Cuando descubrí como afrontar mi dolor y fantasmas pasados.

Siempre quise escribir algo. Fue un sueño que siempre tuve, pero nunca encontraba algo tan interesante, o algo que yo dijera le serviría a alguien más en su vida y se sentiría identificada con lo que me sucede, hasta hoy…

Tengo 22 años y creo que he aprendido lo suficiente como para saber que no hay edad determinada para pasar por un punto en el que te sientes cansada, puede ser antes, puede ser después, no tiene que ser cuestión de un acontecimiento en específico. Aunque definitivamente hay cosas que no volvería a permitir, me tomó años descubrirlo, descubrir que tienes que pensar en ti, en lo que en realidad quieres y mereces, cosas que confundí con amor. Gracias a ello ahora soy una mujer fuerte, segura de que tarde o temprano abres los ojos para darte cuenta de que no todas las personas tienen un corazón como el tuyo, que no todos piensan como tú, y desgraciadamente a veces existe gente que disfruta ver sufrir a los demás. 

Al leer el libro «El hombre en busca de sentido» de Víctor Frankl, aprendí la importancia de nuestra actitud, lo importante que es creer en ti, en que si no puedes cambiar la situación lo que si puedes cambiar es tu actitud y, eso te ayudará en mucho. 

Cuando piensas que no puedes más, sientes un nudo en el estómago, y te preguntas que es lo que pasa que es lo que te preocupa, es cuando debes tomar la decisión de hacerte caso de escuchar lo que tu cuerpo te quiere decir, que necesita paz, que quiere sentirse bien.

Al principio volteas a tu alrededor y ves que todos la pasan increíble, no se ven preocupados, salen todos los fines de semana disfrutan de la fiesta de la compañía de los demás, de sus relaciones ¿Y tú? Lo que quieres es irte a casa, acostarte revisar tus redes, saber si alguien está pensando donde estás y como te verás, si te verás linda para alguien, si alguien se preocupa porque no te tiren la onda, pero no, llegas a casa y nada de lo que pensabas ocurre. 

Al día siguiente, sale un nuevo plan incluso ir por un café, ir a acampar, ir al cine, te emocionas y piensas «Si tan solo pudiera ir», porque tu ansiedad social tiene a tu cuerpo temblando de miedo, y a tu cabeza pensando miles de cosas que podrían ocurrir, y al final son tus propios pensamientos los que se encargan de asustarte, decidir no ir y quedarte en casa acostada.

Nadie te entiende, piensan que te estás amargando, que vives demasiado preocupada, tanto que te estas olvidando de ti. Tratas de analizar la situación para entender la raíz del problema, pero nada te hace comprender que es lo que te está pasando pues en tu casa todo está bien tus papas son buenos, tus hermanos ni se diga, son unos ángeles, tus amigas cercanas están para ti, no tienes pareja pero pretendientes te sobran. 

Y así pueden pasar muchos días, meses e incluso años hasta que un día decides querer terminar con todo esto que te sucede, aquello que los demás no entienden y lo peor que tú tampoco lo entiendes. Te sientes tan atrapada que a veces sientes que estás arrastrando a más personas contigo, de ver a tu círculo cercano preocupado por lo que estás pasando, y si decide hacer algo, decides acabar con todo de la pero manera: tomándote un frasco de pastillas completo. 

Esta soy yo, pero sé que alguna vez te has sentido así o al menos algo similar. De una vez te digo que no eres la única, que esa decisión que yo tomé no fue la correcta, que todos en algún momento pasamos por situaciones difíciles de las cuales no comprendemos el porqué, ni como empezó la idea de acabar todo.

Sí, tomé la peor decisión atentar contra mi propia vida, por la desesperación de la cual no tenía control, lo único que pasó es que detonó más cosas como la preocupación de mi familia y amigos. Yo me sentía peor al ver a todos tan angustiados, a mis padres culpándose por algo que de verdad ellos no tenían nada que ver.  Lo intenté, de verdad lo he intentado desde que comencé a sentirme así, me obligo a salir, tratar de disfrutar de los días que son tan buenos, pero siempre estos pensamientos negativos aparecen en mi cabeza y no me dejan en paz. 

Ansiedad, le llaman y, yo solo trato de averiguar desde cuando tengo esto, en qué momento apareció en mi vida, me hacen tratar de recordar mi niñez, pero mis recuerdos son buenos, crecí en un ambiente de armonía en mi hogar, mis padres juntos, no tuve perdidas significativas entonces no. No lo entiendo.

Entré a estudiar Psicología, siempre me ha llamado mucho la atención yo considero que fue un factor importante el haber estudiado esta increíble carrera para poder darme cuenta de la importancia que es tener salud mental, estar bien contigo mismo es lo que te hace ser una persona feliz, y esa es mi opinión de vida a que vienes a este mundo si no es a ser feliz. 

Estuve tomando terapia con diferentes psicólogos de diferentes ramas, pero con ninguno podía encontrar esa pieza clave en mi rompecabezas mental, hasta que después de buscar e insistir en mí, encontré a Sofia, una terapeuta que me ha estado acompañando en este proceso tan difícil, pero que cada día me hace sentir mejor.

Descubrí que mi ansiedad, venía de episodios que yo no consideraba importantes, pero que fueron los causantes de todo esto que a pasado en mí, como aquel «juego» a las escondidas con mis vecinos y un hermano de ellos (adulto) me encerró en un baño y no me dejaba salir a mis 9 años de edad; yo me quedé temblando de miedo, y ese recuerdo lo tenía escondido. Después a los 15 años tuve una relación tóxica donde los gritos, celos y uno que otro golpe me dejaron cicatrices, y no precisamente físicas. A los 20 caminando por la calle un tipo pasa a un lado mío, me toca y sale huyendo, y lo que detona todo a mis 22 años fue que al salir de mi casa, un hombre me persigue y me acosa sexualmente tapando mi boca, y me tira al suelo. 

¿Cómo era posible que jamás hubiera pensando en una terapia desde el primer síntoma? No lo sé, pero ahora lo que quiero que entiendas es que cualquier síntoma es de alerta, y recibir atención a tiempo puede marcar la diferencia. 

Me costó esfuerzo, tiempo, poder recordar desde cuando la estaba pasando mal, pero con ayuda psicológica pude descubrir el comienzo, y empecé a superar cada situación que había marcado mi vida. Ahora me siento mucho mejor.

Es por eso que quiero que entiendas, que no por nada hoy hay más consciencia sobre la salud mental, porque sin ella no tenemos nada, es la base de todo nuestro desempeño. Así que no temas en pedir ayuda, quiérete, ámate, respétate y sobre todo nunca piensas que exageras cuando algo te duele. Al contrario, hazte caso porque de una u otra forma si tú no lo dices, tu cuerpo lo dirá de cualquier manera. 

Texto de Anónimo

Fotografía de Sydney Sims en Unsplash

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Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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