Las cosas que perdí, pero al final me hicieron ganar.

Resulta gracioso hacer el recuento de los hechos, los daños, y las ganancias anuales, porque uno jura y perjura que nada cambió, que el saldo en vez de aumentar, tuvo decesos al haber perdido personas, oportunidades, trabajos, amistades, amores… Pero ahora que estoy haciendo todos los cálculos sé que, a toda pérdida, le corresponde su ganancia, y que toda ganancia tendrá su área de oportunidad.

Transición, no hay otra palabra. Del pasado, a abrazar el presente; de aceptar errores, y evolucionar para ser mejor; de caer en desesperación, a creerme capaz de hacer lo que sea; de hundirme en ansiedad, a sentarme con calma a hablarme con cariño; de dejar pasar desapercibidos los momentos que no vuelven, a agradecer cada uno de ellos; de creer que lo sabía todo, a darme cuenta que no tengo ni puta idea; de no saber qué camino tomar, a reconocer la belleza del que piso ahora.

Y así, como el viento sopla y se lleva consigo las hojas de otoño, la yo que comenzó el año parada en otro punto, se desvanece en mi interior. Aquí y ahora me doy cuenta que, por mucho que hubiera seguido un plan ideal, que hubiera armado la lista perfecta de pendientes, la vida tiene sus propios planes, a veces le da por reírse en tu cara, diciéndote: «No, eso no es lo que harás», y te pone en donde menos pensabas, con quienes menos esperamos.

Los giros inesperados de la vida son aquello que quizá más necesitábamos… Tal vez queríamos algo completamente opuesto, y aunque duele a veces, hay que aceptar que hay cosas en nuestro control, como dejar de comer donas, o comer más fruta, pero hay nudos y desenlaces que solo Dios (si crees en uno), el universo, la vida, pueden determinar. La ironía de vivir es que lo único que se acaba es la vida, mientras estamos ocupados tratando de resolverla.

Así que, para cerrar con broche de oro no te voy a enlistar mis logros, ni las veces que me fue bien, ni tampoco cuando me sentí bien, te voy a contar que, la pasé fatal; hubo un punto en el año en que solo quise dejarlo todo atrás y conseguirme un sueño más costeable, más sencillo, menos alto. Hubieron noches en lo que lo único que quería era desaparecer; intenté, de muchas maneras, minimizarme diciéndome que no era suficiente, y que probablemente no llegaría a ningún lado. Hubieron días en donde la comida no me sabía a nada, y el dolor lo podía todo; eso sí, detrás de un Instagram perfecto, sabía esconder mis penas.

Puedo decirte que, no se cumplieron mis deseos, que no todo lo que hice me gustó, que no estoy en el punto deseado, pero ya no corro deprisa con tal de querer acallar al mundo, ahora paso el tiempo esforzándome más por y para mí, porque decidí que ni siquiera las expectativas que tenía de mí eran reales. Que aunque a mis 15 yo decía que a mi edad sería exitosa, yo medía el éxito bajo la lupa incorrecta, soy más que afortunada por tener lo que tengo, y es todo lo que necesito para seguir.

Ya no pierdo el tiempo comparando mi vida con la de alguien más, ya no vivo queriendo tener el cuerpo de una modelo, ya no paso todo el rato viendo como atacarme, ahora me construyo. Si me equivoco en algo, le hago frente; si le fallo a alguien, pido perdón; si hay algo más que pueda hacer, lo hago. He asumido que para obtener lo deseado, hay que crecer primero, y si hay que pasarla mal de vez en cuando por cumplirlo todo, estoy dispuesta.

Si estás allá afuera creyendo que tu historia no puede ser peor de lo que es ahora, créeme, no es error que estés pasando por lo que pasas, cada acción tiene su reacción, y a veces al dolor, a los malos ratos, a la soledad, solo puedes reaccionar convirtiéndolos en tu inspiración en ese motor que te haga decir «nunca más»…

Por lo tanto, no te deseo un año feliz, te deseo un año lleno de crecimiento, lleno de aprendizaje, de reinvención, de lo necesario para que te des cuenta que nunca es tarde para volver a amar, perdonar, dejar ir, apreciar las cosas más insignificantes, quererte, admirarte, admirar la belleza y trayectoria de los demás, espero que en vez de rosas y pastel, tengas un año lleno de momentos que te hagan mejor, y que te obliguen a crecer. Crezcamos juntas y juntos. Y así, dentro de un año, poder decir que, aunque hay agridulces, y claroscuros, el sol no nos deja de acompañar, ni la luna nos deja de arrullar.

Texto de Arte Jiménez

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