Te esperé

Quién sabe cuántas noches te pedí al cielo, te soñé con la almohada humedecida y me levanté sin ti. Ni plegarias, ni formulas, ni versos. Nada le insistió suficiente a tu regreso.

Quién sabe, cuántas hojas en el calendario arranqué, cuántas veces te imaginé de mi lado con tu mano en mi cintura. Quién sabe cómo fue que me até al pasado y me atrapé en mis propias esperanzas.

Quién sabe. Nadie lo sabe.

Nadie sabe lo que fue, lo que es. Hoy sin mí y antes sin ti. Nadie lo entiende.

Todas mis fuerzas se dedicaron a atraerte como magnetismo y no, tampoco así. Ni con egoísmos, ni sin ellos.

Tampoco así.

Suena absurdo, pero lo juro, te esperé de día y en sueños, te viví y tu lado de la cama vacío siempre quedo.

Presentí que llegabas, que al fin llegaba el día, “tu gran llegada” … Pero qué equivocada estaba. No llegaste. Quizá ni lo intentaste.

Nunca lo hiciste. Y admito que aunque fuera algo inimaginable, nunca perdí la fe. En ti. En mí.

Se había acabado y mis heridas ya ni quería sanar. Se había acabado y no había forma de explicarlo. Simplemente no pude evitar que se terminara.

Y sí, debes saberlo. Te esperé, me quedé con tu mirada grabada, me quedé con ganas de seguir, me quedé así. Así sin avanzar, sin intentar, sin cambiar.

Y de pronto, todo había avanzado. Mi vida y mi tiempo.

Me quedé así, atrapada … perdida … sin sentido. Sin poder fingir que no dolía.

Y uno de esos buenos días, me caí al vacío, me perdí en mi propio vicio, me sumergí en el conteo del tiempo pero me re ubique. Quién sabe donde, pero lo hice.

Y sí. Miré mis heridas y estas sanaron, miré mi sonrisa y regreso al verme, miré mi vida y de pronto le regreso el sentido.

Texto por: Sofia Salame

Fotos vía: Ilkeys

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Author: Mujereologia

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