Para la vida, que me obligó a ser fuerte

Haber nacido en el término de una era y vivir comenzando otra, no ha sido para nada fácil. Te enseñan costumbres que ya pasaron de moda y tienes que aplicarlo al nuevo mundo para el cual tu naciste. Un mundo que te mata te pide ser la mejor en todo, trabajar y estudiar si es posible, a cualquier hora. Mientras más pronto tengas independencia, mejor. Tener a alguien por pareja, ser mamá, hija, hermana, nieta y amiga a la vez. Saber llevar una vida “moderna”, en la que tienes que cumplir todos los roles de una mujer las 24 hrs del día, si, e incluso las horas en la cual se supone que debieras estar durmiendo y no, estás pensando en miles de cosas creando caos en tu mente, hasta que no te das cuenta de que es otro día.

Me dijeron un sinfín de cosas de cómo debía portarme, pensar, hacer, etc. Haber entendido que como mujer con pérdida de audición tenía que esforzarme el doble del resto de las personas. Sacar buenas notas en el colegio, comportarme como una “señorita”, no decir groserías, ser siempre la  número uno en todo lo que  quisiera, en parte me ayudó pero por otro lado me desarmó.

Años con el mismo ideal, hasta que las cosas comenzaron a cambiar, el sistema,   las personas, los problemas, la familia y el entorno social, hicieron que me sintiera una verdadera “fracasada” cuando no logré el puntaje final de una prueba importante para entrar a estudiar en la universidad, formarme en la profesión  que siempre soñé, creí haberme enamorado cuando esa persona no hizo más que humillarme,  tener tantos amigos falsos para sentirme “Popular”, gente que me prometían la vida entera comenzaron a irse uno por uno. La familia en vez de apoyarte hacía lo contrario.

Comenzaron a burlarse de mí, a criticarme que no me había sacrificado lo suficiente para lograr lo que tanto me propuse. Caí en depresión. Meses con el mismo sentimiento, ese dolor en el pecho que no te deja tranquila, que de la nada me ponía a llorar y pensar en mil formas de desaparecer de este cruel mundo. Hasta que un día dije: BASTA.

Comencé a buscar nuevas opciones para estudiar, buscar el equilibrio en lo que tenía y lo que quería hacer. Me deshice de viejas ropas, libros, cosas   aquellos que me trajera malos recuerdos y comencé a alejarme de las personas que no aportaban nada positivo.

Entonces las cosas no mejoraron como yo quería, no me hice la vida más fácil como pensaba, la vida se encargó de que me siguiera pasando más obstáculos, más barreras para que yo pudiera llegar a mis ansiadas metas. De los cientos familiares, se redujeron a cinco, mis cientos de amigos se redujeron a dos y de los cientos que viven en el mundo se redujo a uno. YO. Y ahí comencé a cambiar mi perspectiva, aunque no cumpliera aun mis sueños o mis metas, no importaba, no iba a dejar que la angustia me embargara de nuevo. Cada día iba a dar lo mejor de mí, e incluso cuando me volviera a caer. Así cuando abra los ojos por primera vez cada mañana me diga: AHORA SI MUJER, INTÉNTALO DENUEVO. 

Texto por Nai Valderrama

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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