Los días oscuros de la maternidad

Hay días caóticos, interminables. Me gusta llamarlos los días oscuros de la maternidad. Son del tipo de los que no aparecen en los vídeos de madres riendo con sus hijos, ni en las fotos que todas suben a sus redes sociales, ni en los artículos que describen lo increíble que es ser mamá. 

Días en que sientes explotar la cabeza y tu cuerpo no resiste más. Días agotadores física y mentalmente. Días de sentirse culpable de todo y preguntarse a una misma un millón de veces si es una buena madre y si estará haciendo lo correcto con sus pequeños. 

Todas pasamos por lo mismo, sólo que nadie está muy orgullosa ni segura de sí misma como para contárselo al mundo entero. Todas nos sacamos de quicio, flaqueamos, deseamos huir de una vez por todas aunque sea solamente por unos instantes, olvidarnos de todo. Tomarnos una botella de vino, salir a cenar con amigas o simplemente aventarnos en el sillón a ver la televisión. Hasta nos conformaríamos con sólo poder entrar al baño tranquilas durante diez minutos. 

Ansiamos un momento para nosotras mismas, un respiro. Rogamos poder poner la mente en blanco. Dejar de pensar en biberones, pañales sucios, golpes inesperados, vómitos, dientes nuevos, baños en tina, cambios de ropa, gritos y llantos de desesperación, resfríos y desvelos.

Esos días que parecen eternos pero tienen siempre un fin. Y cuando terminan, dejándonos adoloridas y tumbadas en nuestras camas, a veces con esos seres diminutos a un lado nuestro, no nos queda más remedio que observarlos y dejar caer un par de lágrimas en la almohada. 

Esos días, que al final, como cualquier otro, agradecemos al cielo por el simple hecho de tenerlos con nosotras, por poder verlos dormir tranquilos y crecer sanos. 

Y todas las madres sabemos, que nunca nos arrepentiremos por amarlos y tenerlos cerquita, y llevarlos siempre dentro de nuestro corazón.

Todos los días oscuros terminan con un rayito de luz de esperanza.

Texto  fotografía de Andrea Jaime

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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