Cobarde… por Sara Bueno

Hay personas a las que se las conoce mejor desde fuera que desde dentro. Por eso cuando te enamoras de ellas las desconoces. Y yo le sabía desde fuera, pero llegaron los sentimientos a ponerme esa venda preciosa sobre los ojos. Por suerte o por llamarlo de alguna manera hay muchos ojos que ven lo que tú no.

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Mi gran error fue pensar que era distinta. Que yo era yo, y que me quería más que a las anteriores, aun sabiendo cómo había sido con ellas. Cómo va a serle fiel a una mujer en esta vida o en cualquier otra si no es capaz de ser fiel a sus propias verdades. Si no tiene principios, pero sí muchos finales, y ninguno de frente. Porque es cobarde. Porque jamás dejó de ser un adolescente con poca autoestima. Y yo pensé que era un hombre porque le vi llorar. Porque le sequé las lágrimas incluso cuando no lo mereció.

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Qué ingenua. Me hizo prometer y prometió a quien más respeto tenía que nuestros hijos tendrían mi sonrisa; que si niño y niña, que si su piel, que si la mía. Que si el gato o el zoológico por mí en nuestro hogar. Ese que sabía que tanto ansiaba porque nunca tuve.

Viví engañada, porque él vive en su propia mentira y me parecía una realidad increíblemente bonita; me mantuve de respirar el dióxido que él soltó hasta envenenarme. Hasta hacerme más y más pequeña. Ya no quería fotos nuestras. Ya no me llevaba por bandera. Ya no presumía de mí, y espero que por vergüenza. Porque tenía que agachar la cabeza ante esos ojos abiertos que veían cómo probaba otras bocas, y cómo cerraba la mía con poemas. Poemas que me dejaban con hambre y con sed. Porque no se puede vivir de humo. Aunque supongo que en realidad es que dejó de quererme y nunca fue valiente. Yo qué sé. Me alcanzó como a una utopía, y me arrastró hasta hacerme tragar la arena de su propia realidad. Mentiras, mentiras y mentiras. Qué bien mentía.

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Él ya tiene su historia y sé que en el fondo le encantará ser un bohemio escritor, con un codo en la barra y el otro brazo rodeando la cintura de mujeres con las que tapar tanta soledad. Con una vida en bragas, literal y metafóricamente. Le escribirá a otras y ojalá no vuelvan a creerse sus mentiras; solía pensar que como a mi no podía querer a nadie más, que yo era su musa; y sólo era una puta con privilegios. Y sin saberlo.

Benditas bocas que hablan. Benditas. Aunque ahora sólo sean el eco que aún no llega a calarme los huesos. Ya sabemos que el “te mereces a alguien diez veces mejor”, “estás guapísima hasta llorando”, “no te mereces a alguien así”, “tardará en dejar de doler, pero merecerá la pena” lo sabes pero no lo quieres asumir. Porque lo más triste es que el dolor se calma volviéndome a poner esa venda del principio. Porque es lo fácil. Porque aún amas, aunque sea con dolor y odio.


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Fotos: Elisabeth Mochner

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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