Esto es el verdadero feminismo: inteligencia

Soy feminista, sí. Quiero caminar por la calle sin sentir miradas insistentes, ni escuchar “majaderías”; no me gusta ver que las mujeres hemos sido sexualizadas a lo largo de la historia, a tal grado de ser vistas como un objeto creado para satisfacer deseos o fantasías de los hombres. Por otro lado, también me gustaría pensar que podemos llegar a tener los mismos salarios, que no tenemos que atravesar alguna clase de acoso en el trabajo, o que vamos a dejar de ser vistas como seres incapaces de dirigir, encabezar, manejar una empresa o algún puesto político.
Soy feminista y también creo que no somos iguales a los hombres, no por ser superiores ni inferiores, somos distintas. Las mujeres no nacimos para hacer los deberes de la casa primordialmente, nacimos para crear, después de todo, se nos da una semilla microscópica y la convertimos en una vida; desde puntos esenciales como ese, la mujer merece respeto. Es cierto que las mujeres pertenecemos al sitio que elegimos como hogar, sea en la casa, en la oficina, en el despacho, en el consultorio, donde sea, ningún lugar es malo para una mujer, a menos que el ambiente en el que esté, la minimice.
Las mujeres hemos tenido que atravesar situaciones incómodas y un poco fuera de lugar; para tomar un claro ejemplo, las mujeres no tenían, y aún en algunos países, no tienen el derecho a la educación, y no fue sino hasta el siglo pasado que las mujeres obtuvimos el derecho a votar, ¿La mutilación femenina para no sentir placer? Sí, sigue sucediendo. En sí, las mujeres enfrentamos escenarios mucho más rígidos; estadísticamente las violaciones se dan más en el sector poblacional femenino, y esto es simple y sencillamente porque somos vistas como seres vulnerables. Lo bueno es que existen grandes figuras en diferentes ramas, y diferentes épocas que nos han demostrado que si bien, no podemos ser temidas, el respeto es algo que no debemos ganarnos, sino que debemos obtener desde el segundo en el que nacemos.
Así que considero prudente aclarar ciertos puntos sensibles sobre la conversación de la violencia de género:

Principalmente quiero decir que el feminismo no es desfilar desnuda por las calles, tampoco es llenar de grafiti las paredes de las calles en medio de una manifestación, o cambiar “los”, por “les”, mucho menos es odiar a los hombres. Para ser feminista hay que ser una mujer preparada, y con ganas de prepararse.

 

Con esto me refiero a que no tenemos que recurrir al espectáculo, el odio, y la decadencia para demostrar que tenemos un punto, sino, con acciones demostrar que podemos lograr grandes cosas. Tomemos como ejemplo a Billie Jean King, la tenista que derrotó al campeón mundial Bobby Riggs en 1973, después de decir que las mujeres eran inferiores a los hombres; ¿Billie Jean le faltó al respeto, causó alguna polémica encuerándose, o se dirigió a Riggs con un vocabulario grosero? No. Lo que ella hizo fue prepararse, ¿Demostró su punto? Sí, las mujeres también pueden jugar tenis, y lo pueden hacer en la misma cancha que un hombre. A esto le llaman “cachetada con guante blanco”.
Hay que ser inteligentes cuando se exigen derechos también, eso es un hecho. No podemos exigir lo que no damos, y digo esto porque si queremos equidad, primero tenemos que entender que entre géneros somos distintos, y que cada uno tiene un rol en el mundo, no hablo de los roles que fueron impuestos, hablo de que cada quien debe sentirse libre de ser quien quiera ser sin miedo, sin condiciones, y sin reproches. Entonces, como mujeres debemos entender que el respeto es la base de todo, que si queremos algo hay que predicar con el ejemplo.
¿Qué sucede cuando un hombre es misógino, machista, o impropio? Bueno, siempre se tiene la opción de darse la media vuelta e ignorar; ¿Ignorar es no enfrentar al monstruo? No… Cuando decidimos ignorar a alguien tóxico es por nuestro propio bien mental, y cuando hablo de la mente he de decir que por eso es importante educar a niñas mentalmente fuertes que sepan su valor, habilidades, y su capacidad, de este modo, será mucho más fácil hacer a un lado la basura que no nos sirve y enfocar nuestra energía en dar la gran cachetada con guante blanco.

 

 

Ser inteligente abarca el conocimiento, sí, pero también la manera en la que administramos nuestro tiempo y nuestra energía. Cuando algo nos hace daño o nos lastima, tenemos que tomarlo como motivación, como un salto en un trampolín para alcanzar ese punto que anhelamos.

En casos como lo es una violación, debemos entender que no, no tiene que ser física para ser una conducta reprobable tal como lo es la manipulación, el acoso, o los juegos emocionales. De esto pensaba algo cuando escuché la entrevista de Carmen Aristegui a la actriz mexicana Karla Souza; una entrevista con respuestas carentes de coherencia, es decir, si un productor toca a mi puerta a las 2 a.m y se me insinúa yo sé perfectamente bien que no es lo correcto, y que, por integridad, así como dignidad, la respuesta debe ser: NO. No, muchas gracias, tengo grandes sueños, pero no es el modo de alcanzarlos. No, muchas gracias, quiero hacer las cosas bien. Con esto retomo lo que decía anteriormente cuando dije que, si vamos a exigir derechos, debemos ser derechas.
A mí parecer no es válido jugar el papel de víctimas, tampoco de heroínas, sino jugar el papel que nos corresponde en nuestra propia trinchera, siendo fieles a nuestros valores y principios. Lo que necesitamos como mujeres realmente es saber nuestro valor, otorgarnos ese reconocimiento y dejar de esperar que alguien más lo haga. Tenemos que educar al mundo, lamentablemente, a respetarnos y darnos nuestro lugar, pero si nosotras mismas no nos lo damos, no podemos esperar demasiado. Empecemos por respetarnos a nosotras mismas, y a las mujeres que nos rodean.

 

Y también dejemos de estar peleadas con la idea de que el feminismo es inclusivo, porque como mujeres, lejos de preocuparnos solamente por nosotras, también nos preocupa la situación global; el hecho de que se llame “feminismo” no quiere decir que solo es para mujeres, no, es para hombres también, para educarlos, para concientizarlos, y para poder expandir el panorama de ambos géneros.

No debemos temer decir que somos feministas; ser feminista es ser embajadora de derechos equitativos para que una sociedad conozca el equilibrio. También es un movimiento pacífico, el odio o el resentimiento hacia el género masculino queda fuera de cualquier diálogo feminista. Las mujeres y los hombres debemos respetarnos, querernos, y sobre todo, admirarnos por las facultades que nos han sido otorgadas. No es igualdad, porque efectivamente no somos iguales; es equidad, para que existan términos justos, tanto en el trabajo, como en casa, o en las calles.

 

Texto por Arte Jiménez

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

5 thoughts

  1. Estoy completamente de acuerdo con tu punto de vista. Soy una mujer de 40 kg que no puede un garrafón, y si necesito a mi novio que me ayude.

    El término de feminismo nunca me ha gustado, prefiero volver al término de la equidad de género (tampoco igualdad, porque si cargo un garrafón se me sale la vejiga), y no solo de género, debemos tener equidad en todo sentido.

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