Cuando te conocí

Y cuando te conocí, cuando comimos juntos, cuando descubrimos que no éramos tan parecidos como pensábamos y que tal vez no buscábamos lo mismo y cuando me encontré entre tus brazos y cuando te encontraste haciéndome el amor.

Casi puedo jurar que estar contigo, era como hacerme el amor en otro cuerpo, era casi, como reconciliarme conmigo misma.

Contigo en mi pecho, te dejaba saber que todo estaría bien, escuchaba tus problemas y limpiaba tus lágrimas y te arrope tanto, que tu corazón debió sentirse protegido.

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Y así, fue que descubrí que lo mejor de la vida, consiste en desnudar corazones y almas, pues cuerpos desnudos abundan.

Una mañana, quizá a solo unas horas después, tomas tu ropa, tu risa y tu calor y yo también me preparo para partir, dejándote casi como nuevo, sin errores, sin defectos, para que al verte alguien más se enamore del mismo modo que yo lo he hecho de ti. Como una loca, casi sin conocerte.

Teniendo la certeza de que espero lealtad de ti y no fidelidad. Que espero que me eligieras cada mañana. Acepto, que esperaba que me eligieras como tu compañera de vida.

Ahora, al recordar aquel lapso en que fuimos uno y todas las veces que quise renunciar a ti, sin darme cuenta, que sólo estaba renunciando a mí, ha aparecido en mi mente la dulce forma en que solías llamarme:

CIELO.

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En ocasiones, me gusta pensar que me disté ese nombre porque fue lo que conociste gracias a mí, y del mismo modo, yo decidí llamarte amor.

¡Que errada estaba!

¿Pero, no crees que habría sido un descaro de mi parte llamarte “infortunio”?

Entre el enredo de hipótesis y conjeturas que he hecho estos años, intentando comprenderte, también he contemplado la opción de que el error fuera mío.

Yo, que he pedido que se quede a quien nunca ha estado.

Yo, que me he buscado en ojos que no son los míos.

Yo, que espere al indeciso hasta el último día de su paciencia.

Yo, que deseo que encuentres a alguien que se ocupe tanto como yo, para que pueda ignorar tus defectos.

Yo, que deseo que al verte sienta peculiar familiaridad, esa que te hace sentir, que nunca te has ido, y que el tiempo no ha pasado entre los dos.

Y yo, que deseo, que tu hipótesis que enlaza a la edad prematura con la veleidad de sentimientos, se convierta en teoría, para que así, ambos encontremos la felicidad, que tanto buscábamos en el otro.

Yo, que te deseo todo lo mejor de este mundo.

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Dicen que uno escribe sobre lo que conoce, por mucho tiempo deje de escribir sobre mí y me dedique a redactar esto, para alguien que no sabe de poesía.

Para ti, amor roto.

Pero mírame amor, no enaltezcas tu orgullo ni agrandes a tu persona, porque el único sí que escucharás de mí en el futuro, es el sí, me elijo a mí misma, antes que a alguien más.

Y eso, cielo… eso te incluye a ti.

Colaboración por: Lesly Gonzalez

Fotos vía: Jennyfer Herrera – página oficial 

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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