Lo que México no quiere admitir.

A raíz de todo lo sucedido con George Floyd en Estados Unidos, surgió un enojo mundial, y con ello, un movimiento que ha comenzado a impactar a diferentes países de diferentes maneras. En México, por ejemplo, se ha abierto el debate sobre racismo, clasismo, y brutalidad policíaca, los cuales han sido normalizados; muchos de los problemas con los que cargamos los tenemos tan, pero tan interiorizados, que a veces pareciera difícil cavar hasta el fondo. Aún así no es imposible, puede tomar tiempo, pero hay que comenzar a actuar.

Actualmente no solo enfrentamos la peor crisis por COVID-19 superando los 100 mil casos, sino que con ello se ha destapado una crisis social que va desde la falta de confianza hacia las autoridades las cuales parecieran estar jugando, y quienes somos parte de la sociedad civil mirando hacia todos lados, viendo como precisamente, navegamos esta tormenta en diferentes modos, algunos en lancha, otros yate, otros nadando con sus propios brazos tratando de no ahogarse. ¿Quiénes son las personas más afectadas? La clase que es, irónicamente, la esencial para mantener a flote un país, la clase trabajadora, la cual ha sido explotada por grandes empresarios, quienes olvidan la humanidad en cuanto hay que proveer a miles de familias con condiciones óptimas para que no se expongan a un virus. Las y los indígenas, por ejemplo, no es la primera vez que sufren en silencio. La gente en los campos, la gente obrera, cuyos derechos han sido negados en diferentes ocasiones y han sido abandonadas y abandonados a su suerte.

Giovanni Lopéz era un albañil que salió a cenar, estando en la banqueta, llegaron 10 policías aproximadamente a llevárselo porque no tenía cubrebocas, el cual por cierto traía en la mano. Cabe mencionar que el gobernador del Estado de Jalisco, en donde ocurrieron los hechos, dio luz verde a la fuerza pública, pero, ¿es esto lo que queríamos? ¿que a alguien le arrebataran la vida de esa forma? Por supuesto que no, no tiene ni punto de comparación. El vídeo que circula en redes muestra a gente pidiendo que lo dejen en paz, que no está haciendo nada, que van a ir por él, pero lo único que recibió su familia, fue el cadáver de Giovanni, quien fue brutalmente golpeado, y asesinado por la policía.

No, no fue en Estados Unidos, fue en Ixtlahuacán de los Membrillos en Jalisco.

Otro caso fue el de Oliver Lopéz, quien murió tal cual lo hizo George Floyd, asfixiado, con una bota de un policía sobre su cabeza. Según la versión contada por medios nacionales como el periódico Reforma, elementos de la policía acudieron porque se había reportado que Oliver estaba bajo efecto de sustancias prohibidas, lanzando piedras a personas de una gasolinera en Tijuana, ¿era necesario matarlo? No.

Ambos vídeos se volvieron virales un mes después de que presuntamente los grabaran. Ambas historias de diferentes Estados, pero con una narrativa que se sostiene en nuestra sociedad: En México también hay voces minimizadas, invisibilizadas, y existe la brutalidad policíaca. De hecho, a la familia les ofrecieron $200,000 MXN para guardar silencio, como si el dinero comprara una vida, o pudieras poner a la venta los derechos de civiles. Simplemente inadmisible.

Como si pareciera poco, los feminicidios siguen en México y, es que con la pandemia muchas quedaron encerradas con su agresor. Hace un par de semanas una estudiante del Estado de Nayarit fue encontrada muerta, hace unos días se anunció que habría sido su propio primo quien la mató, y no solo eso, sino que al momento de recopilar evidencia, encontraron una libreta con pasos para asesinarla y comérsela, además de cosas que calificaron como «mucho peores», lo que ahora toca ver, es que realmente haya justicia y que ese sujeto jamás vuelva a pisar la calle. Otro caso que ha causado revuelo, fue el de Michell, en el Estado de Puebla, quien tenía dos años de haber terminado con su ex novio por violencia, pero logró convencerla hace unos días de verse, la encontraron con signos de violencia sexual y actualmente está inconsciente.

Estos casos se han vuelto mediáticos, pero en realidad, ¿de cuántos no habremos sabido que hayan ocurrido y hayan quedado en impunidad? En un país en donde hay fosas clandestinas por doquier, la lista sería interminable, y los nombres de muchas de esas personas, jamás los sabremos. Además de que, ser mediáticos no garantiza que exista justicia y un cambio de raíz en el sistema.

Con las protestas en EU, viene la reflexión: ¿Qué podemos hacer para cambiarlo? Y aunque pareciera inofensivo, el lenguaje que tenemos es tan solo el comienzo; decir «india» como ofensa, utilizar palabras como «prieto», asumir que una persona por ser morena es peligrosa, son solo unos ejemplos de lo que propicia y alimenta más de lo que imaginamos, el racismo, el clasismo, la desigualdad social, y la violencia. Como varios usuarios de Twitter han señalado los últimos días, México padece de los mismos males que EU, pero no quiere verlo. Lo padece desde el momento en que «influencers» o personas públicas omiten opiniones desde el privilegio diciendo cosas como que en México no existe tal segregación, o que cuentes hasta 10, te calmes, y le pidas por favor a tu agresor que no te golpee, que no te humille. Desde lo que consumimos y a quienes seguimos podríamos ir erradicando el problema.

México no visibiliza a sus comunidades indígenas, afromexicanas, asiáticas, y marginadas como debería. No lo hemos hecho como debería ser, lo cual duele, lo cual la pone a una a dar mil vueltas en espiral sintiéndose irresponsable por no darle más espacios, más voz, a estos grupos que sufren, que en ocasiones no son tomadas en cuenta, que son abusadas, silenciadas, dañadas de por vida. Yo en lo personal, al ver esta ola de violencia, y la reflexión que ha traído consigo, siento una responsabilidad muchísimo más fuerte que antes de levantar la voz, de cuestionar, de educarme, de acercarme, de ayudar. Pero quienes siguen en una burbuja privilegiada, ¿podrán algún día ver la realidad o, permaneceremos alienados de otras historias, otras realidades? Espero México despierte, y admitamos de una vez que no hemos hecho lo suficiente por mejorar.

Hoy tomemos la decisión de ser parte del cambio, y no permitir que más historias de injusticia queden sepultadas en la tierra.

Texto de Arte Jiménez

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