Las mejores amigas, no siempre son las mejores

Alguna vez leí que el hecho de que no todas las personas demuestren su afecto como tú lo harías, quiere decir que no les importas o que te quieran menos. Irónicamente, en todo este embrollo, el silencio fue la respuesta a 5 años continuos de amistad. Le pones punto final como si fuera uno de tus poemas en Instagram, el cual seguramente escribiste con la ilusión del porvenir.

Te convertiste en uno de los tantos fantasmas que recuerdo cuando abro mi libreta de los recuerdos y, veo el boleto del concierto de Father John Misty. O cuando escucho a Bowie de fondo en alguna de esas cafeterías hipsters que tanto te gustan, porque seguro ahí podrías encontrar al amor de tu vida leyendo filosofía.

Cuanta melancolía se respira en una habitación en la cual lloré al decirte que me habían vuelto a romper el corazón y, tú de inmediato me llamaste. ¿Si éramos mejores amigas o solo fue mi imaginación? Porque recuerdo perfecto la terapia a las 5 a.m al borde de tu cama diciéndote que tenías que amar el reflejo de tu espejo, a ti con helado de chocolate en mi puerta, y una conversación a corazón abierto en el 501.

¿Qué nos pasó? Tal vez nada, tal vez dejamos de pertenecer en la vida de la otra. Probablemente. Aunque siempre me aferro a los recuerdos porque crecí con libros románticos que pintaban la tristeza y el duelo como las mejores musas de la ciudad. Pero eso tú lo sabes y aun así no te merecí ni un «Oye, no quiero seguir en contacto contigo, vete a la mierda», solo obtuve indiferencia y la lejanía.

Tu frialdad, aunque debió parecerme familiar, me resultó inesperada cuando me despojaste de tu vida en un abrir y cerrar de ojos. Cuando la última vez que te vi, aunque vestías de negro como de costumbre, sentí una sonrisa forzada al tener que decirme «Felicidades» por dar una plática; me di cuenta que como siempre, las apariencias pueden intentar hacernos jugarretas, pero la vibra y los ojos lo dicen todo.

Ni un mensaje, ni una llamada, ni una explicación, es más ni los likes, y dejaste de ver mis historias en Instagram, ¿Qué prueba más milennial pero eficaz para demostrar tu postura? Ninguna. Lo dejaste claro.

Aun así, por los viejos tiempos y por las viejas discusiones, deseo que todo esté bien, que sigas bailando cuando tomas dos de mezcal, y los libros de cinematografía te sigan haciendo gozar de los pequeños detalles de la vida. Ojalá tu cámara capture lo rincones del mundo que dijimos que queríamos conocer. Ojalá te conviertas en todo aquello que me dijiste que querías ser.

Yo por mi parte he aprendido que, cuando alguien se marcha, soy tumba. No le contaré nada a nadie de lo que pasó en abril de hace dos años, ni mucho menos los secretos compartidos entre las 4 paredes que por supuesto, ya no te acompañan desde que te mudaste. Yo te guardo. Y quien sabe, después de todo tal vez no fui la mejor amiga, pero siempre fui incondicional.

¿Tus motivos? No los conozco, pero si no puedes quedarte, entonces te deseo bien. Por Maps, por Oaxaca, por darle la vuelta a Tecamachalco, por Saint Motel, y el guion que Gaspar Noé hubiera escrito si hubiera conocido a nuestros amigos de universidad. Y si algún día la vida nos vuelve a juntar, espero sea en la Europea comiendo corundas mientras creamos universos alternos al nuestro.

Porque, ¡Hey! Siempre tendremos Morelia.

~ Tu extraña, Arte Jiménez.

Instagram: @artejimenez

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Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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