Así fue vivir con un desorden alimenticio.

Esta no es la historia de la prima de una amiga, es una historia que viví en carne propia, la cual pretendo compartir para que se deje de asumir que un cuerpo delgado es sano, y que en sí, promovamos la salud sin caer en ningún extremo. Hoy quiero compartir un poco sobre mi historia:

Todo esto comenzó mucho antes de que el internet fuera un eje tan importante de comunicación, yo tenía 13 años cuando se agudizó. Sabía que estaba mal esconder mi lunch para que mi mamá pensara que había comido; sabía que estaba mal estar obsesionada con ser delgada al punto de obligarme a hacer ejercicio que no disfrutaba; sabía que estaba mal pretender que todo estaba bien cuando estaba mal. Lo sabía, pero aún así no dejaba de verme con desprecio. Qué loco. Ahora no imagino hablándome del modo en que solía hacerlo.

En mis más rudos diálogos internos me decía que era fea, y que no podía ser digna de amor de nadie si seguía siendo «gorda». Cuando analizo todo lo que me llevo a hablarme así, entendí que era una presión que probablemente no estuviera viviendo sola. Y que esto se generaba a partir de la desinformación, estereotipos, y los medios vendiendo a las mujeres como un maniquí en exhibición bajo ciertos lineamientos.

Por parte de los medios siempre vi a rubias delgadas en papeles protagónicos, y cuando no eran lo suficientemente delgadas terminaban confesando años después que sufrieron presión para ser más un molde, como pasó con Hilary Duff o Lindsay Lohan. En mi mente, el sinónimo de belleza era delgadez, era poder lucir un crop top con una cintura de avispa. Era que los hombres me voltearan a ver, y qué equivocada estaba…

Me pregunté porque había comenzado a desaprobar los cuerpos «llenitos» o gordos, y todo tuvo su raíz en que, era algo no bien visto, nada estético, y no tenían la aprobación de consumo. Conforme crecí me enteré de cosas como el Photoshop, las cirugías plásticas, y que realmente el cuerpo de la mujer era visto como un producto que, si colocabas en portadas de revista, generaba más dinero, que si explotabas en la pornografía, generaba más dinero, que si vendías a una red de trata de personas, generaba más dinero. Qué turbio y oscuro se volvió el mundo, ¿No?

No voy a enredarme en un papel de víctima, porque finalmente, aunque fueron años después, aprendí a responsabilizarme. Porque sí, todas y todos vivimos cosas tal vez traumáticas, dolorosas, penosas, pero el resultado de ello depende meramente de nosotros. Ha sido un largo camino; desde que dejé de mentir y empecé a comerme el lunch, hasta que encontré alivio en salir a correr o caminar, o hacer nada en absoluto.

Aunque los medios convencionales sigan siendo una basura, alienta el saber que ahora, uno puede promover el quererse mucho, a través de diferentes portales en internet, como éste, en donde se abraza la diversidad, queremos romper estereotipos de belleza, queremos ser latinas de todos los colores y sabores que se sientan bien y sean representadas.

Ahora que he cuestionado todo, y que me he puesto a trabajar en mí, llegué a la conclusión de que ese odio por mi cuerpo había sido creado por juicios tóxicos que dice la gente sin ponerse a pensar en cómo se siente la persona; y que en vez de idealizar un cuerpo delgado, escultural, se respete que no todo mundo aspira lo mismo, que la salud va más allá de lo que vemos adornando las superficies de las personas.

Amo mi cuerpo, en realidad. Hay días en los que me gustaría cambiar algo de mí, pero al final me hago la pregunta: «¿Para qué?» Cuando mi aprobación es realmente la única que me interesa porque nadie me conoce mejor que yo, porque nadie sabe lo que he pasado, más que yo. Porque estoy harta de vivir en un mundo en donde creemos que las fotografías de las revistas son modelos a seguir, pudiendo definir quienes somos a partir de lo que nos hace diferentes.

Y hay que ser sinceros, los desórdenes alimenticios se han creado a raíz de sentir presión por idealizar lo que otras personas creen que es estético, no lo que se sabe que es saludable. Porque, puedes tener un cuerpo delgado a raíz de la depresión, de la anorexia, de la bulimia, y eso no es bueno para nadie, ni para ti ni para mí, ni mucho menos para las generaciones más jóvenes.

Texto de Arte Jiménez

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