¿Culpable por no vivir en «estado light»?

En una cultura en la que reinan las conductas alteradas de alimentación (entiéndase “desórdenes de alimentación”) como referente de lo que “debemos comer”, ser capaces de escuchar a nuestro cuerpo y cubrir sus necesidades es todo un desafío. 

En nuestro contexto cultural NO es fácil sentirnos cómodos cuando comemos. Hacer “dietas” se ha convertido en la normalidad, y tristemente el dolor que causa la restricción alimentaria pasa desapercibido. Incluso a veces es hasta lo que se espera de las mujeres, cada vez más común también en los hombres. 

¿Y viviendo en esta sociedad tan atravesada por la cultura de las dietas, cómo explicarle a mis jóvenes pacientes (y a las no tan jóvenes) que no es obligatorio odiar nuestros cuerpos y sentir terror al comer?

Hoy más que nunca me sentí muy triste e impotente cuando una joven paciente, que ha trabajado arduamente en sanar su relación con su cuerpo y con la comida, vuelve tras unos días en la playa y me cuestiona sobre qué tan segura estoy de sí trabajar en la aceptación y el amor incondicional hacia mi cuerpo es el camino indicado. ¿Sí estoy segura de que comer sin hacer dieta es realmente cuidarse? ¿Y cómo NO estar llena de dudas, si al mirar a sus ejemplos de vida (madre, tías, mamás de sus amigas…) lo que se encuentra son mujeres obsesionadas con su peso y con su cuerpo, mujeres que van huyendo de su edad, de su etapa de vida y de los cambios que esta conlleva?

Mujeres que viajan cargadas de comida “saludable” y hacen alarde de lo mucho que se cuidan. Mujeres adultas que van atropellándose entre ellas mismas y de pasada arrastran a sus jóvenes hijas. Mujeres que no se dan cuenta del dolor terrible que están viviendo sus hijas, la vergüenza de habitar en un cuerpo que no cumple con las expectativas de sus propias madres y contemplar en ellas los mismos cuerpos extremadamente delgados que ven en las revistas y redes sociales. 

¿Cómo explicarle a estas jóvenes mujeres, que ésa no es la vida? Que no deben sentirse en competencia constante con nadie y mucho menos con sus propias madres. Que NO es normal viajar con una maleta llena de tostadas de nopal y amarantos de menos de 2 calorías, y no permitirse nunca disfrutar de un alimento que no sea “light”. 

Este ideal de belleza inalcanzable (o al que únicamente es posible rozar renunciando a nuestra paz y a nuestra libertad) resulta en la desconexión de nuestros cuerpos y en la perpetua desconfianza de lo que necesitamos cuando de comida se trata. Ojalá que este texto le sirva a todas las mujeres que lo estén leyendo para entender que la cultura de las dietas sólo nos hace creer que las señales de nuestro cuerpo deben de ser ignoradas y que nunca jamás debemos dar rienda suelta a nuestros deseos; y que esta es la terrible enseñanza que hemos ido pasando de generación en generación. Ojalá estas palabras logren alcanzar en lo profundo, aunque sea a unas pocas; porque con una que sea valiente y cambie esta narrativa, será que iremos cambiando todas.

Escrito por: Raquel Mizrahi Chiver.

Licenciada en Nutrición.

Especialista en Trastornos de la Conducta Alimentaria.

Especialista en Adicciones. 

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