respuesta que recibió… La insultaron, la culparon a ella por haber decidido salir con Yao Cabrera, su supuesto amigo; cuando vi sus historias llorando quise abrazarla fuerte. La hicieron a un lado, la abandonaron, la tildaron de loca, zorra, y puta. 

Con el caso de Natalia Campos vuelven a sonar las campanas, vuelven a ponernos en alerta de lo que sucede. Si su amigo Rix abusó de ella en su propia cama, ¿cómo podríamos sentirnos a salvo? Escuchar estas historias te hace sentirte en soledad porque pareciera que no hay un solo rincón seguro en el mundo. Los insultos volvieron, la culpa de nuevo fue de ella; en televisión nacional conductores y conductoras sostuvieron que la culpa fue de ella por haber tomado, y eso es de lo más preocupante. ¿Cuánta gente ve ese canal? Miles, sino es que millones, ¿su responsabilidad? Cambiar la maldita narrativa, para eso es su influencia, popularidad, y cara pública, ¡Para cambiar a la sociedad! 

La agencia de management de Natalia, la cual en vez de haber servido de acompañamiento, o herramienta de denuncia, sirvió de tapadera. Esto tiene que parar. Las empresas, sea cual sea, DEBEN tener un protocolo en caso de que un empleado sea acusado por violación. No solo hicieron que ella tuviera que elegir entre si participar o no en campañas por miedo de toparse con su agresor, sino que su apoyo fue nulo. 

Diana Estrada, otra youtuber mexicana salió hace apenas hace unas horas a hablar sobre su experiencia, no dijo nombres, y sin embargo, por el comportamiento y contenido de su agresor, la audiencia dedujo de quien hablaba: Gusgri. El tipo hace unos años subió un video alardeando sobre haberse acostado con Diana, la cuestión es que ella estaba inconsciente; ella supo que algo estaba mal porque al día siguiente amaneció adolorida, y tenía desgarrada su vagina.

Volviendo al tema de ser un hombre renovado, como es el caso de Strecci, creo que les corresponde asumir su responsabilidad. Al haber lanzado mensajes misóginos, ¿qué esperábamos? ¿que la gente que lo consumía en un país machista no lo celebrara? La sociedad que tenemos es resultado de las decisiones que tomamos, eso incluye el contenido que consumimos, y el contenido que producimos. Suena bonito el discurso del hombre deconstruido, pero no basta. No se trata de cancelación, se trata de encarcelación. No se trata de sanciones, se trata de que las plataformas comiencen a regular su contenido. 

A mí siempre me ha parecido de lo más estúpido que se censuren pezones de mujeres en Instagram, pero que permitan que personajes misóginos, sexistas, machistas, y violentos tengan una plataforma en donde miles puedan encontrar contenido que justifique sus conductas. Hace unos días la humanidad celebraba que Donald Trump no tuviera redes sociales, pues sus discursos de odio habían logrado mover a miles de personas, ¿por qué debemos de tolerar a personas cuyo contenido no aporta nada, existan? La reflexión también va para la gente… ¿Cómo queremos que las cosas cambien si la gente que seguimos no solo es estúpida, sino que son violadores, extorsionadores, o abusadores? 

Empresas como Badabun desde la cual Juan de Dios Pantoja y Alejandro Flores sintieron la valentía de extorsionar a una menor de edad (Kenia Os), también necesitan pagar un costo por el daño colateral que han causado, y no se trata de dinero, sino de suprimir espacios que afectan y atentan con la integridad de otras personas. 

¿Saben por qué hoy se están haciendo denuncias años después? Porque ahora sabemos que nos sostenemos entre nosotras. Durante años nos tragamos la mentira de que éramos competencia, y no podíamos coexistir sin destruirnos. Durante una eternidad nos dedicamos a callar por el miedo que nos hicieron sentir con su manipulación, egocentrismo, y violencia, pero ya no es una, ni dos, ni tres, ¡Somos todas! Todas estamos hasta el carajo de que a los hombres se les celebre sus asquerosidades, mientras a nosotras nos enseñan a ser recatadas; que ellos puedan justificar sus violaciones con alcohol, mientras nosotras somos unas putas por tomar y salir de fiesta. ¡A la mierda! YouTube debe quitarle el espacio a quien ha destruido vidas. ¿Y nosotros como sociedad? Cuestionar más la clase de personas que seguimos, como dicen: Dime a quien sigues y te diré quien eres.

One thought

  1. La «culpa» y responsabilidad también es de consumidores de esos contenidos. Cómo padres o hermanos no revisar y supervisar lo que los chicos ven y más en estos tiempos de pandemia en que no saben ya cómo entretenerlos. O el quedarse callado ante los comentarios de amigos y amigas por miedo a «dejar de pertenecer» al grupo.

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