Quisiera ser como tú…

No sé cómo le haces, para desaparecer de la nada… para desinteresarte y dejarme como si nada.

No sé cómo le haces, para perderte en el tiempo y despreocuparte por los detalles, para olvidarte de mí por días, para no morirte por oír mi voz cada noche…

No sé cómo le haces para dormir tranquilo en las noches, para no adjudicarte de mi pensamiento… para dormir sin el consuelo de tu almohada, sin la terapia de la luna…

No sé cómo le haces para evitar saber cómo estoy, qué hay de nuevo o qué me espera de mi vida… no sé cómo le haces para no buscar una excusa para hablar conmigo o de mí.

No sé cómo le haces para olvidarte de nuestros detalles, de nuestras fechas. No sé cómo le haces para que tu corazón lata y no me extrañe.

No sé cómo le haces para decir que estás bien, para esconder las lágrimas, para manipular tus pensamientos, para ocuparte de todo menos de mi pensamiento.

¿Cómo le haces? dímelo, para no querer tintinear en tu teclado mi nombre, para contestar sin alma cuando te preguntan por mí, para vaciar tu voz y tus ojos cuando piensas en mí.

Simplemente no sé cómo le haces, para vivir sin rastros ni sobras, ni escasos pensamientos, ni memorias rotas de caricias, ni nada.

Me da envidia, lo acepto. Me da envidia la dureza de tu corazón, tu indefinida sobriedad, tu desinterés y la extorsión de tu imparcialidad.

Me da envidia que a ti no te persiga por la noche mi voz, me da envidia que vives bien, sin rencor, ni dolor ni nada similar. Me da envidia como sigues por tu vida, ahí, decentemente con engaños. Me da envidia como coordinas todo para que salga a la perfección sin mí a tu lado.

Como desearía poder destruir nuestros encuentros en un chasquido, poder romper ilusiones en un momentito… poder ser tan despreocupada.

Me da envidia que tú no pienses en mí a ratitos, que no tengas fe ni me incluyas en tus planes de futuro.

Me muero de ganas de ser como tú, muero de ganas de no oír ecos al pasar por mi calle, de no recordar nombres, ni canciones, ni nada. Moriría por mentir tan bien al contarles de ti… de poder bloquearlo todo a pesar de haberte establecido bien bien fuerte en mi corazón.

¡Qué envidia diablos!, poder caminar por las mismas calles sin mí a tu lado, de poder avanzar valientemente por mi espacio sin siquiera pronunciar mi nombre…

Dios mío, como amaría ser como tú…. para que no doliera tanto, para que no ardiera mi cara cada vez que lloro. Desearía con tantas ganas ser tú, ser indiferente y sobrio. Poder desechar todo de raíz y no tener proyecciones conmigo. Para poder avanzar sin tenerte en mi aliento, en mis palabras en mis versos… para no recordarte en cada detalle, para no escucharte en cada canción… para no quererte tanto, ni mantenerte en mis expectativas.

Enserio, enserio. Moriría ser como tú, poder actuar como tú, poder estar bien como tú… cómodo, indiferente ante mí… relajado, perdido en el olvido. Poder lastimar sin que me importará, poder ilusionar sin que me importará, poder ser tan dócil, tan apático…

Texto: Sofia Salame

Foto: vía Tumblr.

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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