Cómo si todas muriéramos…

«Hacer un paro no solucionará nada», y es cierto, no es una cura milagrosa a un mal tan arraigado a nuestra sociedad. Pero lo que también es cierto, es que, si dejáramos y dejaran de minimizar lo que hacemos en casa, en una empresa, en una escuela, sabríamos que nuestra voz y, presencia, son igual de esenciales que las de un hombre que se dedica a reparar cables de electricidad, incluso más fuertes… ¿No somos, acaso, la raíz de la vida? De nuestro centro nace la vida, nacen ellos y ellas.

Leía el otro día algo que decía: «Si los hombres hiciéramos paro, no habría taxis, metro, electricidad, servicios de agua, quien dirigiera la mayoría de las empresas, y la economía se paralizaría el doble», pero, ¿No se han preguntado por qué no hay mujeres ahí, en sus mismos campos? La explicación se extiende en una oración: «No tienen las mismas capacidades, y además hay muchas que necesitan atender a una familia», y con ese argumento, que parece caer en el resentimiento sin entender la simbología detrás de este paro nacional, la falta de equidad sale a asomarse bailando contenta.

Dicen, «Es que es una tontería», ¿Tontería? Quiero explicar por qué es todo menos eso, y por qué México debe tomar este día, como un día de reflexión:

El nueve de marzo es una simulación de desaparición, de ausencia, de espacios vacíos, de silencios, porque después de todo, en 2019, así pasó… Más de 3,000 mujeres no volvieron a casa, o estaban en ella y murieron en manos de quien les dijo un día que «las amaba», y en lo que va del 2020, la narración no ha cambiado en nada. Ingrid, Marbella, Fátima, Ivana, son solo algunos nombres que flotan entre tweets, comentarios, pero, el primer feminicidio del año sucedió, justamente, un 1° de enero, y nadie escuchó de ello, porque estos monstruos son silenciosos, y a la vez, mafiosos.

He escuchado a gente decir: «¿Y qué hacemos con los hijos?», exacto, ¡Qué pregunta tan más atemorizante de responder! Y aquí viene el propósito del paro: La reflexión y, responder ante preguntas como esa. ¿Qué haría si mi madre no estuviera, o mi hermana, o mi tía, o que harían los demás si yo no regresara a casa? Porque ya vivimos con una violencia normalizada, sin valorar lo que somos, y quienes son para nosotros, esas mujeres. ¿Qué harían tus hijos si te violaran, y después te tiraran en un baldío?, ¿Qué haríamos si ellas, las mujeres que amamos, no vuelven?

Ahora, responde: ¿Qué harían en tu casa si no estuvieras? Y articula bien la respuesta, porque en 2019 más de 4,000 niños (as) y jóvenes, quedaron huérfanos (as). No volvieron a saber de sus madres, las esperaron, a algunas no las han encontrado, y a quienes han encontrado respuesta, viven muertas y muertos en vida.

Dice el presidente que esto es orquestado por la derecha para afectar su gobierno, ¿Ustedes realmente creen que el dolor tiene precio? Por supuesto que no. Sacan a relucir una fotografía de una activista con Calderón, ex presidente de México, para justificarlo todo, pero, ¿Que no igual muchos creyeron que después de 18 años de campaña de Andrés Manuel, el cambio llegaría con su gabinete? En el pasado muchas personas creyeron, y han creído erróneamente. Ojalá y al activismo se le aplaudiera y diera algo, pero lo único que se recibe son balazos, no abrazos.

¿Cómo podríamos estar con izquierda o derecha cuando ambos han atentado en contra de los y las indígenas? Cuando las historias de terror sobre el ejército y las mujeres inmigrantes callan verdades absolutamente dolorosas, como que, estamos a la deriva como ciudadanía, no tenemos garantías, no tenemos protección. Nos enfrentamos a la espada y la pared, cerrando los ojos, día tras día; mes con mes; año con año. El enojo es colectivo, la injusticia lo provocó. Y con ello, surge el coraje.

¿Quién financia a Frida Guerrera, la activista aguerrida? El dolor, señoras y señores, el dolor de ver como te arrebatan la vida sin más. La rabia de saber que, no está en tus manos, para nada, controlar la violencia que azotó a tu país, a tu gente, en tu pueblo lejano. Por eso desaparecemos…

Porqué la gente se ha olvidado que se necesitan dos personas para bailar el tango, que uno se detiene sin la otra, pero sin tan poco importamos, entonces que bailen solos, porque al final sus burlas, solo denota la falta de compromiso hacia las mujeres que les rodean, ¡Total! Si mañana desapareciera el amor de su vida, su hija, su mamá, daría igual.

Desaparecemos, porque es la realidad de México, porque es más probable sufrir violencia de género, a que muchas tengan una carrera profesional próspera. Desaparecemos. Hoy lo harán 10 mujeres más mientras escribo esto. Desaparecemos. Cuando nos arrancan los sueños. Desaparecemos. Cuando nos arrancan la inocencia. Desaparecemos, aunque ya no nos encontramos, porque, ¿En dónde estamos paradas realmente, cuando mañana podremos no seguirlo estando? Desaparecemos. Con esperanza de que los demás reflexionen, y nosotras reflexionemos. Desaparecemos. Y nuestros gritos ahogados, los años pasados, los carpetazos, se acumulan en la mesa dando principio, a algo que merece un fin.

Desaparecemos, aunque ya nos habían desaparecido antes, cuando por el miedo dejamos de ser quienes queríamos, libres como liebres, ruidosas como el trueno. Desaparecemos.

Texto de Arte Jiménez

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