No te enamores de alguien interesante.

Por años mantuve cercanía con las cosas que me rodeaban, por un tiempo muy largo me maravillaba con cada pizca e ingrediente que había que ponerle a la comida, o como decía mi madre: “La mezcla entre uno y otro van a dar lo que se confunde con amor”.

Amor y comida, ¡rayos, pero qué tema!

Muchas veces protagonicé hechos sobre lo que conmunmente entendemos como amor, sobre lo que la pareja moderna de 18, 19, 20 y 21 años padece: agnosticismo.

Y no, no hablo de un agnosticismo religioso sino de uno especialmente espectral e indagante como lo es la reacción química, física y torpe que nos provoca ESA persona. Hago énfasis en ella porque sabemos que por un momento (demasiado largo que no precisa de hora) nos concentramos en solo una persona, probablemente generamos magia en nosotros porque sino fuera así, olvidaríamos respirar y gracias porque tenemos un sistema que lo hace involuntario (a veces, así que no te confíes). La concentración a todos nos viene y nos centra de una forma y por canales distintos, pero cuando la especie más rara de reacciones químicas se atraviesa por tus nervios e inhibe a esos virus rondantes de celulosas infecciosas, bueno, agradéceselo al amor.

Me gusta leer, me gusta centrarme en ti y me gusta crear historias que probablemente nunca se susciten en nuestras vidas, porque el amor no funciona así.

Porque aunque con tus besos pueda parar el tiempo también necesito que siga corriendo porque sino no podría apreciar la lluvia de la misma manera en la que me rindo a tu sonrisa en plena luz del día. Me gusta verte, me gusta saber que estás ahí, no todo el tiempo, pero que eres constante.

He tratado de descifrar toda la metáfora de tu cuerpo y todos los días lucho contra la mierda que la sociedad te ha impuesto, ¡vamos! ¿quién te dijo que por no tener alas no puedes volar?

Ultimadamente la gente se ha inclinado por tirar en indirectas todo el polvo cósmico, las ciencias, la física, la química, la relatividad de Einstein, la historia del tiempo que describe Hawking, y un millón de cosas más que la gente no sabe de ti pero que quiere que le digas y que te vuelvas erudito en ello aunque no lo seas. Pero se ha omitido mencionar que hay demasiados e infinitos temas de los que uno puede hablar, no trates de impresionar a alguien tirando por la fácil “share” de Facebook, por favor, tienes una mente increíble, y mucho más capaz de crear que de destruir. Y por eso me gustas.

Soy un pinche, uno que adora la comida. Soy el anormal que le encanta cocinarse en Domingo por la tarde y hacerse el desayuno todos los Martes. Soy un estupendo grito de locura culinaria, se me ha quemado el chocolate caliente, pero no por fallarle al tiempo sino por ocuparlo cosas más intensas como tus labios. Se me hace de ocasiones, repartir vino en dos copas recién postradas en el centro de la mesa y hacerte de tu conocimiento que aunque la uva no fue cortada del séptimo árbol (porque sé que te encantan esas cosas) fue elegido por el que podría llegar a ser tu persona favorita.

¡Que sí! ¡Que me enervas! ¡Que te quiero! Que aunque tengas el más jodido pensamiento en noches de arreglo emocionales te sigo prefiriendo y mirarte fijamente mientras me gritas y me hablas de la poca atención que te pongo.

Me gusta recordar las cartas que eran tan usuales en años de secundaria, cartas que por cierto tengo aún guardadas, ahí junto a las que recibí de ti, apartadas con una botella de coca cola con mi nombre.

Pero quiero que sepas que te quiero por un tiempo indeterminado, que tus mensajes cortos llenos de lujuría y pensamientos benévolos, me agitan los huesos y me estrujan el cuerpo.

Te quiero como para mirar al techo blanco de mi cuarto mientras me llenas de tu vida, mientras me hablas de algo que seguramente yo desconozco, te quiero como para advertirnos que nos podemos hacer daño. Y que sí, te quiero para todo lo que implica conocerte, conocerme, observar a la naturaleza, disfrutar de los colibríes y pasearnos como pandas en el parque.

¡Que sí! Que amo nuestro sexo y la relación que contenemos cuando nos respiramos al oído.

¡Que sí! ¡Que adoro tu sonrisa! Que me encanta construirtela con comida y todos esos dulces tan extraños que te gustan.

¡Que sí! ¡Que viajaremos! Y pintaremos de colores todo el pueblo, que llevaré la mochila y tú las cantimploras. Y para las noches con billones de estrellas quedaremos sometidos con Frank Sinatra mientras se nos pasan las horas queriéndonos, haciéndonos grandes.

¡Que sí! ¡Que me mueves!

¡Que sí! ¡Que me excitas! Que te quiero tener cada minuto del día, que quiero acariciar el punto más escondido de tus lunares, que te quiero arrojar al suelo, que quiero que tengamos la pelea de almohadas más destructora y excitante que hallamos de tener en nuestras vidas.

Que eres la reacción más exitosa de oxcitocina y serotonina en mi cuerpo que haya tenido en mucho tiempo.

Y,
por favor, deja de pensar que algo como lo que pasa en “The Notebook”, “The Best of Me”, “A Walk To Remember”, “The Longest Ride”, “Dear John”, “The Choice”, “Safe Heaven”, “The Last Song” (que por cierto son del mismo autor) es algo que te pueda pasar a ti, son novelas, son falsas historias que uno persigue incesantemente por querer parte de ello, ¡SAL A LA CALLE! ¡BUSCA TU PROPIA HISTORIA! Y si puedes, ¡ESCRÍBELA!

No te enamores de alguien interesante porque te quiero recordar que puedes vivir las locuras, aromas, vistas, lugares y sentimientos que aún las palabras no pueden describirte y, por tanto, no podrás imaginarte.

Y vamos, sé que esperabas otro final, pero esta es la realidad y realmente te quiero.

Texto por Carlos Villavicencio.

Fotografía por Sofía Bravo.

Autor: Mujereologia

El blog que vino a revolucionar la vida de las mujeres, el guilty pleasure de los hombres.

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