Feminismo: verdades y mitos.

“Soy feminista” y las que somos feministas sabemos que decir esa frase va a detonar una serie de reacciones diferentes, desde las personas que asienten por las razones incorrectas, porque es lo “cool”, hasta personas que te meten a un cajón con una etiqueta de “radical” o “loca” en la frente.

Pero para mí no hay otra opción, ser mujer y decir que no soy feminista es inconcebible, entonces al final no me queda más que tratar de no sentirme incómoda y lanzar mi yo más segura al momento de decir lo que pienso…

Como si se tratara de algo malo, qué triste es que ser feminista sea tan complicado, sobretodo porque es un término que lleva más de 3 siglos tratando de llevarse a cabo y por lo mismo está muy desgastado y ha tomado diferentes direcciones.

El día de hoy el feminismo se ha convertido en algo muy individual y al mismo tiempo tan “cotidiano” pero, ¿a qué me refiero con cotidiano? Ejemplo: feminismo es poder elegir una carrera, romper con normas sociales que nos frenan, poder elegir ponerte pantalones o vestido en las mañanas, poder incluir al hombre en estas nuevas “libertades” de expresión, poder entender nuestras diferencias con ellos y disfrutar de las mismas oportunidades. (bueno esas últimas no son tan cotidianas).

Todo eso sí es feminismo, sobretodo la parte de –disfrutar de las mismas oportunidades- porque el feminismo no apoya que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas.

Y eso es exactamente con lo que sí me identifico, pero con las percepciones generales y radicales son con las que no me identifico.

La mayoría de eso es a lo que la gente percibe como feminismo y entonces ubicamos como éste a esos movimientos radicales que nada tienen que ver.

Porque no hay que confundirnos y creer que los movimientos radicales en contra del hombre son parte de esto, porque no, si el feminismo no parte del amor y la equidad, no es feminismo, pero entre tantos malos entendidos, si alguna de las mutaciones de este movimiento ha tomado fuerza es el término “Feminazis”, les llamamos así a aquellas mujeres que creen que el feminismo trata de sentirse superior al hombre, pero bueno sobra decir que eso es erróneo y que la forma en la que las llamamos también.

El término “feminazis” es un error desde su creación, surge dicho por un conductor estadounidense radical que compara a las mujeres que quieren abortar con Adolf Hitler matando a los judíos.

No puedo creer la facilidad con la que la gente usa este término salido de una comparación tan absurda de una persona cometiendo un genocidio a una persona decidiendo por su cuerpo.

Segunda mutación errónea: el machismo y feminismo tampoco no son “lo mismo, pero al revés”, es decir si el machismo va en contra los derechos de la mujer, el feminismo no tiene por qué ir en contra de los derechos del hombre como muchas personas creen, el sufijo “ismo” significa sistema y cada sistema funciona diferente, que haya diferentes sistemas no significa que estos tengan que dividir o apoyar a causas desde una sola perspectiva.

Lamentablemente pocos saben esto, lamentablemente usamos palabras de las que ni siquiera sabemos su origen, porque hablar y juzgar siempre será muy fácil y las personas que tendremos que pagar los platos rotos somos aquellas que realmente queremos hacer un cambio significativo en la equidad de género.

Y sí, soy feminista, aún con las críticas, aún con que me juzguen, aún con que no entiendan el proceso y el cambio.

Sí soy feminista, por toda la gente que quiero que me apoya y por toda la demás que quiero y todavía no logra entender el movimiento, soy feminista por todas las mujeres que lograron dar tantos pasos hacia la libertad; pero también, soy feminista porque todavía nos falta un largo camino, porque nos siguen matando, porque queda una larga brecha laboral, porque quiero seguir hacia adelante, porque quiero ser libre, porque quiero ser yo y decidir sobre mí.

Por: Jessica Correa

Fotografías: Vía Pinterest.

Instagram: jessicanphoto

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Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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