TODOS deberíamos de ser feministas

Aún recuerdo ese día en la clase de periodismo, en el que comentaba con un par de amigas (las más TOP y girl power que existen) las razones por las cuales NO me consideraba feminista y no me identificaba con el movimiento -que en ese entonces pensaba como agresivo-.

Aunque estaba por ahí de quinto semestre y mi criterio era supuestamente bueno y amplio, yo firmaba y reafirmaba que no me me creía parte de un movimiento que graffitiaba propiedad privada, rompía vidrios y se encapuchaba con molestia ante problemáticas reales, duras y crudas por las cuales las mujeres pasamos en mi país.

Un ejemplo fue el movimiento “vivas nos queremos” en Abril del año pasado. Si bien fue una movilización masiva con causa para denunciar la violencia y la indignificación hacía el género femenino, también este se tornó en violento y disruptivo, en donde, en muchos casos -no todos- mujeres violentas marcharon por la calle destruyendo propiedad privada y de la nación.

Para mí, en ese entonces, era todo lo que existía del feminismo: mujeres mal habladas, encapuchadas, con pelo en la axila, sin blusa pintadas con frases “es mi cuerpo y no te atrevas a mirarlo”. Lo sé, prejuicios.

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Después de eso, se abrió un mundo diferente. Y sin obligación ni convencimiento alguno, comprendí en verdad lo que las feministas representamos (y hoy en día cabe resaltar que yo me siento parte de este grupo, tanto que mi tesis para titularme está basada en esto).

Entendí que aunque está mal, toda esa agresividad, violencia y defensa, tiene una razón de ser y que -repito- aunque está mal, pésimo y terrible, para algunas es una forma de escudo y de protección ante la impunidad de nuestra sociedad y gobierno.

Ahora, vamos al tema.

¿Por qué todos debemos de ser feministas? primero que nada, TODOS debemos de serlo, porque este movimiento es inclusivo. El feminismo que se lleva sin extremos ni reproches, acepta al otro (sin importar si es hombre, si es homosexual o heterosexual, si es ama de hogar, independiente o si no quiere tener hijos). Es un movimiento que acepta y no juzga, que coopera y que sobretodo busca la equidad.

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Cuando se habla del feminismo, los prejuicios no escasean sino al contrario, se piensa en un movimiento extremista de mujeres inconformes con su apariencia y su ideología. Sin embargo, las bases de este se formulan desde la búsqueda de la equidad de género hasta la igualdad de oportunidades laborales y salariales, aceptando las diversidades femeninas sin creer superioridad sobre el sexo opuesto.

Pero muchas mujeres, y muchos más hombres, rechazan el feminismo y no se sienten identificadas con este concepto, que ha sido objeto de todo tipo de ataques e intentos de desprestigio, ya desde el inicio del movimiento en la época de la Ilustración. (Barba, 2016)

Para mí, el feminismo es aquella autonomía individual, la estimulación a la resistencia, la organización colectiva y la protesta social mediante la movilización de algunas situaciones que exigen cambios a los patrones ya añejados.

El feminismo se basa en una aceptación y reconocimiento de la otra, es decir una conciencia colectiva.

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La estudiosa Marcela Lagarde menciona que “se reconoce la posibilidad de aprender algo de las otras, tiene por lo menos dos bases: una consiste en reconocer los saberes de las mujeres y los saberes concretos de cada una; la otra consiste en conceder rango de autoridad a las mujeres por su sabiduría intelectual, sus conocimientos, sus habilidades subjetivas para vivir, sus hallazgos y sus descubrimientos. Implica también la visibilización de los aportes de cada mujer a su propia vida y a su mundo. Como el esfuerzo es grupal y colectivo, al valorar y reconocer a cada mujer y sus aportes, contribuimos a crear la autoridad de las mujeres: dimensión simbólica legítima de identidad, cimiento de autoestima personal y colectiva.”

Así mismo, con el feminismo se abre una puerta para que las mujeres emprendan en nuevas actividades, relaciones y formas de actuar (definiendo qué y cómo cambiar), esto, permitiendo que surja un nuevo liderazgo femenino que amplie la participación de éstas en los diferentes círculos de la sociedad.

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El papel del hombre:

Cada día se hace más evidente que no es posible alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres si estas no adquieren independencia económica a través de un empleo remunerado, además, patente que la plena participación de los hombres en la educación de sus hijos y en los trabajos domésticos tiene importancia capital para lograr instaurar la igualdad en el mercado de trabajo.

