Carta abierta del olvido a la memoria

Por: Tatiana Arévalo González

Ha pasado ya un tiempo desde que nos perdimos, bueno, esa expresión es solo figurativa porque en realidad no he jugado un papel activo en esta historia. Tú seguiste con tu vida y yo con tus historias.

Triste pero cierto, el tiempo pasa y pasa y aunque ya he leído 500 libros sobre como dejar atrás el pasado, he iniciado clases de yoga, Pilates y Mindfullness. Me he obsesionado con el senderismo y la comida saludable, he variado mis gustos musicales y hasta me teñí el pelo, falta sólo con un pequeño estímulo para que todo se vaya al traste.

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Dícese de pequeño estímulo: que suene la misma canción que escuchamos en ese taxi la

noche que nos fuimos de fiesta, que llueva y haga frío, que alguien me diga que es de tu mismo país, que tome el bus y alguien huela al perfume que solías usar, que alguien use los mismos pantalones cortos y sandalias o que se caiga comida al piso y me recuerde la vez que cocinando juntos terminamos sin cena y con comida en la ropa (y eso que eras chef).

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Lo sé es patético, este es casi un ejercicio de liberación para decir cosas que ni amigos más cercanos les confieso, por la simple razón de que ya no me quieren escuchar hablar de aquello y lo entiendo porque me he vuelto una caricatura de mí, casi tan molesta como la publicidad de esa página que te permite encontrar el hotel más económico a los mejores precios.

Pero es que resulta que desde hace meses que todas mis historias van conectadas a ti, porque, aunque no quiera admitirlo en público no hay un solo día en el que no

te dedique unos minutos de mi tiempo a preguntarme dónde estás o qué estarás haciendo.

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Vivo en una eterna espera, pero no porque albergue la esperanza de que vuelvas, te conozco demasiado bien para saber que te has ido desde el momento en el que cruzaste el umbral de la puerta, sino porque una parte de mí se ha ido contigo.

Es muy difícil aprender como Sabina que 2 no es igual que 1+1. Éramos uno, lo sé, mis memorias me lo dicen todo el tiempo, pero, mi racionalidad también me susurra al oído amargamente que ya no lo somos porque tú eres nuevamente 1 con alguien más y que yo soy simplemente un cero que solía ser un 1 hasta que le restaron su mismo valor.

Fotos por: micmojo photography

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