Despidiéndome de la Ciudad de México

Por: Bitty Navarro

Hoy es mi último día viviendo en «CDMX» [sic]; llevo ya 16 años aquí. Nunca había vivido tantos años en un mismo lugar. Los sentimientos me abruman. Pero quizá lo que más me dolió es la despedida que me dio mi ciudad, mi DF que tanto quiero y, a la vez, abomino. Mi ciudad me despidió haciéndome testigo de abuso físico contra una mujer.

Así es, querido DF, eso me diste como despedida: ser testigo de abuso hacia la mujer.

Hace aproximadamente una hora y media, presencié a una mujer, embarazada, siendo golpeada brutalmente por su novio. Ella le habló a la policía, y tras ver que hizo eso el novio le arrebató el celular, lo tiró al suelo y a pisotones se lo rompió. Llegó (considerablemente rápido) la policía, quienes — como era de esperarse — se fueron en cuanto el tipo sacó una mordida.
Sé que uno no se debe meter entre parejas, pero francamente me ganó la víscera y me metí. Hablé con ella como media hora para que entendiera que ella no merece eso, y mucho menos embarazada. Al novio, que insistía en que yo dejara de hablar con ella, le dije que era un gañán y que ni se le ocurriera acercarse a nosotras dos porque, francamente, yo sí le regresaba los golpes. (Algo que con lo pacifista que soy, nunca pensé que me encontraría diciendo).

Hablando con ella me contó que ya había sucedido antes. Que le pidió al so bruto ese dinero para recibir atención médica adecuada y se negó a dárselo. Además, tampoco le quiso dar dinero para pasaje, pues viene de Morelos. Traía yo poco efectivo, se lo di todo para que fuera a revisar a su bebé. Ojalá le alcance también para el pasaje a Morelos, pues como me contó se vino al DF para estar con ese patán de pacotilla. Ahora solo me queda esperar que esté bien y que nunca le vuelva a hablar a ese gañán de quinta.

Quedé muy conmocionada y alterada. ¿Cómo les explico mi sentir? Para alguien que ha sufrido abuso por parte de una pareja, ver eso es revivirlo. La ira te sube por las entrañas y te dan ganas de soltarte a gritarle al victimario. Sientes el dolor de la otra, y a la vez, también el tuyo. ¿Cómo es posible que en el 2016 sucedan con tanta frecuencia y hasta en público este tipo de cosas? (Y, por favor, nadie me salga con el rollo paziano de la Malinche, porque eso fue hace cientos de años y francamente, siempre fue una muy mala excusa para intentar justificar ser un hijo del mal).

¿Qué le pasa a este país? ¿Por qué tanta ira contra la mujer? Es increíble la cantidad de mujeres que han sido golpeadas, han sufrido abuso psicológico y/o han sido violadas. Y todavía las instituciones quieren que nos creamos las estadísticas oficiales. Bueno fuera que para entender la gravedad de este virus de agresividad y violencia hacia las mujeres en México, bastara con juntar a 100 mujeres en un cuarto, preguntar y fácil entre 50 y 60 de ellas han sufrido golpes, acoso sexual y acoso laboral, violaciones, abuso moral.

Ayer, una mujer me buscó para platicar pues sufrió abuso sexual por parte de su jefe. Hace como una semana, a través de Facebook, una chica de 17 años me buscó para platicar; el novio la había golpeado. Y así tantos casos. Creo que si alguien extranjero llegara a ver la cantidad de mensajes en Facebook, tanto en mi perfil privado, en el público y en el de Asexualidad Mx que recibo de mujeres — alosexuales y asexuales — que han sufrido diferentes tipos de abuso, saldría espantada de nuestro país.

¿Realmente es esto lo que queremos que sea México? ¿Un país donde la misoginia, la violencia hacia la mujer, el abuso intrafamiliar, reinan impunemente? ¿Un país en el que la policía prefiere aceptar 500 pesos que llevarse a un delincuente abusador? ¿Un país en donde se niega — a nivel gubernamental, institucional y hasta social — se calla la epidemia de abuso hacia la mujer?

Yo no. Ese no es mi Méjico májico y místico. A mis ojos, un varón que abusa de una mujer se vuelve, de inmediato, un no-hombre. A mis ojos, un mexicano que abusa de una mujer deja de ser mexicano.

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Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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