Lo que aprendí del 2019.

No sé por qué, año con año me siento la misma.

La realidad es que es casi imperceptible lo mucho que cambiamos año con año, pero es muy real y es poco a poco.

Y entre las cosas de las que me di cuenta este año fue uno de mis 12 deseos «ser feliz todos los días».

Y vaya que lo intentaba, unos días eran más fáciles que otros claro, pero siempre sacaba algo nuevo para mantener la sonrisa en mi rostro.

Me intenté hacer feliz con pequeñas y grandes cosas, me intenté hacer feliz con un café en la mañana y con la música que disfruto, me intenté hacer feliz llamándole a mi mamá para que me platicara otra vez que el perro mordió la alfombra, me intenté hacer feliz viviendo en otro lado, viajando, yendo a comer sola y conociéndome más.

Me intenté hacer feliz no solo con lo que yo me daba sino con lo que la vida me sorprendía, lugares, situaciones, personas. Todo lo tomaba, como una especie de decirle «sí» a la vida.

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Y lo que pasó es que aún así no todos mis días fueron felices.

Y esa fue la sorpresa para mí, creía que haciendo todos los cambios que siempre quise para mi año, lograría ser feliz cada uno de los días, pero no.

Irónicamente, había días en donde me sentía muy feliz de estar lejos, porque me sentía libre, pero había otros donde me sentía inmensamente triste, porque me sentía sola.

La misma razón que me hacía feliz, me ponía triste. Que putada, pensé.

Pero al final la tristeza es inevitable, en cada año, y está bien, porque hay que dejarla correr, es muy necesaria y en nuestro intento por no sentirla, la dejamos acumular dentro de nosotros, pero no, suéltenla, sin importar si «hacen el ridículo» o si quedan vulnerables frente al otro (y esto también va para la felicidad), al final lo importante es que nosotros estemos bien, que no nos quedemos ni con palabras ni con abrazos pendientes.

Y si tienes la idea de que este no fue «tu año» probablemente sea porque aprendiste mucho, porque creciste y lo mejor es que siempre queda un nuevo año para intentarlo de nuevo, porque así como la tristeza es inevitable, la felicidad también.

Así que en vez de decir «este no fue mi año» agradece que gracias a lo que aprendiste, el próximo año va a ser mejor.

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