Mientras vivas en esta casa.

Los obstáculos para la adultez y  la sexualidad

“Mientras vivas en esta casa”, es una frase que probablemente todos mientras vivimos con nuestros padres escuchamos en repetidas ocasiones. Lo que significa es que mientras vivas con tus padres, tendrás que ajustarte a sus reglas y formas de vida , sin importar que estés de acuerdo o no, o si pudieran beneficiarte o no. 

En parte los padres  tienen bastante derecho de decir esto, ya que han construido ese techo en el cual vives, al igual que también pagan todos los servicios  y gastos esenciales , por lo cual pueden exigir que se cumplan sus reglas; sin embargo ese el precio que uno paga  viviendo con ellos ( ya que nada en esta vida es gratis) , ajustarse o en algunos casos incluso someterse  a lo que en esa casa se pide. 

Todo esto suena bastante lógico, si consideramos que este es el arreglo básico entre padres e hijos adolescentes viviendo en una misma casa, sin embargo ¿Qué pasa cuando consideramos que la realidad económica en México les permite a los jóvenes independizarse  en un promedio de 28 años de edad?  y esto debido a que los salarios de los jóvenes recién egresados de la carrera , difícilmente pueden llegar a pagar una vida  independiente. 

A esto se suman los factores socioculturales  que aun promueven  el matrimonio o el formar una familia como la única salida de casa de los padres hacia la adultez, no obstante este camino requiere aun mas de una importante  inversión económica para lograrlo  , por lo que las bodas hoy en día , difícilmente se dan antes de los 25 años como bien sucedía en generaciones anteriores.  

Lo que termina ocurriendo con la suma de todos estos factores,  es que  los jóvenes hoy en día permanecen en  casa de sus padres  hasta casi alcanzados los 30 años de edad  y para los padres a su vez, les  resulta muy difícil entender que sus hijos ya son todos unos adultos. Que difícilmente van a llevar a cabo una sexualidad como lo hacían cuando eran adolescentes , donde  los padres debían estar pendientes para protegerlos debido a su inexperiencia , o bien sienten que deben seguirlos guiando o controlando en sus decisiones, restándoles sin darse cuenta, la libertad necesaria para alcanzar la madurez que la vida les está exigiendo, es decir haciéndose  dueños de sí mismos y de sus decisiones aunque puedan equivocarse. 

Las consecuencias  que esta situación acarrea  son amplias, pero principalmente una de ellas es es el vivir constantemente con culpa frente a las exigencias familiares, ya que por un lado se está intentando vivir una vida propia , pero por el otro no se puede cumplir con todas las expectativas de los padres  y viviendo ambos bajo el mismo techo, el conflicto se hace muy evidente. 

Las dos aéreas que normalmente se ven más afectadas, como bien lo mencione, es la de las decisiones propias y la sexualidad, cuestión que además  afecta con mayor peso  a las mujeres, sobre todo si  entendemos que venimos de una herencia cultural  machista y patriarcal. 

En las generaciones  anteriores de nuestros padres y abuelos,  la mayor expectativa que se tenía sobre las hijas era que se “casaran bien”, es decir  que encontraran un hombre que pudiera  mantenerlas y que ellas a su vez  se dedicaran esencialmente a la  maternidad  a “formar una familia”; pero para lograr esto debían educar a sus hijas bajo ciertos principios, uno de los más importantes era el de cuidar la virginidad de las hijas , ya  que si experimentaban  su sexualidad antes del matrimonio,  no serían fácilmente elegidas como esposas;  cuestión que tristemente ha existido en diversas culturas a lo largo de la historia  y que como bien Freud lo menciona en su artículo sobre  “el tabú de la virginidad”,  este principio está encaminado a que la mujer sea  una posesión exclusiva del hombre, incluido su pasado sexual. 

