Más mujercitas fuertes, menos princesas

Siempre nos enseñaron a jugar “quedito” porque no vaya a ser que nos lastimen o que no aguantemos el dolor. Aprendemos a no provocar a un hombre, porque no vaya a ser que se enoje y nos lastime, a portarnos “bien”, no vaya a ser que nos dejen por otra.

Nos enseñan que somos reemplazables, que si no somos lo suficientemente “entretenidas” se van a ir con otra mejor. A vernos siempre impecables porque quién sabe donde encontraremos al “principe azul” que nos cambie la vida.

A estar perfectas, sonrientes y a ser sumisas, porque es nuestra obligación que nuestra pareja nos vea así. A usar faldita y tacones, porque no vayan a creer que eres medio “machita” y te gusta lo mismo que a los hombres.

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A no tomar riesgos porque es peligroso: peligroso estar a solas en la noche, peligroso manejar a solas en zonas alejedas, peligroso llamar la atención con faldas o escotes que pueden confundirse como “provocadores”.

Siempre nos enseñaron a salir en grupos grandes y de preferencia con hombres… como si ellos nos cuidaran más de lo que nosotras podíamos hacer. Nos enseñaron que las mujeres somos débiles y que no aguantamos nada y que mostrar enojo o liderazgo es sinónimo de ser perras o duras. Que la seriedad es sinónimo de estar amargada y que a cierta edad sin hijos o pareja te hace ser una “quedada”.

Nos enseñan a ser damitas y no mostrar los sentimientos “de más”, porque no vaya a ser que “te pases de la raya y manches tu reputación”.

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Nos enseñan a conformarnos, a no escoger la carrera universitaria “difícil” porque “no es cosa de mujeres” a irnos por el camino “fácil” porque al final del día vendrá un hombre a “rescatarnos”.

Nos obligan a comportarnos de cierta manera, a llenar “zapatos” que ni son de nuestra talla, a inclinarnos hacía el hogar, a aprender los labores, porque si no los haces tú, quién, ¿tu marido? JA.

Y de esta manera, repetimos los mismos patrones que nuestras bisabuelas acataron, con una sonrísa y “flojitas y cooperando”.

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Y quién le enseña a nuestras niñas a ser valientes, libres, a tomar riesgos, a ser independientes, a ser fabulosas a SU manera. Quién les enseña a ser quien ellas quieran ser, quién les enseña a buscar su propia definición de “mujer”, quién les enseña que una no es más mujer que otra por hacer o dejar de hacer ciertas cosas.

¿Por qué llenarlas de “esas cosas no son de mujeres”, “deja eso para los hombres”, “eres una niñita, no sabes nada? ¿Por qué tenemos que esperar a que se topen con un niño en el colegio que las moleste, un jefe que no les pague lo que merecen o un compañero que no la respete para que entiendan su valor y su capacidad?

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¿Por qué tenemos que educar a las mujeres con fragilidad y a los hombres con rudeza?¿Por qué educar las niñas como la intocables princesas que no deben luchar por lo que quieren y enseñarlas a esperar que se lo den en la mano?

¿Por qué educarlas para esten en casa cuando pueden abrir sus alas, volar y decidir que desean? ¿Por qué alentarla a hacer algo, cuando ella puede crear un criterio y escoger lo que le va mejor?

Necesitamos niñas que aspiren a ser Doctoras, Presidentas, Arquitectas… no princesas. Más mujeres hechas de fuego y no diamantina, más mujeres de roble y no papel. Más mujeres con decisión y pasión.

Necesitamos empoderar a las niñas, desde que aprenden a caminar y a hablar, enseñándoles que son más que una cara bonita, un trofeo o una compañera detrás de un gran hombre.

Necesitamos enseñarles que llorar no las hace débiles, que liderear no las hace mandonas, que luchar no las hace intensas, que amar no las hace posesivas ni posesión y que las únicas que pueden ser obstaculo entre sus sueños y ellas, son ellas mismas.

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Necesitamos menos niñas delicadas y más niñas fuertes. Pequeñas grandes mujercitas que conquisten al mundo con sus ideas, pensamientos y actos. Mujercitas que motiven y hagan temblar al mundo con sus grandes pasos.

Más niñas que esperen menos del otro y esperen más de ellas mismas, más de esas que se adoren a sí mismas, que confien en ellas, que no tengan miedo a no ser una princesa como todos esperan de ella.

Texto por: Sofia Salame

Fotos vía: Maud Chalard

 


 

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3 comentarios en “Más mujercitas fuertes, menos princesas

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