¿Cómo fue que terminamos?

¿Cómo fue que terminamos? esa fue la última pregunta que te escuche de decir, ¿sabes? en aquel momento me quedé helada, sin palabras en la boca pero después de una reflexión hoy decidí responderte esa pregunta.

¿Cómo empiezo? Quizá con que una vez por todas dejaste enfriar el café en la cocina y ya no esperaste más a que llegara a beberlo, todo comenzó ahí.

Y no amor, no tiene que ver con que olvidaste calentarlo, sino con que olvidaste de un detalle del que disfrutaba, del que compartíamos, eran esos 6 minutos antes de partir al trabajo,  en donde nos repetíamos la lista de deberes y de vez en cuando las ganas que teníamos que comernos al mundo. Ese fue el inicio de como todo se vino abajo.

Esa taza fría, que enfrío las ganas, que enfrío mis ganas.

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Todo vino después, dejaste de contar los lunares en mi espalda y con ello olvidaste besar cada perímetro de ellos, dejé de ser tan especial y única a tus ojos. Ya no era de la que te enamoraste, quizá en algún momento depositaste tus secretos y miedos en otra, de eso no me queda la duda. Y no amor, no hablo de besos pasionales con otra sino de compartir tu intimidad con alguien más.

Me soltaste, soltaste mi mano en la calle y te olvidabas de poner mis cabellos detrás de mis orejas… porque te olvidaste, te olvidaste de cómo te gustaban esos aretes que escogimos juntos.

Te acostumbraste. Lo hiciste a tu manera. Dejaste de creer en lo imposible. Me dejaste invisible y te olvidaste de hacernos los invencibles.

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Te olvidaste de incluirme en aquella cena familiar y de paso, de los planes en tu vida. Gastaste los ahorros que teníamos para ir a las Bahamas y con ello, las ganas de beberme a sorbos.

Ya no me aceptabas en días de tristeza y de repente, mis problemas ya no eran los tuyos.

Te alejaste y por supuesto me alejaste. No más churros con chocolate una vez al mes, no más tulipanes en temporada, no más quedarnos en silencio siendo dueños del mundo.

Y que te quede claro, no se acabo porque dejaste de contestarme primero, ni porque te olvidaste de nuestro aniversario, ni tampoco porque alguna vez me llamaste por otro nombre…

¿Por qué se acabo? Déjame te lo enumero.

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Porque me dejaste ir y te convenciste que estábamos mejor como empezamos, solos. Porque ¡diablos, sí… fue tu culpa!

Acabó porque ni te inmutabas en mentir bien, porque ni actuabas como si te importaba. Porque poco a poco, sin intenciones de lastimarme, sin haberlo imaginado ya no me veías con los mismos ojos. Porque creías tenerme segura, a tu rutina, a tu forma.. siendo dueño de mi vida.

Porque no aceptaste tus errores ni tampoco quisiste ser parte de los míos.

Porque vaciaste tus palabras cuando hablabas de mí o de tu vida o de tu futuro.

Se terminó… porque buscaste pura compañía y no una amante para amar de por vida. Porque te obsesionaste en tenerme y no en cuidarme.

Porque no repusiste lo perdido. Porque nos ganó la distancia. Porque te preocupaste por encontrarme al otro lado de la cama, pero te olvidaste de sentirme parte de tu vida…. porque un día dejaste de extrañarme y me hiciste sentir más bien una extraña.

¿Por qué acabó? porque querer no debe doler. 

 

Texto por: Sofia Salame

Fotos vía: Jordan Voth: Photographer

 


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Author: Mujereologia

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