En la vida también hay que desaprender.

Me di cuenta que mis «reglas de oro», esas voces en mi cabeza que regían mi vida, no eran mías…

Era mi mamá que me decía “si te vistes así no te van a tomar en serio” era mi papá diciéndome que “entre más rico eres más exitoso te vuelves”, era mi abuela diciéndome que “las niñas buenas obedecen y se portan bien”.

Lo peor es que también me di cuenta que no solo no escuchaba mi voz sino que no sabía cómo hacerlo.

Que me la había creído, que yo quería ese exitoso trabajo, que yo quería tener ese gran «booty» que me dijeron debía tener, que yo siempre quería estar contenta, ser fuerte, porque sino nadie me iba a querer…

Hasta que un día me cansé y me di cuenta que la vida me estaba viviendo y no yo a ella. 

Que aprendí que hay que desaprender: a tener que estar feliz todo el tiempo, porque hay ratos que también toca estar triste y no tiene nada de malo.

Que lo que alguna vez me lastimó no me iba a definir en el futuro.

Que estar contentos y estar bien no tienen por qué ser sinónimos, que el trabajo que paga más no es siempre el que es mejor para mí. 

Que no tengo que ir siempre hacia adelante, que la vida también se trata de dar pasos hacia atrás y está bien.

Que puedo vivir sanamente sin tener que obsesionarme con tener el mejor cuerpo ni con ser la más interesante o increíble.

Y sobretodo que la vida funciona de maneras extrañas y que mi abuela tenía razón: las niñas buenas sí son las que obedecen… sus sueños.

Por: Jessica Correa

Instagram: Jessicanphoto

Fotografías: Pinterest

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Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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