Lo que aprendí después de ver la pérdida de peso de Adele.

Este no es un artículo resentido porque una de mis estrellas musicales favoritas perdió peso, es más bien, una reflexión que surgió después de su presentación en SNL, las distintas reacciones en internet, y discutirlo conmigo misma. Pienso que hablar sobre la vida de personalidades es un poco vacío, pero en esta ocasión trae consigo algo sustancioso: La glorificación de la pérdida de peso en Hollywood, y en la cultura pop en general.

Hace un par de días veía el especial de David Letterman en Netflix «No necesitan presentación», que es una serie de entrevistas a personas famosas; en la nueva temporada lanzó una entrevista con una cantante súper talentosa, Lizzo.

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Conforme la entrevista avanzó, llegó el tema de su físico y las redes sociales, «Estoy harta de ser considerada una activista por ser gorda y negra», dijo, y eso se quedó dándole vueltas a mi cabeza por un buen rato. Porque, primero que nada, Lizzo es la artista más vendida del 2020 según los premios Billboard; recibió premios como mejor nueva artista, y mejor canción por «Truth Hurts» en los iHeart Radio Awards; ganó Grammys por mejor interpretación vocal pop solista, mejor álbum urbano contemporáneo, mejor interpretación en R&B, sin mencionar la gran cantidad de nominaciones y otros premios ganados. O sea, es una artista completa porque, no solo escribe sus canciones (las cuales por cierto, tienen una historia), toca instrumentos, produce, canta, rapea, sino que arma una presentación completa en donde baila, y aún así todo gira entorno, ¿a qué? Su apariencia física.

En repetidas ocasiones se ha tomado vídeos durante sus horas de ejercicio, y después de ver algunos de sus performances, me queda muy claro que por muy delgada que yo sea, no tengo ni la mitad de condición que ella tiene. Y acá es en donde se pone bueno: En esa misma entrevista ella habla sobre cómo la gente extraña asume el estado de salud de una persona con solo ver su cuerpo, yo por mi parte, no podría estar más de acuerdo. Cuando yo comencé a obsesionarme con la cultura de las dietas, con el ejercicio, con contar calorías, noté que todo mundo me felicitaba, incluso cuando no sabían lo poco que realmente estaba disfrutando todo aquello. ¿Será que tenemos interiorizada la aprobación hacia la delgadez, mientras que la gordofobia nos guiña el ojo desde el otro lado de la habitación?

La gente pensaba que por estar delgada, estaba sana, y era lo contrario: Yo había perdido peso también por estrés, por atravesar una etapa difícil, y por realmente, querer parecerme a una modelo digna de un Instagram likeable. Lo que nadie sabía es que yo no estaba haciendo cambios desde el amor, aceptación o respeto, lo hacía meramente por aprobación, presión, y mi lucha constante con la anorexia. Aunque hoy en día siento que he dado pasos hacia el verdadero respeto hacia mi persona, situaciones como lo que sucedió con Adele hacen que vuelva a poner el dedo sobre el renglón.

Lizzo y Adele tienen algo en común: La gente no para de hablar de sus cuerpos, reduciendo su existencia a su talla o peso, ¡Olviden los premios, talento, logros! Sus cuerpos y, los de muchas mujeres parecieran ser los nuevos CV´s, y la apariencia, según algunos estándares arcaicos, parece sumar puntitos, y quien no entre en esos parámetros hegemónicos, no puede pertenecer a nada, mucho menos a una industria como la música o, el cine. Le pasó a Barbara Streisand en su momento cuando le dijeron que su nariz era fea; a Meryl Streep le dijeron que no era atractiva; Hilary Duff se sintió presionada a bajar de peso; a Billy Eilish la critican por la forma de su cuerpo; ¿y en dónde queda el talento? En segundo plano, ¿o quinto?

Realmente nadie por acá conocemos a Adele como para saber sobre su proceso, pero lo que sí pude observar y analizar, fue la respuesta de la gente, por eso mismo me he estado preguntando algo: ¿Si hubiera ganado peso sería la misma narrativa?

Sí, puede que algunas personas recurran a bajar de peso por salud, créanme que eso lo sé por personas cercanas con problemas en la columna, lo que no me cuadra, es como percibimos, y retratamos los cuerpos ajenos; tampoco me cuadra que nazcamos para vivir tristes por no tener un cuerpo delgado que cumpla con las normas estéticas en regla; no me parece ni lo más remotamente sano, vivir obsesionadas por el cuerpo perfecto de Ester Expósito; me parece lo más normal hablar sobre la diversidad, y la ruptura total con estereotipos que nos dañan en lo más profundo.

Acá en confianza, algo que me acomplejaba muchísimo era mi complexión, pues tiendo a tener el vientre más prominente que mi culo, lo cual me volvía loca porque yo quería tener cintura de avispa, culo grande, tetas medianas, ¿y saben de qué me di cuenta? Que perseguía algo inexistente, que incluso las modelos guapísimas de Instagram tienen que extra editar sus fotografías porque sí, tienen las mismas inseguridades que yo. Qué fácil sería vivirnos sin complejos que aprendimos porque pensamos que para agradar, hay que pasar la prueba de un cuerpo deseable.

Para mí esto no se trata de Adele, sino de cómo la sociedad nos quiere ver, y nos daña hasta el punto de creer que nuestro cuerpo no es valioso, ni merecedor de admiración. Si perdemos peso, aplauden; si perdemos más del que esas personas consideran «sano», te dicen que seguro estás enferma; si ganas peso dicen que tienes un mal cuerpo para el verano, pero si ganas el suficiente en las zonas correctas, entonces seguro a los hombres les va a gustar verte. Es todo, bajo la óptica de alguien más en donde nos vemos afectadas. Por eso yo decidí romper con todo aquello, y me ha tomado AÑOS.

Renuncié a la cultura de las dietas, en vez de estarme castigando cada vez que tenía antojo de algo, mejor me propuse ser estricta al momento de hablarme mal; decidí que yo no seguiría creyendo que era mi enemiga, sino que, en este cuerpo que habito debe existir un balance. Ahora, como lo que quiero en porciones correctas, no me niego nada, me gusta mantener el cuerpo activo haciendo actividad física que disfruto y no que sufro. Me recuperé. Y me gustaría que más mujeres lo vieran así. Que no se trata sobre ganar o perder kilos, sino de ganar nuestra propia perspectiva sobre nuestros cuerpos, porque para mí, esa es la verdadera independencia, cuando desde cómo vives, decides darle la espalda a un sistema que ha destruido por completo, el amor que las mujeres tenemos hacia nosotras mismas.

Ya no me obsesionan las medidas de mi cintura, sino vivir en un mundo que aprecie a las mujeres por su conocimiento, inteligencia, capacidad; deseo que aspiremos a aceptarnos antes de compararnos, porque al final nada es más liberador que entender que la diversidad existe, que los cuerpos tendrán sus formas propias, que los años nos harán cambiar, pero lo que persiste, resiste, y existe es una mente por encima de un físico que gente que vive para explotar la imagen y cuerpos de mujeres para su consumo.

Texto de Arte Jiménez

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