Trabajo sexual: ¿Abolirlo, o regularlo? (Parte 1)

Cuando hablamos de trabajo sexual surgen dos posturas: Una desde el movimiento abolicionista, y el otro, considerado liberal. Ambos tienen distintos puntos para defender su postura, sin embargo, ¿Cuál postura beneficia realmente a las mujeres y, sus derechos? Quizá podríamos llegar a una conclusión después de este post, o tal vez podríamos ampliar nuestra visión sobre el tema.

Para poder sostener una postura es importante el análisis, y para poder ahondar en el tema, hay que ir hasta sus orígenes. Cuando creamos una marca o servicio pensamos en atender las necesidades y/o gustos de un público en específico, cualquier mercadólogo o marcadóloga diría que lo que no es rentable, no es un buen negocio. En el caso del trabajo sexual, aplica exactamente el mismo principio, se vende sexo porque existe demanda de él. ¿Esto es liberador y empoderador, o tiene una relación directa con la opresión de las mujeres? Si bien el feminismo liberal argumenta que las mujeres son libres de tomar decisiones por ellas mismas, su cuerpo, y lo que hagan con él, el feminismo radical argumenta que su relación con saciar las necesidades de los hombres, ofreciendo el cuerpo, lo vuelve un tema a debatir, contemplando la abolición.

¿Es o no malo el trabajo sexual? Seamos objetivas en este sentido, si el Estado, y los hombres no mantuvieran a flote la prostitución con su consumo ni dinero, no existiría como opción para muchas mujeres. El argumento de «es que no tengo dinero y es el único modo que tengo ahora para ganar dinero», es parte del ciclo vicioso. ¿Qué pasa con un negocio que no tiene clientela? Se agotan sus recursos hasta su quiebra, entonces, deja de ser opción trabajar ahí. La cuestión es que en países como México cuyo desarrollo y crecimiento económico son deplorables, la prostitución parece crecer sin cuestionarnos aquello que ha traído a mujeres, niñas, niños, a este negocio.

Analicemos uno de los escenarios más preocupantes en México: La trata de personas. Es bien sabido que existen diferentes redes de prostitución en todo el país manejadas por proxenetas, quienes se benefician de las ganancias monetarias, exprimiendo así, a personas con necesidades, que muchas veces son engañadas, así como secuestradas, dichas personas terminan en la prostitución, y no solo eso, sino que se convierten en víctimas de explotación. ¿No es entonces apropiado llamarle a esto, violencia sexual? Después de todo no son las condiciones que desean, no es su vocación, no es su lugar.

Existen diferentes circunstancias en las cuales el trabajo sexual se convierte en violencia sexual, un ejemplo común son las violaciones las cuales suceden bajo la justificación de «es que es prostituta, para eso pagué». Es por eso que desde la perspectiva liberal esto debería trabajarse, ofrecer a quienes desean dedicarse a ello tener contratos, derechos, y que no sean un sector vulnerable a sufrir cualquier tipo de agresión o irregularidad. Supone que con la regularización desaparecerían los problemas, ofreciendo mejores condiciones, pero, ¿Realmente es la solución?

Por su parte, muchas feministas critican la abolición de la prostitución pues creen que eso solo alimenta los estigmas, además de que hace que las mujeres se orillen entonces, a la clandestinidad en caso de ser prohibido. Por otro lado, muchas feministas defienden la abolición señalando no únicamente que existen menores de edad dentro de esta red, sino también el poder patriarcal en ella la cual es clara: Dinero = poder, autoridad, condicionamiento sobre la verdadera liberación sexual femenina, cayendo de nuevo en la subordinación de la mujer. En países como México en donde la violencia hacia las mujeres ha crecido de manera exponencial, las denuncias no son atendidas y muchos agresores sexuales salen libres, es imposible pensar en un escenario en donde la regularización sea óptima, pero sobre todo, respetada.

Entorno a la conversación sobre la liberación sexual femenina está claro entender que las mujeres deben practicarla de la manera que les plazca, pero, ¿es así dentro de esta industria, o terminan ahí porque la necesidad y proxenetas pueden más? En mi opinión, se trata de la segunda alternativa. Con ello no se habla de que quienes viven de ello no merezcan derechos, sino que merecen más que eso, se trata en realidad, de vivir sin bailar debajo de la nube que habitan los hombres, su dinero, su misoginia, y la absurda idea de que el sexo es una necesidad que las mujeres debemos satisfacer a través de nuestros cuerpos.

