Ojalá hubieras podido leer mi mente

Te recomiendo oír ésta canción y ésta canción:


Me mostré callada. Lo admito y la verdad me arrepiento. Parecía muda y aun así, después de todo lo que vivimos, no puedo creer que me quedé sin palabras -esas que siempre me sobraban-, sin intentos, sin fuerzas de hacer que te quedaras.

Después de todo, te perdí y no insistí, fue mi culpa. Yo destruí todo, yo no quise luchar, me quedé paralizada, idiotizada.

Te di la espalda.

Me duele, me dolió. Las palabras me persiguen, los intentos me atosigan, el “hubiera” me arrastra de un lado a otro. Lo siento, fui una imbécil.

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“Quédate”, tatuada en mi mente… mientras se reproduce tu partida una y otra vez. Mientras en fragmentos borrosos recuerdo tu cara de decepción, tu partida en desencanto y tu alma partida en mil fragmentos. 

Y sí, lamento tanto haberte dado por sentado, por haber renunciado, lamento no haber intentado suficiente, lamento no haber jugado todas mis oportunidades. Perdón.

Perdóname por haberme acostumbrado a ti y por haber visto tu partida de frente a mis narices sin haberte detenido.

Hoy, vivo, duermo, como, respiro, existo a la mitad. No encuentro las palabras, pierdo la cabeza una y otra vez, lo siento, lo siento tanto.

No tuve el valor. No tuve las palabras. Y lo único que conseguí fue tu partida.

No supe cómo hacerlo. Creí por un momento que era un juego y en un par de momentos, se acabó el chiste. Te ibas y yo ahí, sin reaccionar.

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Sé que las lágrimas de los ojos no fueron suficientes para decírtelo. Sé, que mis piernas postradas al suelo mientras temblando estaban, tampoco fueron suficiente suplica para pedirte que te quedaras. Sé que ese ingrato silencio, que ese momento, que ese espacio, no fue ni será suficiente.

Me faltó coraje, me faltó valentía para sacar las palabras.

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Fui la más cobarde, aunque quería saltar a tus brazos. Fui la más miedosa, aunque quería que nos bastará este poquito amor…

Aún no creo que ese fue nuestro adiós, nuestro hasta nunca, me llena de rabia y vergüenza no haberte pedido, rogado, suplicado que no te hubieras ido. Lamento tanto mi silencio, lamento tanto que las palabras no hubieran salido.

Ojalá este remordimiento no me comiera, no me consumiera. Ojalá no hubiésemos perdido esta guerra, ojalá pudiera regresar el tiempo y así hubiera podido tomar de tu mano mientras te pedía que te quedaras.

Ojalá hubieras leído mis ojos y así hubiéramos podido encontrar una excusa para solucionarnos, ojalá hubiera residido algún recuerdo que nos valiera la pena rescatar.

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Ojalá hubieras leído mi mente, para que así hubieras sabido que me moría por pedirte que no te vayas, ojalá lo hubieras hecho para saber que tenía miedo de no decir las palabras adecuadas, ojalá me hubieras leído entre silencios para saber que cada parte de mi cuerpo me exigía correr a ti, que mi mente, mi alma y cada lágrima me exigían conservarte.

Ojalá hubieras oído mi voz entre tanto silencio, ojalá no me hubiera quedado en blanco, ojalá no hubiera tenido atorado tu nombre en mi garganta y en cada aliento a destiempo.

Ojalá no hubieras pronunciado ese adiós nunca.

Ojalá hubieras notado con ese silencio, que te necesitaba, que no quería dejarte huir.

Lo siento. Quería decirte que te necesitaba, que nos faltaba mucho por vivir, por resolver. Quería decirte que te amaba y que lo sentía, que te amaba, que enserio lo hacía, lo hago.

Quería hacerlo… y no lo hice.

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Ojalá hubiera reaccionado sin haberme olvidado de lo que sentíamos, ojalá no hubiera sido demasiado tarde ni que tampoco hubiera tenido que rogar por un boleto de vuelta, un cambio de planes, un salto al reloj. Lo siento.

Ojalá hubieras leído mi mente para que así al menos, no te hubieras ido pensando en que no me importabas, para que al menos no te hubieras creído los chismes sobre mi desinterés, para que al menos hubieras sabido que lamentaba todo este infierno y para que por lo menos te hubieras ido recordándonos en sonrisas y sin trágicos finales.

Ojalá que hubieras leído mi mente, para entender que detestaría la idea de mi vida sin la tuya, que detestaba tu partida y que en silencio me estaba rompiendo en millones de cachítos…

Te lo digo, aunque no te lo pedí, me moría porque no te hubieras ido. Y mis pensamientos, fueron testigos…

Texto: Sofia Salame

Fotografías: Nicholas Scarpinato

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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