Se vengó de mí, compartió mis “nudes”, y se volvieron virales

Ana se sentó tranquilamente, había pedido café americano, su mirada lo decía todo: tenía miedo. “Quería contarte esto a ti porque sé que te gusta escribir, quizá esto le pueda ayudar a más mujeres”, dijo. Y yo no podía estar más de acuerdo, la “porno venganza” se había convertido en algo común y parecía no causar ningún malestar en la sociedad.

Cuando vi el vídeo de Ana, yo estaba con mis amigos conversando en la escuela, de pronto uno de nuestros compañeros de clase se acercó para decir: “¿Ya vieron el pack de Ana?”, los varones por supuesto se colocaron a su lado para poder ver el vídeo, que era más bien una mala presentación de Power Point con varias fotos de Ana desnuda en la cama con su ex novio; todos comenzaron a pasar el celular, de uno en uno, cuando llegó a mis manos me sentía incómoda, pero no pude dejar de admirar las fotos de Ana.

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Más tarde, de camino a casa me pregunté cómo era posible que algo tan hermoso y natural como el cuerpo se haya convertido en objeto de venganza, que lejos de sentir la libertad de tener una vida sexual propia, la sociedad le haya colgado una etiqueta por tomar las decisiones que había tomado. Era obvio que su ex novio era un completo imbécil al haber publicado sus fotos íntimas, su cabeza era lo que debía tener precio, no ella.

Es curioso, los hombres ruegan por ver un cuerpo desnudo, y cuando lo tienen en fotografías tienen el atrevimiento de llamar a aquella mujer “una puta”, ¿Y quién divulgó las fotografías no merece ser castigado con nuestros juicios? Se lo merece más que nadie al querer afectar directamente a alguien que le tuvo la suficiente confianza como para mostrarle y entregarle su cuerpo.

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¡Ah, el sexo, el sexo! El tema por el cual el mundo se detiene y a la vez se escandaliza, como si se tratara de un descubrimiento de hace segundos, como si no se supiera que es un acto de placer. La gente pierde la cabeza por un escándalo sexual y se le olvida que sus padres tuvieron que pasar por lo mismo para concebir vida.

Difamaron a Ana por acostarse con el sujeto equivocado, nacer en una sociedad machista  y querer vivir su sexualidad. Tuvo que ir a terapia por dos años seguidos pues en ningún lugar querían contratarla; se corrió la voz de sus fotografías y el argumento aquí es que nadie quería tener en un corporativo a “una mostrona”. Cuando Ana comenzó a platicarme sobre su terapia y cómo lloro casi diario por un año, pensé en toda esta serie de eventos que suceden de manera colateral a una venganza de un tipo sin escrúpulos. No solo daña la autoestima, sino la confianza, es decir, si quien más dijo quererte y prometió cuidarte, se convirtió en promotor de tu cuerpo como un objeto, las  posibilidades de recuperar la fe en la humanidad, eran nulas.

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Por supuesto, antes de señalar al vengador, señalan a la mujer; “una mujer tiene que darse a respetar”, ¿Y los hombres no pueden respetar? Si estableces intimidad con tu pareja, también es su responsabilidad respetar tu cuerpo, es algo compartido. Cuando quieres a alguien no piensas que pueda dañarte.

Los valores están revueltos y eso está jodido; está mal tomarse fotos desnuda, la gente lo reprueba cuando se la pasan viendo pornografía o tienen fotos de modelos en su celular. Esa clase de doble moral es la que nunca entenderé. ¿Amenazar a una mujer con mostrar fotografías privadas? Qué triste temerle a nuestro propio cuerpo, tener que sentirnos seguros debajo de capas de ropa.

Ana no era ninguna p*ta, ni una mostrona, ni una fácil, ella en realidad era mucho más común y corriente; estudiaba, tiene una familia, tiene un trabajo ahora, y pinta los fines de semana. Somos seres humanos con posibilidades de enamorarnos y cometer el error de confiar, eso es Ana, un ser humano.

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“Porno venganza”, así es como se le llama al hecho de que personas en las que depositas tu amor y confianza, decidan entretener a un público como si el cuerpo fuera un espectáculo esperando ser aplaudido y aceptado por un montón de personas mientras se toquetean en las noches.

Cuando Ana se fue del café, quise ponerme en sus pantalones, creo que tal vez todo está en la forma en la que vemos las cosas; debe ser terrible quedar expuesta de esa manera, para ella, esas fotografías la mostraban desnuda, pero estaba lejos de mostrarse completa, la cámara jamás habría podido capturar ni su esencia, ni su magia como mujer.

Texto por Arte Jiménez

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Fotografías de Maud Chalard

 

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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