Tenías razón, nunca encontraré a alguien como tú.

Te confieso que llevo días pensándolo y debo admitirlo: tenías razón, como tú no hay dos… quisiera decirlo en el mal sentido, pero mentiría.

Y sí, debo aceptarlo… me arrepentí.

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Ya han pasado horas o meses, no he diferenciado sin embargo, te lo aseguro no deja de resonar en mi mente el “no me vas a encontrar en otro lado.”

Tu voz como eco se repite en cada espasmo de mi cuerpo y aun sigo buscando en caras diversas encontrarte, para que ya no me rujas tanto, para ya no extrañarte tanto.

Debo decirte que la vida no me sabe igual sin ti, correr tarde a los compromisos no tiene sentido si no es de tu mano y no existe ni un motivo ni una razón para dudar tu presencia en mi vida. Lo que hiciste, lo que enmendaste, lo que cambiaste y cómo lo hiciste. Ni un artista hubiese podido arreglar el descuido y amar la imperfección hasta quedarse en deuda.

Y debo admitirlo que mis días sin ti, sin sentido se quedaron.

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Y que lo sepas, te he buscado. Créelo que te he buscado aunque juré no hacerlo, aunque me mofé en tu cara y a pesar de que las cosas han cambiado bastante… lentamente tu ausencia sigue matándome.

Te busqué… en cafeterías donde acuden intelectuales y me he perdido en eruditos que le hacen alusión al cielo y se olvidan del suelo.

Te he buscado también en centros deportivos, pero sólo me he encontrado con hombres que intentan hacer de sus cuerpos esculturas y se olvidan de sus mentes.

Sí, debo admitirlo… te intenté sustituir con personas comunes pero en instantes comunes tendría que resignar a quedarme.

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Te busqué en el fondo del mezcal que nos gustaba, en aquella mesa del restaurante en la que solíamos disfrutar de tanto, en el reflejo del espejo… y simplemente no estás aunque te quedaste. 

Y no sólo ahí, si no también busqué en centros complejos que involucraban religión u otros análisis de la vida, como por ejemplo en mi corazón… y ahí, ahí sí estabas.

Te busqué en medio de descuidos. Me distancié y cambié bastante. Me fui a otros polos, busqué a otra gente y aunque sabes bien que no soy de amigos, me intenté abrir a la posibilidad de intercambiarte, sustituirte, encontrarte en otro aroma, otro sabor, otro toque y no lo logré. Otros idiomas, otras preferencias, otros estilos de vida y nadie te llega a los talones.

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Estás ahí, sigues ahí. Tu presencia sigue presente en tus comidas favoritas en el refrigerador, tu andar resuena en el pasillo y a veces, cuando me quedo en silencio oigo tu imitación de Frank Sinatra.

Estás aquí, aunque no lo estás.

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Eres cómplice de este dolor y la culpa me deja sin dudas. Sí fui yo y ya ni sé cómo lamentarme.

Si te deja tranquilo, no … no encontré a nadie como tú.

Texto: Sofia Salame 

Fotos vía: Maud Chalard

 

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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