El problema no es tu problema, sino la actitud con la que lo enfrentas

Llamé a mi mejor amiga porque parecía tratarse de un estado emocional de emergencia; la gente hoy en día padece más depresión y ansiedad que antes, y una de esas personas es ella. Yo creo que podemos culpar a diferentes factores de la vida: estrés, trabajo, presión social por verte de determinado modo, no saber tu lugar ni tu rumbo en la vida, una ruptura absurdamente amorosa, la pérdida de alguien importante, la universidad, sentirte insuficiente en este mundo narcisista, entre otros. 

 
Cuando escuché su voz pude percibir un tono de decaimiento, como si hubiera decidido darse por vencida y las opciones ya se hubieran agotado. “No he salido de mi cama en días”, me dijo, y pude sentirme identificada, es decir, cuando tenía 16 yo pensaba que a los 23 iba a ser alguien sumamente exitosa, pero no, sigo escribiendo desde el mismo escritorio de aquel entonces. La diferencia entre ella y yo es que yo soy obstinada, demasiado empedernida, y si quiero algo, lo más probable es que corra para alcanzarlo; ella como si desconociera su capacidad, suele envolverse en una telaraña de negatividad impresionante. Pero considero que una de mis misiones en la vida es recordarle a la gente lo que puede, lo que debe, y lo que vale; esas son las amistades, ¿Cierto? Las que te complementan y te dicen cuando algo no está bien o es inútil.

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A toda su apatía yo le respondí así: “El problema no es tu problema, sino la actitud con la que lo enfrentas”.

A lo que me refiero con esto es que sí, todos tenemos días horribles en los que lo único que queremos es dormir o ganar la lotería para pagar el crédito educativo, y es válido tirarse a llorar en la noche, pero si no despiertas renovado, entonces existe un grave problema: tu cabeza. ¿Cómo es que queremos tantas cosas, pero nuestra mente siempre domina con sus miedos y le permitimos que gane terreno? No es posible. Para lograr lo que queremos, sea cual sea el objetivo, existen días de suma tristeza y duda, pero debe existir su balance: el reconocimiento que debemos hacernos a nosotros mismos por lograr las pequeñas cosas; celebrar los pequeños triunfos también debe suceder.

 

El camino no está conformado únicamente por los aplausos, los premios, los aciertos, también está construido con las piedras con las que tropezamos, con las personas que es necesario que nos hieran para poder evolucionar, y el misterio de no saber en dónde terminaremos; escalar la montaña no es fácil, y hasta el simple hecho de lograr levantarnos de la cama para salir a correr, debe ser aplaudido, debemos darnos crédito por no rompernos.

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La actitud lo es todo, lo he comprobado ya varias veces. He tenido días realmente difíciles en los que creo que voy a tener un colapso, y no, escucho música que me anime, me rodeo de gente que me llene de energía positiva, decido sonreírle a la vida, aunque esté nublada, y en automático, para mí es un día soleado. Claro, no es sencillo encarar las cosas que nos llenan de miedo, pero es mil veces mejor colocarnos del otro lado del miedo que decidir vivir bajo su ala.

Cuando el día empiece con malas noticias, toma lo bueno, aprecia lo pequeño: tienes un techo donde refugiarte, un plato del cual comer, un empleo, una familia, amigos, la ventaja de tener un aparato electrónico para poder leerme; créeme lo tienes todo para comenzar, ¿Por qué deberías detenerte?

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Si le damos la vuelta a todo lo negativo que nos suceda probablemente nos encontremos en un estado mental el cual nos permita atraer cosas positivas a nuestra vida; es verdad que atraemos lo que pensamos, todo lo que somos es un imán para cada situación que enfrentamos. Es importante levantarse, aprender a reírse de uno mismo, y volver a intentar, de otro modo habremos sido derrotados por nuestra propia mente, y es que, hay que recordar que nosotros estamos para controlarla y no que ella nos controle a nosotros.

 
Es importante también aprender a dejar ir todo aquello que ya pasó, asimilar los cierres de ciclos importantes y vivirlos con cada pequeña fibra de nuestra piel. El ser humano fue creado para experimentar y vivir en carne propia cada emoción, eso nos hace de carne y hueso, seres vivientes, pero no podemos dejar que cada suceso nos arrastre a la miseria. Tenemos que calmar a nuestro corazón y mente, enseñarlos a comprender que nada es para siempre y que la única garantía que tenemos en la vida, es el fin de la misma. Esa es la razón principal por la cual no debemos permitir la derrota…

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“Dale cachetada con guante blanco”, le dije, porque si la vida te da limones, tú no se los avientas en la cara con una cara amargada, vas y preparas un delicioso pay de limón para disfrutarlo con una taza de café mientras planeas como conquistar al mundo los siguientes días por venir.

Texto por:  Arte Jiménez

Fotografías por la increíble Rosario E. Mercado

 

 

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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