Las mujeres han llegado a la conclusión de que la participación simultánea en los ámbitos laboral y domestico les enriquece, no sólo en lo material, sino también en lo personal, aún a consta del desgaste físico.

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Por su parte, los hombres empiezan a descubrir que ellos también pueden enriquecerse y beneficiarse de una mayor participación en el ámbito familiar. Sin embargo, los estereotipos y prejuicios sociales les están impidiendo el ejercicio de una serie de derechos que, concebidos todavía como una obligación de las mujeres, puede acarreares el desabrido profesional e incluso hacerles objeto de menosprecio social. (Albéniz, 2002 : 98-99)

Si bien el feminismo es un movimiento lidereado por mujeres en su inicio, el feminismo hoy en día requiere de un sistema de apoyo en su plenitud por hombres y mujeres participes que se concreticen sobre la importancia de la participación de las mujeres y de la equidad entre ambos géneros. Los beneficios de sociedades participativas y reciprocas se extienden desde el aspecto cultural hasta el económico.

Existen dos referencias en cuanto a cuestión, para algunos teóricos, el empoderamiento de la mujer se refiere al desempoderamiento del hombre o la pérdida de la posición privilegiada en el cual el patriarcado colocó al varón. Como menciona la investigadora Magdalena León (2011), “ese poder que ha controlado los cuerpos, la sexualidad, la capacidad de movimiento, los bienes materiales, la participación en el mundo público. Ese poder que se refleja en el abuso físico, en la violación sin castigo, en el abandono y las decisiones no consensuales que afectan a la familia”.

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Sin embargo, visto de otra manera el empoderamiento también se puede absorber bajo la teoría de que empoderar a la mujer, es empoderar al hombre, “un empoderamiento que suma-positivo, por el lado del poder solidario, un empoderamiento que les quite el duro fardo que la sociedad les ha dado como de únicos ganapanes y proveedores, como los únicos que tienen la obligación de sostener la familia. Es un empoderamiento psicológico y emocional por medio del cual muchos más hombres lograrán avanzar y quitarse esa coraza limitante en que los colocan los estereotipos de género (…) el empoderamiento de las mujeres en las relaciones cercanas implica no sólo cambio de los comportamientos y experiencias de ellas, sino de su pareja y de otros.” (León, 2011 : 106)

Cómo ser feminista:

-Marcela Lagarde se refiere a un eje participativo sobre el alcance de la mujer en su propio ámbito, en donde esta busque y trabaje por reducir las opresiones e injusticias hacía otras mujeres, a esto le nombra como “acción reparadora de los daños de cada mujer”

– Construir una energía participativa de cada mujer para cambiar, innovar y tomar una posesión y una actitud pro activa en reuniones de conciencia y reflexión, en seminarios y otras actividades ligadas a la segunda vertiente de la política feminista. Esta consciencia conduce a que cada mujer visualice y aprecie sus cualidades, las potencie y por supuesto las comparta a otras, con diferentes actividades y mociones.

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Hoy dedicamos gran parte de nuestras energías vitales a nuestro fortalecimiento personal, porque todas estamos dañadas por vivir en un mundo que coloca a las mujeres bajo dominio. Hoy sabemos que estamos en riesgo y por eso también nos preparamos para evitarlo y eliminarlo (…) Hoy los procesos pedagógicos de autoestima impulsados desde una perspectiva de género buscan la reeducación feminista de las mujeres en correspondencia con los modos de vida que anhelamos; busca también crear nuevas formas de liderazgo que expresen, aquí y ahora, una politicidad de género, una especificidad feminista. Cada liderazgo es ejemplar, y sintetiza y promueve nuevas maneras de vivir, de enfrentar los problemas del desarrollo y la democracia en la esfera privada y en lo público, de convivencia en la vida cotidiana y de convergencia al imaginar grandes alternativas sociales, nuevas actitudes y, sobre todo, nuevas formas de relación democrática de las mujeres con las demás mujeres y con los hombres’. Pero, sobre todo, se trata de que las acciones vitales redunden siempre en el desarrollo personal y el fortalecimiento de cada mujer. (Lagarde, 2000 : 6)

-La política feminista está a favor de la autoestima y para fortalecerla, se requiere un empoderamiento personal y colectivo para la mujer, desde la perspectiva interior e intelectual hasta el trabajo y la creación de condiciones para eliminar los poderes que oprimen a la mujer.