 A esto también se suma,  si pensamos en la educación que recibían  las abuelas, a que en los años 40s o 50s  no existía la verdadera anticoncepción que tenemos hoy en día, por lo que si no se educaba a las hijas bajo reglas muy estrictas que evitaran  el ejercicio de  su sexualidad, se corría un riesgo muy grande  de tener un embarazo adolescente o antes de casarse. Además de que también contraían matrimonio a muy corta edad, por lo que muchas  de ellas no fueron a la universidad o bien nunca ejercieron un empleo como medio de vida  y difícilmente  estudiaron un posgrado.

Sin embargo todo esto ha cambiado drásticamente y resulta completamente obsoleto si entendemos la emancipación y autonomía que las mujeres han alcanzado y buscan hoy en día, el problema es que somos una sociedad basada en las tradiciones y nos resistimos al cambio , por eso seguimos pretendiendo educar moralmente a nuestras hijas, bajo los mismos principios de hace más de 70 años, donde las condiciones de vida eran completamente otras, sin preguntarnos siquiera si  esto actualmente trae más daños que beneficios, dado que la mujer  y las formas de vida han cambiado exponencialmente. 

El primer daño que esta educación provoca, es el vivir la sexualidad cargada de  culpa y connotaciones negativas, ya que la sensación es que se está faltando o se está errando en  algo, a pesar de que  la sexualidad es supuestamente un tema muy abierto hoy en día. El resultado es la incapacidad par poder disfrutarla, aun estando  ya  en un matrimonio  o fuera de casa de los padres , ya que estas cuestiones  se quedan impresas en el  inconsciente, sumadas a la complejidad que ya de por si tiene la sexualidad humana  y poder cambiarlas requieren de un trabajo terapéutico  importante. 

El segundo daño, es el de restar autonomía en las  decisiones a las hijas, ya que no se les enseña a ser independientes, a luchar por sus propios objetivos o a hacer las cosas de manera diferente; de lo contrario todavía se sigue esperando y valuando mucho el que las mantengan y que las protejan, más allá de alentar los logros profesionales o la capacidad de independencia económica; por lo que muchas ocasiones terminan convirtiéndose en hijas de sus maridos más que en mujeres esposas de estos. Y entonces los padres sin darse cuenta, las dejan poco preparadas para la vida, ya que un matrimonio o una relación de pareja jamás contara con ninguna  garantía y si todo está depositado en esto, terminan  aun más desprotegidas. Porque  finalmente lo más valioso que puede tener alguien en esta vida, sin importar su género,  es la capacidad y la seguridad de saberse bueno en algo o para algo  y poder ejercerlo. 

Afortunadamente cada vez  son menos estas historias y cada día hay más mujeres emprendiendo o alcanzando diferentes formas de éxito que no únicamente conllevan el formar una familia. Sin embargo considero que así como nos hemos ido logrando adaptar a tantos cambios y modos de vida recientemente, es necesario replantear las expectativas, los valores y  las reglas, a pesar de que los hijos adultos sigan en casa, sobre todo en lo que respecta a las hijas,  donde desafortunadamente siempre tiende a recaer el  peso de  lo social , simplemente  por contar con la capacidad  biológica de ser mamás, cuando  hoy en día  más bien se trata  una elección personal.

Más bien debemos educar a que sepan decidir , arriesgarse , equivocarse, levantarse  y también a que puedan conocer a una pareja con la cual emprender un camino , pero para esto también hay que conocerla  desde  lo sexual , ya que  los hombres hoy en día, afortunadamente ya no eligen a la mujer únicamente  por  su virginidad , sino que de lo contrario buscan una compañera con la cual entenderse en un  nivel horizontal. 

Tenemos que replantear lo moral y  o sexual, si no queremos seguir perpetuando modelos patriarcales, obsoletos  e ineficaces que en lugar de avanzar traen problemas en el ámbito de la sexualidad,  el estancamiento y retroceso como sociedad. 

Colaboración por: Cecilia Alcocer 

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