Después de todo, gané yo.

Cuando te conocí, el miedo de abrirle a alguien mi corazón por primera vez fue enorme. Miedo a la incertidumbre, miedo a abrirme y entregarte todo eso que me conforma y que pocos conocen. Miedo de hacer una mala inversión en ti. Miedo de aparecer vulnerable. Miedo de que tal vez, un día me dejaras y llegara a mi vida el dolor. Miedo de sufrir, miedo de no poder olvidar.

Al final aposté por ti, por nosotros. Me ganó el deseo de conocerte y poco a poco logré abrirme. Te di entrada a mi vida, te entregué todo: mis sueños, mis miedos, mis historias. Te canté mis canciones favoritas y te llevé a todos esos lugares que amo. Deposité en ti mi confianza y me deje caer a tus brazos. Dije “te amo” por primera vez y por un segundo pensé que sin ti, no podría vivir. De pronto ya ni siquiera recordaba una vida previa a ti.

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“me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado…”

Cuando leí alguna vez esa frase de Cortazar fue como un golpe en el pecho. ¿Acaso el estar contigo era una traición a mí misma? ¿a todo lo que soy? Fueron meses oscuros de vivir en la incertidumbre, meses de dar, dar, y dar y no recibir. Meses de dejarme a mí misma a un lado, a mis amigos, a mis actividades, meses de ser una sombra, la tuya. Meses en los que mi bienestar dependía de tu humor o si decidías contestarme.

¿Qué me estoy haciendo a mí misma? Le di todo de mí a alguien que no admiro, a alguien que no me respeta, a alguien que no valora todo eso que he construido a lo largo de mi vida.

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Al final, pasó todo eso que en un principio me aterrorizaba. Me vi a mí misma en el punto más bajo de mi vida. Atemorizada, sola, delgada y vulnerable. Perdida pues claro, dejé mi mundo por el tuyo y cuando te perdí ya no tenía nada.

Me levanté, lo logré. Regresé a mí y fue el mejor sentimiento. Regresar a mí misma. Qué increíble pensar que hay mucho más.

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Cuando pienso en el pasado, no me arrepiento de haber invertido en ti, de haberme abierto contigo, de haberte dado tanto. Pues yo amé. YO AMÉ. Me permití a mí misma dar y eso es crecer, eso es ser valiente. Tú no pudiste.

Al final de todo, te agradezco por enseñarme el amor. Amar es lo más lindo que he vivido y ahora tengo más ganar de entregarme que nunca, entregarme a quien me valore y quien me dé tanto de regreso. Pues gracias porque también me enseñaste lo que ya no quiero. Yo gané.

 

Texto en colaboración por: Teli Raphael

Fotos vía: Chara Valon

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

2 thoughts

  1. Puro y objetivo, ¿cómo es que logras conectartarte con tus lectoras de ésta manera? Es asombroso lo que escriben, me ha llegado porque es preciso lo que me sucedió.

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