Por si las moscas

Sentada en el autobús recordando como mi padre me dijo “no te sientes pegada a la ventana, mejor vete en la orilla”, por si las moscas. Y como buena hija que soy y por la comodidad de mi cuello, me senté pegada a la ventana. Pero no soy tan tonta, me senté lo más cerca del chofer, por si las moscas.

Y ahí sentada, entrada en mis pensamientos y sintiendo cada una de las palabras de la canción que escuchaba, ahí fue cuando un señor se sentó a mi lado. Comenzó a hablar, hacer preguntas y a intentar conversar. Su vibra se sentía malosa, su rostro intimidador y eso que portaba lentes para ocultar su mirada. Miles de pensamientos pasaron por mi cabeza. ¿Corro? Tenía que hablarle para poder hacerlo. ¿Me bajo en la siguiente parada? No tenía tiempo que perder pues en 15 minutos tenía que llegar a mi siguiente clase. ¿Lo acuso? No tenía una clara razón para hacerlo. “Quizá estás exagerando”, me dije a mi misma.

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Decidí continuar ignorándolo, subir el volumen de la música y poner mi mochila sobre mi cuerpo como lo he estado haciendo desde que me convertí en una señorita, por si las moscas. Noté que no soportó como ignoré cada una de sus palabras y en cuestión de segundos se cambió de asiento. Sensación de calma invadió mi cuerpo.

Díganme ustedes hombres, ¿han sentido esto? ¿Han sentido miedo cuando una mujer se sienta a su lado? ¿Cuándo les habla? ¿Cuándo los miran de pies a cabeza? Tal vez estaba exagerando. Quizá estaba loco o en drogas como todos los que viven en el centro de San Diego, ¿no? En efecto estaba loco, y conforme el autobús avanzaba me di cuenta que estaba loco, muy loco, pero por las mujeres y no en el buen sentido.

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Primero fue conmigo y después con una joven mas o menos de mi edad. Intentando conversar empezó a preguntarle a donde iba y por qué. Ella al igual que yo decidió usar los audífonos como protección, como si fuera un gas pimienta o como si tuviera un botón que llamara al 911 en cuestión de segundos. El chofer ya notaba la mala vibra que invadía el camión y se puso alerta, viendo el retrovisor una y otra vez, por si las moscas.

En eso se bajó una muchacha preciosa, y el hombre comenzó a hacer comentarios innecesarios sobre su cuerpo mientras la veía alejarse de nosotros. Aún me sorprende como no inundó el autobús con su saliva, y me sorprende aún más como babeaba por una persona treinta años menor que él.

Pero claro, la culpa la tiene la joven ¿no? Se preguntarán, ¿qué vestía? Unos pantalones negros y una blusa de manga larga. ¿Estaban muy pegados? Lo normal, común, necesario y conforme a su gusto. ¿Por qué se viste así si usa transporte público? Por que es su cuerpo, y ese día quería adornarlo con esas prendas.

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Algunos dirán “ella se lo buscó”, pero como mujer, como niña, como señorita les afirmo que nunca hemos buscado sufrir acoso. Y este es el mayor problema. En lugar de reconocer lo asquerosa que estás situaciones son y afrontarlas, se nos hace mucho más sencillo culpar a la victima cada que se atreve a hablar.

Por si las moscas, debo cuidar mi vestimenta y nunca mostrar mucha carne para no tentarlos.

Por si las moscas, debo compartir el estado de mi Uber cada vez que lo use, por si toma una ruta alterna de la cual no me pueda zafar.

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Por si las moscas, no puedo salir de noche y mucho menos sola por que estaría pidiendo a gritos que algo me pasara para no poder regresar a casa sana y salva.

Por si las moscas, felicito a cada una de las mujeres que han leído esto, por que las entiendo, entiendo lo que significa ser mujer hoy en día.

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Entiendo que se molesten cada que nos dicen que ya somos iguales que los hombres, que todo eso que se ve en redes sociales y medios de comunicación son exageraciones.

Entiendo que lloren porque les digan cosas que no querían escuchar, por que las toquen en lugares que ustedes no querían ser tocadas, y por que al igual que mis amigas y yo, hemos visto cosas que jamás creíamos que íbamos a presenciar.

Por si las moscas, les pido a los hombres que aprovechen su privilegio y nos ayuden. Por que no es una lucha de sexos. No es una competencia, y mucho menos es una de matar o morir.

Texto por:  Nanitzia Comparán Cuadras

Fotografías por la grandiosa Johana Ramos (Síganla en Instagram)

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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