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Marcela Lagarde menciona que la autoestima es, consecuentemente, una experiencia ética de fidelidad a una misma: una experiencia que fluye y se transforma en permanencia. Simboliza la máxima transgresión del orden hegemónico que prohibe tal autoestima a las mujeres en rango de tabú. Construir la autoestima es vivir, de hecho, bajo las pautas éticas del paradigma feminista, es ser libre. La política feminista plantea como aspiración a que, además de ser libres, las mujeres vivamos en libertad.

-Buscar el empoderamiento: cada mujer es la primera satisfactora de sus necesidades y defensora de sus intereses, y la principal promotora de su sentido de la vida, de su desarrollo y enriquecimiento vital, de sus libertades y de su placer.

-Sororiedad: En la perspectiva feminista, la relación entre cada mujer y las mujeres es fundamental: la mejoría de las condiciones de vida sólo puede lograrse socialmente, y los derechos de las mujeres sólo son derechos si son reconocidos como tales. Por eso tener derechos individuales como mujeres depende de los derechos de género y pasa por la autoestima de género y la identificación con las otras mujeres en dos sentidos: la aceptación de pertenecer al mismo género, de compartir la especificidad o diferencia -sexual y la aceptación y el reconocimiento de las otras mujeres como merecedoras de los mismos derechos y las mismas libertades a las que aspiramos. Ambos sentidos son esenciales en la sororidad como conciencia de género y experiencia política, para ir en el camino del género, con las otras mujeres, las más semejantes entre todos los seres vivientes y con quienes es factible coincidir en el sentido de alternativas nodales.

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Al quedar colocadas en el mismo compartimento, las mujeres compartimos con las otras mujeres un sendero por asignación política patriarcal. Sin embargo, la sororidad implica una decisión y una elección. Hemos decidido que para salir de ese compartimento vamos juntas y nos elegimos como legítimas equivalentes. (Lagarde, 2000 : 8)

– Piensa y reflexiona: Y para comprender lo que el empoderamiento conlleva para una misma, la autora recomienda a cada mujer, hacer una autoreflexión sobre lo que cada una desea, sobre sus miedos, vulnerabilidades, sobre lo que necesita, sobre lo que le afecta en la sociedad, sobre lo que valora de ella y de otras o otros, sobre lo que la desanima o lo que la motiva, sobre qué es lo que causa empatía sobre otras, sobre si somos capaces de valorarnos y de hacerlo por otras, sobre cómo vivimos y cómo velamos por las libertades y dificultades de otras mujeres. Y de esa forma, con creatividad, poder crear e inventar un estilos e vida con autoestima personal y colectiva, con conciencia y ubicación en la historia.

Y sí, al final del día todos tenemos una responsabilidad de ser feministas, porque serlo, automáticamente nos hace más responsables, éticos y mejores, con uno como ser humano y con el resto de la sociedad. No te confundas, ser feminista no es usar una tee que diga #girlpower, serlo, implica actuar.

Cerrando el primer capítulo de mi tesis, me vi obligada a romper los esquemas y los tabúes sobre varios temas, específicamente sobre el feminismo. Me vi obligada a abrir mi panorama y comprender el qué, el cómo y el por qué de un movimiento que se desarrolló y creció ante la necesidad de un cambio. Un cambio en distintas sociedades heterogéneas, que a pesar de las distancias o las diferencias culturales, comparten una homogeneidad con ideologías inamovibles: el machismo, el patriarcado y otras tradiciones que sublevan la idea de la mujer en sociedad.

Hoy, definitivamente me llamo feminista y debo admitir que me tomó 22 años en hacerlo. Me mantenía reacia en hacerlo, porque simplemente no entendía los valores ni los principios por los que este movimiento lucha, entre ellos la equidad de oportunidades. “Cómo no quiere que la violen si anda sola”, “Cómo no quiere que la toquen si anda en falda”, “Cómo no quiere que la acosen o sigan si camina sin la mano de un hombre”, a pesar de la diferencia de mi realidad conforme a otras mujeres, hoy es responsabilidad mía, alzar la voz, compartir y decir un rotundo NO cuando otros les llamen fáciles, mojigatas, p…s a otras mujeres.

El feminismo no es compartir este post o usar una blusa con el hashtag #GirlPower, el feminismo es la sororidad, es el activismo y es cambiar (no el pensamiento y la actitud de otros) sino la propia.

 

Texto por: Sofia Salame

 


Dentro de este texto existen fragmentos del marco teórico de mi tesis, primero que nada agradezco a los respectivos autores que me marcaron y enseñaron “el camino” y en segundo lugar te menciono que queda prohibido que copies o agarres información de forma parcial o total. Porque plagio es plagio.

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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