(Mal) Sabor de boca

Tenía un sabor peculiar,

quizá del tabaco recién fumado,

quizá del beso del extraño esa noche de fiesta.

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Era sal.

Tenía un sabor a sal y estaba segura que de lágrimas ya no era.

Esas… se le habían acabado hace más de tres días.

Sin identificación.

Sólo testimonios.

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Tenía un suspiro atorado a medio salir y un dolor de pecho, que según ella, tenía apellido y un nombre que ya no quiere repetir. 

Le sobraran algoritmos que olvidó entender y desde el principio cómo resolver.

Estaba frágil pero inmóvil.

Y en su sangre emergía una energía conocida, dolorosa y casi sublime. 

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Tenía un sabor a sal, que le secaba la boca y de paso el alma, que no le dejaba degustar ni una cosa ni tampoco atender a otro sabor.

Y eran de esas cosas que no se entienden ni tampoco se saben de dónde vienen, posiblemente una mala sopa, un mal cigarro, un mal recuerdo.

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Le sabía a sal,

le sabía a dolor,

le rugía en los huesos,

le calaba en la memoria,

le hacía eco en el alma.

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Le sabía a pasado y se le aferraba al futuro.

Ni comida desabrida ni pasada de condimento.

Ni malos augurios.

Ni tampoco el café pasado.

 

Era tan sólo su nombre lo que le sabía mal. Su recuerdo, su faltante.

Era solamente el pensamiento de él, el que le traía cargando el mal sabor de boca.

 

 

Texto por: Sofia Salame

Fotos vía Tumblr y derechos respectivos a sus autores

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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