El día en que te vi por primera vez.

Por: Katia García

“Y aunque no siempre he entendido mis culpas y mis fracasos en cambio sé que en tus brazos el mundo tiene sentido”

– Mario Benedetti

Suelo ir recorriendo cada calle de la ciudad, mirar a todas partes y observar a la gente pasar; con sus suéteres coloridos, con gafas si hace calor, con un sombrero que cubre todos los misterios que oculta. 

Esta vez no estaba en alguna avenida, me encontraba sentada en una banca negra dentro de un salón de clases, lista para comenzar mi día con una materia que a todos nos mantenía en curiosidad, como es lo cotidiano del primer día de clases, ver cómo cada alumno entra; chicas sin mucho peinado y poco arreglo, una que otra cuidando cada detalle; empezaron a pasar los hombres, algunos de tez morena, otros de tez blanca; con jeans azul, playera casual cada uno vestido como debería hacerlo un estudiante en su primer día de universidad… Hasta que él entró: No era como los demás chicos, portaba el cabello arreglado y brilloso, ondulado como las olas del mar al agitarse por la marea, su piel lucía tersa y totalmente blanca como la nieve de cada Diciembre, ¡sus ojos! apenas podía mirarlo, porque en su mirada estaba la luz del cometa que aterriza cada cuatro años, portaba una playera negra de Guns N’ Roses haciendo notar que la música es fundamental para él, sus jeans moldeaban su delgada figura.

No podía creer lo que había pasado, mi mente estaba absolutamente segura de que él no era alguien más, y que en definitiva tenía que agarrarme el valor para levantarme y hablarle, pero no era así, por que en mi interior los nervios estaban de punta y no sabía cómo reaccionar ante eso. Cuando él tomó asiento para tomar clase decide colocarse a lado de la pared y yo justamente estaba a lado, no podía sentirme más emocionada y nerviosa por querer darle la primera palabra para conversar, pasó la clase cuando de repente el ventilador comenzó a crujir por lo que me causó un poco de risa, así que voltee hacia donde se encontraba su banca, me vio, y también exhaló una risa por el chirriante crujido en medio de todo el silencio en el salón. 

Conforme el semestre fue pasando, él y yo formamos una muy grande amistad, compartimos todo tipo de anécdotas y pasatiempos, creamos un lazo muy fuerte de confianza por lo que pensé: «Se ha convertido en mi mejor amigo, no puedo decirle que aquí hay algo más que amor». Cada día que lo conocía más, me sorprendía de lo impactante que ha sido para cada persona en el salón conocerlo, siempre que alguien se acercaba a él le sacaba una buena sonrisa con un chiste, una palabra, una acción graciosa, me di cuenta que es un ser como el sol, alumbrando por todos lados, a quienes tenían un cielo nublado o un día lluvioso. 

Llegó el quinto semestre, finales para ser exactos, y entre una plática como las de todos los días en que si uno debería hacer esto o no, de mi boca salió decirle la verdad, – He estado enamorada de ti desde primer semestre -, le dije, él rió y me dijo que si estaba jugando, -Para nada estoy jugando -, respondí, las risas de ambos brotaron como suele pasar entre nosotros, – Yo también he estado enamorado de ti desde que entramos – me dijo. Fue ahí cuando comprendí que el amor a veces está enfrente de nosotros, como cuando nos pasamos buscando el lápiz y lo tenemos en la parte de arriba de la oreja.  

Desde ese día las cosas comenzaron a cambiar entre él y yo, sabíamos que ambos necesitábamos esa oportunidad, pero mi miedo me ponía en duda, mi corazón sabía perfectamente que él era lo que siempre había deseado, pero mi mente me decía que no por que no quería perderlo si algo malo fallaba, y bueno, me costó un par de semanas pensar, hasta que me entré en razón y supe que quería ser feliz, con él, por que lo anhelaba más que cualquier entrada para un concierto, así que llegó mi cumpleaños y por supuesto que lo iba a invitar, llegó tan arreglado como de costumbre, con su camisa negra a juego con sus jeans, el sombrero negro que lo hace ver tan apuesto y magnífico, mi mejor amiga y mis demás amigos llegaron después de un rato, el tiempo se pasó con mucho baile, risas y unos cuantos tragos, llegó la deleitante noche, sabía que necesitaba tomar aire por que el calor que tenía encima era bastante golpeador, él me acompañó afuera del lugar donde nos encontrábamos, estando ahí no resistí más así que me abalancé hacia él y le exclamé: – ¿Quieres ser mi… hasta que él me interrumpió  y me dijo; no no, no dejaré que me lo digas, me abrazó y me susurró: ¿Quieres ser mi novia?, a lo que respondí con un desenfrenado si por respuesta. 

El amor que llevo sintiendo desde aquel diecinueve me tiene firme y feliz conmigo misma y con todas las decisiones que suelo tomar, el sentimiento de querer ser mejor para ti misma, y para tu pareja es gratificante en todo sentido, relato esta historia para todas las personas que sienten algo por alguien y se decidan a abrir su corazón, por que nunca es tarde para el amor, y por que está en donde menos creemos que está, por que también la vida se pasa volando y no sabemos qué pasará el día de mañana, amen en grandes cantidades, no solo con su pareja, si no con sus amigas, amigos, familia y trabajo, el amor es la manifestación más sana y curativa que podemos tener y compartir. 

Me enamoré de mi mejor amigo, en la persona que siempre ha creído en mí y a él le dedico todas estas palabras, así como todos mis días y mis pensamientos, siempre te amaré como el día en que te vi por primera vez. 


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