A mis treinta

La experiencia se adquiere con los años, los tropiezos y caídas vienen de cajón y como mérito se obtienen las lecciones.

 

Llegar al tercer piso significa madurez, sensatez, prudencia y conocimiento amoroso…pero no, no es suficiente, no se sabe todo, siempre te sigues sorprendiendo. Las personas te sorprenden, te asustas y no sabes si seguir, terminar o dejar que acaben contigo.

 

A mis treinta comprendí que, aunque te entregues en cuerpo y alma pensando que eres fuerte y los años vulnerables pasaron, todavía te pueden romper el corazón.

 

A mis treinta entendí que todo gran amor, conlleva experimentar un profundo dolor.

 

A mis treinta entendí que sólo una vez te enamoras de verdad, las siguientes veces buscarás lo que ya tuviste y no se quedó contigo.

 

A mis treinta descifré mi corazón y encontré una niña asustada en cuerpo de mujer, descubrí que el miedo de no encontrar la felicidad, se apodera de mí en cada fracaso.

 

A mis treinta entendí que nunca se es lo suficientemente grande como para perder a tu persona favorita, a tu mejor amigo, o al hombre que más has amado en la vida.

 

A mis treinta llené de letras el corazón, escribiendo los estragos de una historia de amor sin final feliz, y de vivencias que me marcaron; recuerdos que traen nostalgia consigo, y que arrebatan el sueño de vez en cuando.

 

A mis treinta me devasté sabiendo que me espera toda una vida sin él…

 

A mis treinta le digo: No puedo dar un paso sin pensar en él, sigue siendo inspiración de cada letra, no puedo dormir sin soñarlo, no puedo y no quiero olvidar…

 

Aun así, asumí que debo seguir por mí, que así pasen otros treinta años, yo seguiré recordándolo, pero no debería seguir privándome de vivir el presente.

 

Que, como tu partida, viviré otras, y aunque sea una vida con facha de aeropuerto por tantas despedidas, siempre dejaré que el sentimiento me consuma.

 

Después de todo, ¿Qué es una mujer sino un libro abierto lleno de historias?

A mis treinta, a mis sesenta, al siglo perdurarán los recuerdos, lo sé, pero yo habré perdurado como la mujer que amó y fue amada, a veces mal amada, a veces bien valorada, pero, sobre todo, bien vivida.

 

A mis treinta me siento bien al saber que todavía hay cosas que pueden doler, que la edad no te regala experiencia de más ni un manual para aprender a dejar de querer. Simplemente comienzas a aceptar lo que es, lo que fue, y lo que no será.

 

Y es válido cuestionarse todavía, tropezar de vez en cuando, que el número no refleja firmeza; sigo siendo vulnerable y esa es mi naturaleza, no tiene nada de malo. No es un error.

 

A mis treinta sé que no tengo la respuesta; si vuelves me llenaré de alegría, si no das señales de humo, no me sentaré a esperar. Aunque te amé, y te ame todavía… Dejaré que la calidez de mis brazos abrace la vida.

Texto por Vestida de ti

Fotografía de Auriane Allaire Photography

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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