Ella: Ridículamente imperfecta

No,

Definitivamente ella no era como el resto. Ni la niña de excelencia en el colegio, ni la hija prodigio, ni mucho menos una de esas con la que todos quieren salir un Viernes de fiesta. No era un ser muy admirable, siempre había alguien más delante, alguien “mejor”.

Tampoco era la que destacaba, siempre la opacaban otras luces.

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No estaba hecha de poseía ni de versos que rimaban, más bien ella se construía de trabalenguas y palabras difíciles que no todos podían comprender.

Ella no brillaba como un farol en la oscuridad, más bien ella lo hacía mientras se devoraba las páginas de los libros a las largas horas de la noche.

Su sonrisa no era blanca como las perlas, ni su piel tan suave como la seda. Sus ojos no resguardaban estrellas ni prometedores logros, si no más bien callados encuentros.

No. Ella no es así como el resto, ni en forma ni belleza, ni con gracia ni talento. Ella estaba cruda y defectuosa. Estaba rota, estaba sola.

Sola en esto, en eso y en aquello. Sola contra el viento.

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Sola, con una armadura que todavía no es de su talla; con una espada demasiado pesada y con un desdén que no tiene escuela.

No era una marea calmada en un día soleado, sino más bien una tormenta, compleja, peligrosa pero ridículamente hermosa de observar.

Era trágica, era torpe… Pero lo hacía a su manera.

Era ella, la que venía con un código distinto, con un formato desaliñado pero siempre con una presencia única. Era ella, la validación de números que hacían que todo funcionara.

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Y quizá no era la que aparecería en revistas de sociales, en cuentas famosas, ni en grandes eventos destacados, pero ella, era la que tras bambalinas se encargaba del resto.

Ella era más bien, una hoja arrugada, de esas que observas en sus bordes diferentes formas y matices de luz.

Ella más bien, era un cuarzo que si le pintabas sus grietas, se ponían de colores y si la ponías a la luz del sol… brillaba.

No era de porcelana ni de cristal, era más bien de oro… de ese tipo de materiales que se opacan si no se cuidan, si no se les invierte esfuerzo.

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Ella era esa melodía que no escuchas en el radio 4 veces al día, mas bien, era esa letra de canción que acampaba en las tiendas vintage de música, que si la buscabas con esfuerzo, bien merecido sería el pago.

No era ni sería la principal en la obra, ni destacaría en los créditos de inicio, pero tenlo por seguro.

Sin ella, las piezas no se acomodarían.

Sin ella, los hilos de los títeres no se moverían a la perfección.

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Ella era la clase de mujer que volaba a su propio ritmo, sin el empuje de nadie, a propia intuición. Simplemente, ella era la clase de persona que se refugiaba en su propio encanto, en su cariño intimo y en sus palmaditas en la espalda.

A ella no la encontrabas fácilmente en ningún lado, ni en un recetario, ni en un instructivo, ni en un catálogo… y eso, la hacía única.

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Y tal vez no era la estrella más brillante, ni la más impactante pero ahí siempre estaba decorando el cielo con su presencia.

Y quizá tampoco era la hija predilecta, pero estaba encomendada en cambiar el mundo y a mejorar día tras día.

Ella sola era su salvadora, su amiga, su héroe…

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Era ridículamente imperfecta y a pesar de saberlo, esa coqueta sonrisa se le escapaba cada vez que pensaba en ello.

Y quizá tampoco era perfecta, pero tampoco quería serlo.

Era ella, Sofia.

Fotos en colaboración por la gradiosa Johana Arleth Ramos Ramírez

Instagram @jo.arl 

 

 

Author: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

7 thoughts

  1. No recuerdo cuándo escribí esto!.Me siento absolutamente identificada!.Me veo en mi espejo.Me fascinó!.Mis respetos!.💝

  2. Me encanto! Es sencillo pero dice mucho, yo creo q muchas nos identificamos con mucho de este texto… gracias!

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