Hay quienes buscan su regularización para que sea reconocido como cualquier otro trabajo; hay quienes buscan la abolición para sancionar a clientes y proxenetas; por último tenemos a quienes están a favor de su prohibición, lo cual es sancionar a quienes lo practican. ¿Debemos perseguir a uno, o a las otras? Sin duda, a quienes ejerzan su poder sobre las mujeres de manera física y económica, esto por su parte no criminaliza a las mujeres, de hecho, habría que ver las posibles soluciones, las cuales ya son parte de la deuda histórica que hay hacia ellas.

Regresando el tiempo, es importante recordar que la prostitución fue algo recurrente en culturas como la fenicia, china, romana, hindú, y entre ellas había diferencias dentro de su práctica. En algunas la prostitución se llevaba acabo bajo el permiso de autoridades políticas y religiosas, de hecho era parte de muchos rituales hacia diferentes diosas y dioses, como en el caso de la cultura azteca, y la diosa de la purificación, Tlazolteotl, conocida como diosa de la pasión y lujuría. ¿Es, entonces, su largo historial un justificante para no abolirlo? ¿es normal? ¿es bueno o, malo? ¿por qué cuestionarnos ahora este tema?

Bien, hace miles de años la prostitución surgió por la misma razón por la cual sigue vigente: La mujer es vista como un objeto, que es un medio, con un fin, y el fin varía dependiendo del contexto, pero retomando lo mencionado en párrafos anteriores, esto es meramente el cumplir con ofrecer placer, acompañamiento, sexo, a un hombre, ¿Somos un helado de chocolate? No, tampoco somos televisiones, sin embargo, la prostitución ha puesto en dicha posición al género femenino, así como a muchos infantes. Esto también es una preocupación para el feminismo radical: la objetificación de la mujer, niñas, y niños.

Sería hipócrita ignorar la cantidad de niñas y niños que son víctimas de la trata de personas, su hipersexualización, así como la existencia de pedófilos que incluso han alegado que es normal sentir atracción hacia menores en las últimas semanas a través de grupos en Facebook, y hasta diseñando su propia bandera queriendo añadirse a la comunidad LGBTTTIQ, cuando la pedofilia no es una orientación sexual. Aunado a esto, tenemos los cárteles de droga, los cuales parecen no tener suficiente, por lo que han mutado a traficar personas. Se conocen algunos grupos en Guanajuato y Ciudad de México, los cuales organizan de dos formas: Personas para sus negocios con la droga (como sicarios, o para transporte de su mercancía), y para traficar de manera sexual obligando a mujeres a dedicarse a algo que claramente, no es lo suyo.

Un caso particularmente asqueroso fue el del líder religioso en la secta «La Luz del Mundo», Naason Joaquín García, afrontó cargos en Estados Unidos por violación y trata de personas, pero al final quedó libre, ¿y toda la basura que destaparon, la cual fue subestimada? No sirvió para nada, entonces, ¿qué podemos esperar realmente en México? Que diferentes personalidades sean proxenetas sin enfrentar las consecuencias de ofrecer deliberadamente el cuerpo de mujeres, niñas, y niños a cambio de dinero que los enriquece.

Tomando en cuenta sus orígenes, la prostitución jamás se trató sobre la liberación sexual femenina, se trataba sobre obedecer reglas de terceros, de autoridades políticas y religiosas, no porque así lo desearan, sino porque así se les designaba. No era algo que sucediera bajo sus propios términos, sucedía por acatar órdenes. Jamás se trató de elegir, fue algo que se mantuvo a lo largo de la vida humana, y hoy hay que preguntarse: ¿Esto surge por vocación o porque los hombres mantienen el negocio a su beneficio? ¿Por qué si nos proclamamos en pro de la autonomía de las mujeres, seguimos solapando sistemas que lucren con nuestros cuerpos?

En 2017 durante el Foro sobre trabajo sexual y trata de personas llevado acabo por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Rita Hernández, directora de la Comisión Unidos vs. Trata A.C., dijo que tras hacer estudios de la mano con otras universidades los resultados arrojaron que el 82% de la víctimas de trata con fines sexuales son mujeres, y más del 50 por ciento son menores de edad, así como que el 83.3 % de ellas inició antes de los 16 años. Lo cual refleja que, realmente hay más que indagar, conocer, y analizar, como los engaños, manipulación, amenazas, que las mujeres enfrentan, también que, México es fuente, tráfico y destino de muchas personas, por lo que, no se trata de un estigma, se trata de un grave problema.

Surgen distintas preguntas como: ¿Si la prostitución jamás hubiera existido, sería la mujer quien por convicción propia diga que su vocación es complacer a un hombre? ¿O se trata de algo que normalizamos al punto de verlo como una alternativa benévola? Quizá esto es a conveniencia de unos cuantos, porque donde hay control, hay opresión. En donde hay autonomía económica, hay libertad.

Texto de Arte Jiménez

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La segunda parte de este post será publicada próximamente.

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