Cumplir 30 años: Las expectativas y, realidades de ser una adulta joven.

Aquí estoy, con una cruda mortal después de haberme embriagado en una videollamada con mis mejores amigas para festejar mi llegada al tercer piso. Me pasan dos cosas por la cabeza: 

  1. No sé como logré acostumbrarme a esta nueva normalidad.
  2. ¿Tengo 30? ¡Tengo 30! Y aunque podría parecer que tengo la vida ya montada y resuelta, lo cierto es que no.

Estos meses de cuarentena tuve muchísimo tiempo para poder pensar en todo lo que mi vida ha cambiado desde que cumplí 25 años, y sí, ha habido mejoras como que conseguí el empleo que quería, logré independizarme justo a principios de 2020, he comprado un chorro de artículos del hogar, puedo trabajar desde casa con orden, y ya sé en qué supermercado hay mejores precios. Pero también vinieron muchas interrogantes que surgieron a partir de ver cómo la vida de las demás personas avanzan, y la mía, aunque ha cambiado, hay muchas cosas que siento inconclusas. 

La primera es que aunque llevo 3 años en el mismo trabajo, y esto podría parecer sinónimo de estabilidad, lo cierto es que entre mis reflexiones surgió el discurso super existencialista de que no quisiera vivir el resto de mi vida presionada por pagar deudas, sobrevivir, y tener que soportar a mis compañeros, que a veces siento que quiero abofetear (supongo es normal), pero, ¿qué sucede después? ¿Y si me despiden? Me parece loquísimo pensar en que si ahora algo me falta, es mi problema, y sí, puedo pedir ayuda, pero sentir todo el peso de la responsabilidad es algo totalmente nuevo para mí, y me resulta abrumador, mucho. A veces quisiera renunciar, a veces me siento la más feliz en mi cubículo, otras ocasiones quisiera poder tomar mi mochila y decir “Me voy a la playa por un mes para trabajar”, y en días como hoy, que me escucho con atención, es que sé que crecer y madurar, es planificar. 

No podemos saber el futuro, pero las decisiones que tomamos nos pueden dar una idea de lo que nos espera, de eso estoy segura. Actualmente no puedo reprocharme por nada, porque lo que he hecho me ha llevado a poder rentar un cuarto en un departamento que comparto con otras 3 personas, y que para bien o mal, me deja algo para comprarme el vinito que disfruto los sábados viendo cualquier programa basura, o platicando con mi roomie favorita. Estoy bien, lo sé, pero si pienso en planificar y me pregunto “¿Hacia dónde vas?”, mi respuesta probablemente sea “No tengo ni puta idea”, a pesar de estar manejando hacia la oficina. 

No lo sé. Juro que hay días que improviso totalmente, y me repito a mí misma que tengo todo bajo control: Los gastos de la casa, la despensa, la gasolina, la verificación, los impuestos (maldito seas, SAT), mis relaciones profesionales, y personales, pero de repente me atemoriza la idea de vivir en un loop eterno, ser así de por vida… Desayunar, correr, trabajar, comer, trabajar, mentar madres en el tráfico, hacer ejercicio, bañarme, dormir. Un consejo que doy a cualquiera que se siente igual es que en la rutina implementen cosas nuevas, apapachos chiquitos, como de repente comer algo que tenía mucho que no comías, cambiar el circuito de ejercicio que haces, caminar, hablar por teléfono con alguien, escribir en un diario, prepararte diferente el café, cambiar de playlist, arriesgarte a hablarle a quien te gusta, algo chiquito. 

Volviendo al tema principal, hay algo que me mueve, y aunque no me presiona, quiero sacarlo: Muchas personas que conozco tienen pareja, están teniendo bebés, se están casando, se están mudando a casas propias, están comprando automóviles híbridos, y aunque la comparación no es mi intención, a veces no puedo evitar preguntarme si lo estoy haciendo bien. Mi pareja y yo llevamos un año apenas, y no quiero un anillo aún, de hecho siempre había pensado que eso no era lo mío, y de pronto he pensado que a lo mejor no es taaaan malo construir con alguien, hacer equipo, ¿me entienden? Tal vez sea bonito poder tener una compañía, una amistad, un/a confidente, que te haga masaje de repente, o se peleen para terminar comiendo en silencio, pero sabiendo que esa complicidad no se pierde. ¿Y los bebés? De verdad no me gustan, me alegro por quienes se alegran de tener bebés, aquí lo único que me sale es el sentirme aún como adolescente perdida en medio de gente adulta haciendo cosas de gente adulta. 

Muchas personas tienen esta idea de que tener 30 es sinónimo de tenerlo todo, que ya dominamos todo, o que hasta hemos domado nuestros miedos, y creo que sin importar la edad, siempre nos estamos enfrentando a retos, crisis, problemas. Algo que me sucedió, fue que yo jamás había tenido la necesidad de ir a una de esas oficinas burocráticas, hasta apenas hace un par de meses, y simplemente no tenía idea de lo que hacía; tampoco sabía nada sobre tarjetas de crédito a los 29, ni tampoco había leído lo suficiente sobre feminismo como para generar una postura firme. La edad no define en absoluto el conocimiento que tenemos sobre ciertos temas, solo porque ante la sociedad ya somos adultas. 

Es una edad extraña, y estoy segura de que muchas lo han experimentado, porque eres demasiado joven como para tomar un cargo alto, pero eres lo suficientemente adulta como para ir formando una familia. En mi caso, soy asesora financiera, y muchas veces me ha tocado vivir la desconfianza de muchas personas al no confiar en mí para asesorarles porque, a) soy mujer, y b) soy joven. Mis compañeros aunque comparten una visión mucho más progresista sobre el rol de las mujeres en diferentes ámbitos, los altos mandos muchas veces son impedimento para poder cambiar el sexismo que hay en una empresa. En fin, es una edad en donde seguimos cargando con responsabilidades que ante muchos ojos son las adecuadas para mujeres jóvenes exclusivamente. 

El tiempo permanece, somos nosotras quienes nos movemos a través de él, y en un mundo lleno de expectativas sobre lo que deberíamos estar haciendo o no de acuerdo a nuestra edad, he aprendido que es mejor cuando nosotras somos quienes tenemos el absoluto control sobre nuestras decisiones, LAS QUE SEAN. Sí, tengo 30 y sigo siendo ignorante en muchas cosas, no lo sé todo, no tengo el control de todo, no soy tan responsable, no tengo la vida resuelta, sigo teniendo miedos, dudas, tristezas, nostalgia. Y sí, hago un esfuerzo todos los días por ser mejor, por crecer, por dejar de juzgarme tan duro por no hacer o no ser lo que otras personas a mi edad sí son. No soy mala adulta, estoy creciendo y evolucionando a mi propio ritmo. Eso es algo que le deseo a todas las mujeres, a mí también, deseo que vayamos con nuestros tiempos y dejemos de presionarnos por llegar a un punto el cual se estipuló que era ideal para los 30, pero que a final de cuentas, a otras personas les toma más o menos tiempo, y no es un tropiezo, ni un error.

Deseo que darnos cuenta de repente que queremos o no algunas cosas, sea porque tenemos el espacio y tiempo de asimilarlo, y no porque el mundo exterior nos presiona a hacerlo. También me gustaría que dejemos de pensar que por tener 30 años deberíamos cumplir con un cierto perfil, porque lo cierto es que no existe una sola forma de tener 30 y tantos años.

Texto de Camila Gutiérrez.

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