Medicina existencial

Y entonces, te das cuenta.

Sucede que de un momento a otro lo entiendes todo, miras hacia arriba, suspiras y sonríes. Pasa que te das cuenta que todo se resuelve y que la vida no solo pasa, sino que la vida te prepara y te enseña, te hace crecer y comprender.

Y entonces, un día dejas de fijarte en lo oscura que es la noche y comienzas a apreciar en vez, el brillo de la luna, el resplandor de las estrellas y el de sus ojos cuando te contempla. Un día, dejas de ahogarte en un vaso con agua y decides mejor salir a bailar bajo la lluvia. Y entonces, notas lo invisible, todo aquello que ante la imposibilidad de explicación, carece de motivos y razones.

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Ahora, la seguridad remplaza a la incertidumbre y el aleteo de pequeñas e inocentes mariposas remplaza a todo el intenso e inestable zoológico que solía vivir en tu interior. La tranquilidad te permite sentir con la cabeza y pensar con el corazón, la prudencia te enseña a dejar de buscar la felicidad en el mismo lugar donde la perdiste y la sensatez, te permite de nuevo abrir tu corazón sin miedo a que vuelvan a romperlo.

Aprendes que nada es para siempre y que los amores que más te atormentan, son los que menos te convienen. Quieres más, a menos personas. Comprendes que nadie viene a este mundo a hacerte feliz, porque la felicidad no se da, se comparte. Entiendes que eres suficiente por el simple hecho de ser tu misma, y que lejos de ser desafortunado, resulta una bendición sentir tanto y tan profundo.

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Dejas de sufrir a causa de lo que dicta tu imaginación y vives en un mundo en el que la mágica realidad sustituye a la ilusa fantasía de un sueño. Te das cuenta de que es mejor decir me acuerdo, a decir me imagino, porque lo que con el tiempo no se cura, con la experiencia se supera.

Y entonces, entiendes que las desilusiones no matan, enseñan; comprendes que la decepciones no son nada más que aprendizajes disfrazados de lágrimas; como cuando lloras sin saber que la vida te está haciendo un favor, recibiendo sin pedir, una dosis de medicina existencial.

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Aprendes a perdonar a quien te lastimó, no porque ellos se lo merezcan, sino porque tú te mereces poder liberarte de todo lo que no te haga ser la mejor versión de ti. Te das cuenta de que eres hermosa cuando eres tú, y que no se trata de quién promete bajarte la luna y las estrellas, sino de quien te hace sentir que vuelas, aún con los pies en la tierra.

Porque quien te quiere sin tener que verte, quien te busca sin motivos y se queda sin ataduras, no vale pena, vale la vida.

Colaboración por: Tamara Bernstein

Sturmideenkind – Photography

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